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La forma del agua, fantástico peliculón de Guillermo del Toro

Publicado el 18 febrero 2018 por Carmelo @carmelogt
No se me ocurre mejor definición para La forma del agua que la de "películón". Guillermo del Toro lo borda, y lo aborda con una exactitud y perfección fuera de lo común, y consigue una película redonda. Todo está bien. Nada sobra.

Se reflejan tantos temas, tantas cuestiones, tantas personalidades distintas que se puede decir que "lo toca todo de un modo u otro". Y me refiero a la bondad, la perversión, los seres humanos que son como máquinas de matar y de conspirar, la lucha fría ruso-americana, los primeros envíos al espacio, la religión, los dioses, la amistad y el amor, sobre todo el amor. (Y seguro que me dejo algo).
Quizá el amor aparece cuando alguien te hace sentir distinto y bien en tu propia piel, y eso le ocurre a los dos personajes principales, ese monstruo anfibio y nuestra princesa muda, que en el fondo es un poco como cenicienta, encontrando a un príncipe azul; en este caso, un ser como de otro planeta, aunque supuestamente procede de Sur América.
La amistad también está, como hemos dicho, bien presente. A destacar sobre todo la amistad de nuestra heroína muda con ese señor mayor homosexual que tampoco tiene a nadie más en este mundo, y con su compañera de trabajo, la mujer de color que da una lección de saber estar. Empieza hablando mal de su marido y el espectador comprobará más tarde por qué cuando vea al marido traicionar a su propia mujer con tal de salvar el pescuezo.
La trama ruso-americana está igualmente muy bien lograda. Los espías rusos en Estados Unidos, la carrera aeroespacial, las intrigas y los generales norteamericanos insensibles, egoístas y totalmente inhumanos.
La perversidad viene de la mano del oficial americano encargado de custodiar al "bicho" anfibio que han traído de un río de SurAmérica. Frío, aterrador, despiadado, desde el primer momento sabemos que nos cae mal y que es el malo, y que lo será hasta el final. La escena en la que la chica le dice con los labios -que te den por el culo- es buenísima, porque no sabe lo que le están diciendo, pero lo intuye. Es el momento en que nuestra protagonista se venga de una amenaza anterior y cuando le dice que no sabe nada de la desaparición del ser anfibio, a pesar de que lo sabe todo y lo tiene en su propia casa.
El amor es bellísimo también en La forma del agua. Hombre y mujer al fin y al cabo amándose, conociéndose poco a poco, dejando de lado el miedo y entregándose el uno al otro.
No quiero desvelar mucho más de esta inmensa y como dicen algunos, "monstruosamente perfecta" obra de arte. Está nominada a 13 Oscars, creo, y no me extrañaría que se lleve unos cuantos. Y si no es así, es que algo falla en la industria del cine.

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