La historia la escriben los vencedores, de ahí que, pese a estar basada en hechos empíricos, documentada, no sea considerada ciencia propiamente dicha, sino verdad relativa, media verdad (falta la historia de los perdedores y de los millones que ni ganaron ni perdieron, que permanecieron ajenos a la historia y a su desenlace). El resultado suele ser unas líneas en libros (otros miles de libros) con un relato moldeado a base de millones de caras reflectantes en una piedra minuciosamente tallada.
El futuro también lo escriben los vencedores. La banca siempre gana y empieza a escribir. Además, se reserva para sí la exclusiva. El FMI lleva tiempo aplicándose en medias verdades. Pocas cosas hay en este mundo que puedan despertar tanto el sentido de la interpretación como un balance y unas buenas gráficas de colores. Bien, pues el FMI ya ha escrito en ese libro negro de la economía española.
Ahora, abran sus apuestas y háganlo contra España. Las cartas están boca arriba, es la crónica de una recesión anunciada y va a ser difícil, por no decir imposible, resistirse a la tentación y no bajar la nota, apostar a que los tipos de interés deberán encaramarse hasta el quinto piso para colocar toda la deuda necesaria en el mercado. Y luego volverse a apretar el cinturón para hacer frente al pago de esos intereses a los especuladores. La historia está escrita. Sólo hay un elemento distorsionador: el libre albedrío, un loco errante, impredecible e improvisador de millones de historias no oficiales todavía por escribir.