Revista Ciencia

La información sobre meteoritos está en manos de militares, no de científicos.

Publicado el 18 febrero 2013 por Rafael García Del Valle @erraticario

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Desde hace algunos años, los datos de los satélites que persiguen Objetos Cercanos a la Tierra, o NEO (Near Earth Objects), han estado sometidos al filtro de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, de manera que la comunidad científica no dispone de primera mano de la información sobre aquellos asteroides que pueden representar un peligro para el común.

Aunque al común no le importan tales cosas hasta que algo como lo de Rusia sale por la tele –demasiado tarde, chavales— y ni aún así, puesto que basta una frase chorra del tipo “esto pasa cada cien años”–hasta el día anterior, tal frase era tachada como propia de catastrofistas y científicos sin credibilidad como Victor Clube, y el margen ofrecido por los tipos serios que saben de qué va la cosa, “chaval”, era de decenas de miles de años— para calmar conciencias, sí que hay científicos que se han pasado estos años reclamando el acceso libre a los sistemas relacionados con los NEO.

En 2009 Estados Unidos declaró como sujeta a secreto militar la información sobre meteoros extraída de los satélites destinados a tal efecto:

A recent U.S. military policy decision now explicitly states that observations by hush-hush government spacecraft of incoming bolides and fireballs are classified secret and are not to be released, SPACE.com has learned.

(Fuente: Space.com)

En un informe del National Research Council publicado en 2010, “Denfending Planet Earth: Near-Earth Object Surveys and Hazard Mitigation Strategies“, un comité de expertos daba parte de la detección, por parte de los satélites del Departamento de Defensa de Estados Unidos, de la continua entrada de material espacial en las capas altas de la atmósfera, y recomendaba que tal información fuese compartida con la comunidad científica para permitir la investigación relacionada con los NEO en tanto que amenaza real.

En un artículo de Leonard David –quien lleva años denunciando la situación— para Space.com, Clark Chapman, del Southwest Research Institute en Boulder, Colorado, dice que:

Los satélites que monitorean los cielos en busca de lanzamientos de misiles también detectan la entrada de meteoritos, incluyendo sucesos mucho menores que el bólido de Chelyabinsk.

[...]

En el pasado, estos datos han sido parcialmente inaccesibles a la comunidad científica. Deberían ser liberados inmediatamente, entretanto que científicos, encargados de la gestión de emergencias y otros se esfuerzan por comprender lo que ha ocurrido, dónde podría haber habido gente herida y donde se podrían encontrar meteoritos valiosos.

save yourselfExiste por tanto, toda una red global de monitoreo que incluye la detección de seísmos, erupciones volcánicas y demás alteraciones de la corteza terrestre –la explosión del meteorito de Rusia fue detectada por la red sismográfica de los Urales—, cuyos datos están vetados porque prima el carácter militar de la información.

Siguiendo los testimonios ofrecidos por David en el artículo citado, según la AAAS (American Association for the Advancement of Science), hay  337 instalaciones repartidas por el planeta que mandan 10 gigabytes de información diaria a tiempo real. De todo ello, los científicos apenas acceden a una ínfima parte, pues el monitoreo se centra en la detección de pruebas nucleares de un “delicado” valor militar.

Así, con respecto al evento de Rusia, Miaki Ishii, de la Universidad de Harvard, dice que hay datos cuyo análisis sería muy interesante de cara a comprender estos fenómenos, pero tales datos están clasificados.

Esta información podría, según Raymond Jeanloz, de la Universidad de Berkeley, enseñar a los científicos cómo identificar los lugares y tiempos de impacto de futuros meteoritos que entren en la atmósfera, proporcionando así un margen vital para proceder a la evacuación de las zonas en peligro.

El de Rusia no es el primero, y seguramente no será el último. En un artículo publicado en 2003 en la revista New Scientist, Stuart Clark escribía sobre la entrada en el Sistema Solar de una gran cantidad de material cósmico que continuaría durante diez años, hasta 2013, a modo de una gran tormenta de arena interplanetaria:

The Sun’s shifting magnetic field is set to focus a decade-long storm of galactic dust grains towards the inner Solar System, including Earth.

The effect this will have on our planet – if any – is unknown. But some researchers have speculated that sustained periods of cosmic dust bombardment might be related to ice ages and even mass extinctions.

During the last decade, the magnetic field of the Sun acted like a shield, deflecting the electrically charged galactic dust away from the Solar System.

Clark citaba los datos recogidos por la misión Ulysess de ESA y NASA y publicados ese año por científicos del Instituto Max Plack dirigidos por Markus Landgraf, quien afirmaba que el polvo cósmico era tres veces más abundante entonces que en la década anterior. He intentado buscar datos más actualizados, pero mi torpeza ha sido superior al empeño.

Dicho todo lo cual, y puesto que durante el año pasado este blog publicó todo lo que tenía que publicar sobre el asunto, y puesto que en los últimos días los medios serios se han llenado de información al respecto y puesto que ya, por tanto, el asunto no está considerado tan conspiranoico, paranoico y catastrofistoico como para superar las exigencias de calidad de esta web, nos dedicaremos a otros asuntos que a pocos importan hasta que también sean absorbidos por el circo divulgativo de la gente seria.

Y recordemos que, según dicen los que todavía no son considerados serios y académicamente confiables, el problema no es que un meteorito como el de Rusia reviente en plan bestia. El problema es, como siempre, lo que no se ve y por tanto altívamente se ignora: la acumulación de material que desde hace años está, dicen, cambiando las condiciones climáticas en la Tierra.

Los artículos, para quien se pase por aquí, estarán archivados en un dossier especial, para darle más caché al asunto. Así, para el próximo meteorito que salga por la tele, no será necesario otro artículo como este.

O sí… ya veremos.

En fin, supongo que me tendré que buscar otra excusa para poner uno de mis vídeos favoritos…
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