Revista Psicología

La intensidad ambigua de mirar a alguien a los ojos

Por Yanquiel Barrios @her_barrios

La intensidad ambigua de mirar a alguien a los ojos

Social

No ha sido fácil, pero desde hace algún tiempo atrás, estoy aprendiendo a comunicarme con la mirada y a saber interpretarla. Puede parecer algo trivial, pero no lo es.

La cuestión surgió cuando me di cuenta que, transitando por espacios públicos usando barbijo (nueva normalidad mediante), al encontrarme con alguna persona conocida, no podía distinguir si la misma se alegraba de verme, por ejemplo. Y viceversa. Muchas veces me pasó de esbozar una sonrisa al reconocer a alguien a la distancia, pero la devolución fue solo un par de ojos mirándome sin mayor emoción. ¿Acaso la pandemia había cercenado nuestro afecto? No, para nada. Es que las sonrisas y demás gestos faciales ahora están velados por la bendita mascarilla cuyo uso se ha vuelto mayormente obligatorio.

Las miradas forman parte de la comunicación no verbal. ​"Es imposible no comunicarse"​, dice el Primer Axioma de la Comunicación de ​Watzlawick. Incluso permaneciendo en silencio se está transmitiendo un mensaje, pues así como ​no existe la forma contraria al comportamiento (un "no comportamiento"), tampoco existe la "no comunicación". ¡Y vaya si transmiten mensajes las miradas!.

"Todavía creo que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas. Las palabras, consciente o inconscientemente, a menudo mienten, pero los ojos nunca dejan de ser veraces", ​escribió Mario Benedetti y no pudo haberlo expresado de una manera mejor. Un encuentro casual con alguien en la calle puede ser un hecho trivial del que pronto perdemos registro, pero la intensidad de un intercambio de miradas -por más breve que haya sido- nos puede acompañar por mucho tiempo.

En 2006 John Koenig, mientras escribía poemas, se dio cuenta que faltaban palabras para describir ciertos sentimientos no contemplados aún lingüísticamente. Así comenzó a darle forma a su ​ Dictionary of Obscure Sorrows, ​una obra que aún está en proceso y con la que pretende darle nombre a esas emociones que sabemos que están allí, pero aún no han tomado cuerpo verbalmente. Y una de ellas es Opia: ​"la intensidad ambigua de mirar a alguien a los ojos"​. Una suerte de indagación más allá de la fachada, lo cual puede a su vez producir un efecto de sensación de vulnerabilidad, de sentirnos 'espiados'. Es que las miradas también nos delatan: si estamos cansados, tristes, asustados o por el contrario, si nos sentimos alegres, enamorados, sorprendidos o con desconfianza, todo estará expresado allí, en nuestras miradas.

Volviendo a Benedetti y su poesía, también escribió: ​"No sé ni tu nombre, solo sé la mirada con que me lo dices". ​Podemos ir por la calle, estar haciendo fila en el banco, ir en algún transporte o estar comprando en el supermercado y repentinamente, incluso sin darnos cuenta, intercambiamos miradas con alguien. Y también sucede que muchas veces incluso llegamos a interpretar el mensaje: un pedido de ayuda, una alegría que desea ser compartida, una frustración que busca comprensión. No hay palabras, no hay voces audibles, pero hay un mensaje que nos llega. Igualmente suele suceder que, como receptores, no reaccionamos en función del mismo. Y no es que seamos hoscos o indiferentes: pensemos que, si en la comunicación verbal ya tenemos dificultades con lo que decimos (mensaje) y lo que realmente estamos diciendo (meta-mensaje), mucho más donde prevalece lo analógico.

Por otra parte, es interesante e igualmente útil descubrir lo que hay detrás de una mirada. La Lic. Arantxa Alvaro Fariñas dice: ​"...dependiendo del tipo de movimiento de los ojos, las personas pueden estar utilizando diferentes partes del cerebro y diferentes sentidos, por lo que se habla de cuatro sistemas distintos de procesamiento."

Visual: Por lo general, cuando una persona mira a la parte superior derecha está construyendo una imagen. En cambio, si mira a la parte superior izquierda, está recordando una imagen. Auditivo: Una persona que recuerda sonidos mira hacia la izquierda y si los construye hacia la derecha. En muchas ocasiones, este movimiento de los ojos va acompañado de una inclinación de la cabeza.

Cinestésico : Si una persona mira a la parte inferior derecha significa que está teniendo acceso a sus sentimientos, por ejemplo, cuando estamos tristes tendemos a bajar la mirada. Auditivo-digital: En este sentido, si dirigimos la mirada a la parte inferior izquierda, estamos hablando de nosotros mismos.

"...Pero no todas las personas funcionan de esa forma, e incluso a veces se combinan sistemas de procesamiento diferentes, por lo que tenemos que tener cuidado cuando generalizamos."

Pero sin ánimo de adentrarnos en ámbitos tales como la Programación Neurolingüística, en tiempos de pandemia se nos está volviendo imprescindible poder rescatar el valor de las miradas, saber interpretarlas, tender puentes silenciosos, más aún cuando, al salir a la calle, todos parecemos bandoleros sacados de una película del antiguo oeste americano.

La mirada puede expresar el amor que las palabras callan, el perdón que el corazón necesita y contemplar más allá de lo externo. E igualmente puede rechazar, condenar o ser indiferente. Como dice Pablo O. Santamarina: "M​irar el alma de una persona es mucho más que una cuestión de respeto, es una intromisión a su intimidad, es despojarla de todo lo que se ve a primera vista y leer en su esencia, pero, claro que esto tiene consecuencias porque ¿cómo puede uno mantenerse indiferente ante un alma llena de dolor, o cómo manejarse indolente ante una llena de odio, o envidia o amor?"

En tiempos de incertidumbre, de individualismo y de tiempo que no alcanza, donde la sonrisa está oculta y los abrazos y besos han quedado suspendidos, se vuelve imprescindible aprender a mirar-nos.


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