No hay que sorprenderse que ese sitio sea señalado de un modo tan particular con las verticales y horizontales . Puede leerse también que “ Filón de Alejandría, el filósofo judío, pensaba entonces que el tabernáculo era una imagen del mundo, pero también del hombre y la condición humana. El cruce de verticales y horizontales en la construcción de ese templo miniatura, el Santo de los Santos, como en el ser humano, simboliza la ubicación del hombre entre las pulsiones de sus sentidos hacia el mundo exterior ( horizontal) y el llamado hacia la concentración interior y contemplativa ( vertical)”
¿La francmasonería no está dedicada a construir el templo interior? Si el significado para nuestra orden es similar, entonces la lámpara roja sobre el altar del Venerable indica sin duda alguna la presencia permanente del Ser Supremo al que denominamos Gran Arquitecto del Universo y que es Dios. Las búsquedas acerca de la vela roja en los libros consagrados a la francmasonería y otras obras y documentos no arrojan nada! Para mi sorpresa, nada o casi nada acerca del asunto hacen creer que no merece considerarse. Así que esperaba encontrar en “ La symbolique maçonnique” de Jules Boucher alguna información, siendo que en su obra había innumerables detalles descritos con precisión. Y aún cuando no parece que fue un adepto al rito francés, podemos obtener alguna cosa de la descripción de las luminarias. Para él, el templo debe ser simbólicamente esclarecido por candelas, y en función del grado que se abre, deben ser encendidas un cierto número: 3 en el grado de aprendiz, 5 en grado de compañero y 7 en el de Maestro. En el grado de aprendiz, el Venerable y los dos Vigilantes deben tener un candelabro en su mesa. A la apertura de los trabajos, solo la vela del Venerable esta encendida. Durante la apertura él “ da la luz” a los dos Vigilantes y a continuación los tres van a encender las velas colocadas en los pilares que les son atribuidos. Ya puede constatarse que hay una diferencia entre lo que describe Boucher y nuestro Rito Francés en el que se menciona : “ El Venerable enciende con el botafuego a la pequeña vela, después el candelabro de tres ramas en el siguiente orden: sol a izquierda, luna a derecha, Maestro de la logia al centro” .Hecho eso, el Primer Maestro de Ceremonias recibe el botafuego encendida de manos del Venerable y va a encender sucesivamente: la vela del Sud oeste, la del Nord Este y la del Sud Este, después de la del primer Vigilante y por fin la del Segundo Vigilante antes de apagar la mecha y volver a su sitio”. Hay similitudes ciertas, especialmente en el hecho de “ dar la luz”, pero la llama inicial es diferente. En el Rito Francés, la lamparilla roja tiene un sitio determinante porque está en el origen de toda la iluminación y comprende al candelabro de tres ramas del Venerable. Mas adelante en su explicación, Jules Boucher dice: “ la llama de la vela es viviente y ritual, en tanto que la luz producida por el gas o la electricidad tiene algo de artificial que perciben claramente aquellos que en sentido mágico no están completamente obnubilados”.¿Cuantas veces nos hemos quedado como perdidos fijados en la llama que parece bailar a veces lánguidamente a veces frenéticamente, como si fuera un ser viviente que en su aparente debilidad ocultara una fuerza renovada?
Jules Boucher precisa aún que “ La liturgia católica proscribe el alumbrado moderno, y que ni el gas ni la electricidad pueden reemplazar al aceite de la lámpara del Santo Sacramento ni las velas litúrgicas. Las lámparas pueden ser usadas en lugar de las velas a condición de usar aceite de oliva como combustible para la lámpara que debe arder día y noche sin interrupción ante el tabernáculo. La oliva tiene significado simbólico: la Paz, la Caridad, la Abundancia y la Fecundidad. Pero nuestra preferencia se vuelve hacia la vela cuya flama es clara y mas bella que la de una lámpara y además mucho mas cómoda para usar”.
Y continúa con la cuestión del apagado de las luces: “… conviene no soplar nunca la llama; debe aplastarse con el mallete. Estas prescripciones pueden parecer extrañas , pero no son más que un eco del culto del fuego entre los persas. No hay nada de precioso ni de sagrado entre los persas, según Mandelso, que el fuego, que conservan celosamente; porque no hay nada según dicen, que represente tan bien a la divinidad que el fuego; y por eso ellos jamás soplaran una vela ni una lámpara y no trataran jamás de emplear agua para extinguirlo aún cuando la casa entera corra riesgo de consumirse, pero sí intentaran apagarlo con tierra”.
El “ dictionnaire des simboles” de Jean Chevalier y Alain Gherrbrant, no aporta mas información al asunto de la lámpara roja, pero si un párrafo muy interesante sobre el color rojo, que da para reflexionar: “ El rojo es universalmente considerado como símbolo fundamental del principio de la vida, con su fuerza, su potencia y su brillos, el rojo, color del fuego y de la sangre, posee la misma ambivalencia simbólica que estos últimos, visualmente parlantes, de claro a oscuro. El rojo claro, brillante, centrífugo, es diurno, masculino, tónico, que incita a la acción, proyectando su brillo como un sol sobre todas las cosas con una inmensa e irreductible potencia. El rojo oscuro, por el contrario, es nocturno, femenino, secreto y en el límite, centrípeto; representa no la expresión, sino el misterio de la vida”.
Sin reproducir la totalidad de la explicación del autor, respecto a la lampara roja, parece que sea el rojo más oscuro el que le corresponda mejor y su asociación con el misterio de la vida. Prosigamos con el mismo “Dictionnaire des Symbols” por la definición de la lámpara. Una vela pequeña, ¿no es acaso una pequeña lámpara?. En la explicación que se ofrece hay una que atrajo mi atención: “ La lámpara es de uso ritual frecuente: en occidente, como signo de la presencia real de Dios”.
Llegado a este punto de mi búsqueda, no creo que sea de interés recopilar todo o parte del trabajo de autores que me permitieron hallar un cierto número de respuestas concernientes a la presencia y el significado de esta pequeña lampara roja sobre el altar del venerable. ¿Desde cuando soy masón?. Desde que recibí la luz. ¿Porqué me hice recibir masón?. Porque estaba en tinieblas y deseaba ver la luz. ¿Qué es lo que ví cuando se me dio la luz?. Ví al Sol, la Luna y al Maestro de la Logia. Como el sol preside el día y la luna la noche, el Maestro preside en la logia para esclarecerla. El templo en el cual nos reunimos es un lugar sagrado. No se trata ya más de una simple construcción de piedra, restaurada y mantenida con amor y devoción. Pero es más que eso, el Gran Arquitecto del Universo tiene su mansión allí y esta pequeña lámpara roja sobre el altar del Venerable lo atestigua. Cada vez que ingreso al templo, una de las tareas que me esfuerzo en completar con prioridad es de encender esa pequeña lámpara roja y al hacerlo tengo la impresión de llenar un vacío. En tanto que masón, nos esforzamos por construir nuestro templo interior. En tanto que masón hemos recibido la luz y gracias a nuestros trabajos tomamos consciencia poco a poco de los símbolos que nos rodean a fin de amueblar poco a poco ese templo interior. Pero quede vacío o ricamente decorado, una pequeña vela roja brillará siempre en ese templo interior. Y si como yo creo, esta pequeña lámpara roja es el gran Arquitecto del universo, estoy tentado de pensar que ella brilla en nosotros desde hace mucho, antes de encontrarnos en el pórtico, puede que desde nuestro primer día, puede que desde el primer día del hombre. Somos libres de alimentarla con el mejor aceite a fin de que no se apague jamás y que testimonie a los ojos del mundo que estamos vivos en la fuerza de Dios, que existimos y que todo es posible. Y quiero terminar son una frase tomada del “Dictionnaire de la franc-maçonnerie “ de Daniel Ligou que me parece resume muy bie todo este asunto: “la llama esclarece, es frágil y viviente, evoca el fuego purificador y protector y todavía es el símbolo del poder del hombre que ha dominado a las fuerzas naturales; y en fin o por lo menos sobretodo, es la imagen de la vida interior que hace de cada hombre el santuario de Dios o del universo”.
Traducción de Saúl Apolinaire