Reforma laboral a la que ahora parece que le "descubrieron" con fingida sorpresa un artículo introducido en el debate en el Congreso entre gallos y medianoche, de resultas del cual a los trabajadores que padezcan una enfermedad o accidente (vinculado o no con sus tareas) se les dejarán de pagar sus salarios íntegros.
Porque hay que ser claros en éste punto: aunque la Cámara de Diputados se tomara el trabajo de eliminar la norma controvertida del texto que va a votar, y el proyecto vuelva al Senado para que allí decidan si aceptan el cambio o no, y aun lo aceptaran, la ley de reforma laboral seguiría siendo una perfecta y completa mierda esclavista, flexibilizadora y perjudicial para los derechos e intereses de los trabajadores (registrados o no, actuales o futuros), por donde se la mire.
El menú completo que se despliega cada vez que el Congreso va a votar una ley impresentable, que atiende a intereses privilegiados, minoritarios y bien concretos, que se cuidan bien de aparecer en público confesando la autoría del esperpento de ocasión. Una dinámica a la que la actual reforma laboral no es ajena.
Y una muestra de que la degradación de nuestra democracia (que a 50 años del último golpe ha llegado a su punto más bajo de descomposición) no solo radica en la política, que ciertamente carga con buena parte de responsabilidad al respecto. De hecho, la parte mayor en ello la tienen los que nunca son votados ni se remiten al juicio de la ciudadanía (que también aporta lo suyo votando cualquier cosa sin siquiera arrepentirse a veces), pero terminan ganando con (casi) todos los gobiernos; y reclamando también -en todos los gobiernos, pero sobre todo en los que afectan sus intereses- mayor calidad institucional.
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