“Por tanto, si tu ojo derecho te escandaliza,
arráncatelo y arrójalo lejos de ti.”
San Mateo 5:29
Buenos días, mi bonita piedra preciosa.
Ya despiertas, y estás tan guapo en esos segundos en los que no sabes si es de día o de noche, con tus enormes ojos aún adormecidos, ni dónde estás ni quien eres…, tranquilo, tranquilo, solo ha sido el flash de la cámara, quería inmortalizar este momento, para recordarlo siempre. Mira, ¿te gusta?, es un medallón, sí, uno de esos que se cuelga del cuello, y se abre aquí, en esta pestañita secreta, ¿ves?, y dentro tiene dos compartimentos, en uno pondré tu foto, y en el otro… luego te cuento. Fuera tengo que engarzar una joya, pero aún no he decidido cual, quiero que me ayudes a escogerla. Tengo aquí una colección enorme, te las voy enseñando y me dices si te gusta o no para mí, para ti, para nosotros. No pasa nada, no te asustes, es la droga, por eso no puedes hablar. Lo de moverte es culpa de las bridas, entiéndeme, pensé que igual mi idea te resultaba algo loca y decidías irte, así que te he atado a la cama, es solo por seguridad. Pero no pongas esa cara, que te pones muy feo cuando te enfadas, amor. Dime, ¿estás cómodo?, un segundito, te coloco otro cojín para que no fuerces tanto el cuello, así, bien mullidito, mucho mejor, ¿verdad?, es que quiero contarte todo desde el principio, y no me gustaría que una mala postura te despistase de la historia…
Estabas tan guapo aquella tarde, con tu pantalón beige y aquel polo de rayas horizontales en tonos tierra…, sí, ya sé que esos detalles no importan, pero siempre he tenido memoria fotográfica, gracias a Dios, o desgraciadamente, quien sabe. Yo intenté ignorarte una y mil veces, pero era como nadar contra corriente y al final, acabé estrellándome contra mi propio muro, perdiéndome en tus profundos ojos, y desnudándome para ti en aquel motel de mala muerte al que me llevaste. De vuelta a casa me comía por dentro la conciencia, todos mis principios y normas establecidos después de toda una vida de chica bien, que había hecho una bola y lanzado a la basura, y la maldita culpa. Me metí en la cama junto a él, con cuidado de no despertar a los niños, y me juré olvidar aquella noche. Qué tonta. Cuanto más negaba lo ocurrido, más volvía a mi memoria, y tú aparecías en cada esquina, y yo, no hacía más que tropezarme una vez y otra y otra y mil más con la misma piedra. Pero todo eso ya lo sabes. Y lo del divorcio. Y lo de la pérdida de la custodia de mis hijos. Y lo de abandonar mi vida entera. Y lo de empezar de cero a tu lado. Y lo de que mi fortuna es también tuya. Y lo de que haría lo que fuese por ti. Y lo de tus mentiras, y tu doble vida, y tu aventura, y tu desfachatez, y… ¡ay!, eso no lo sabes, o bueno, sí que lo sabes, claro, qué cabecita loca la mía, lo que no sabes es que yo también lo sé…
Sssshhhhhhhh, no intentes gritar, es ridículo, ya te dije antes que la droga no te dejaría, y además sabes perfectamente que no hay nadie en kilómetros a la redonda. Fuiste tú quien decidiste construir esta casa inmensa y solitaria rodeada de montañas. Así que mejor relájate. ¿Ya te he dicho lo que me gustó siempre que me mirases con esos preciosos ojos color esmeralda?, fíjate, ya no tenemos que elegir joya, engarzaré una esmeralda, cómo no se me ocurriría antes, una inmensa y muy brillante, como mi amor por ti, ¿te parece bien? Estupendo, decidido entonces. Un problemilla menos…
Me puse muy triste cuando me enteré de tu historia con esa rubia. En realidad triste no es la palabra, ya puedes imaginar, estuve a punto de llamar a los abogados y pedirles que preparasen rápido todos los documentos legales y te echasen a patadas. Te pido perdón por haberte odiado un poquito aquellos días, pero lo que hiciste no estuvo del todo bien. Luego llegaste a casa con flores, últimamente me regalabas muchas, qué cosas, ¿no?, y volví a derretirme de nuevo por ti. Así que decidí continuar como si nada y pensar alguna fórmula mágica para tenerte a mi lado para siempre. Y es que no puedo vivir sin ti, o bueno, como dice aquella peli que vimos una vez, sí que puedo, pero no quiero. Por la rubia no te preocupes, llevo mucho tiempo planeando todo, aunque esa reserva de avión para dos que encontré por casualidad mientras registraba metódicamente tu PC como cada día, me ha hecho precipitar el final. No, ella tampoco tomará el vuelo a París. Aunque eso solo lo sabemos tú y yo… ella ni se enteró. Soy buena disparando, me he entrenado mucho. ¡¡¡Pero no me mires así!!!, al final, me vas a hacer sentir culpable, y no, no, no, eso sí que no…
No nos queda mucho tiempo y aún tengo que hacer la parte más importante, cariño, luego, todo será muy rápido, y te juro que al final ya no te dolerá, igual ahora un poquito sí, intentaré hacerlo con cuidado, porque necesito tu ojo para el hueco vacío del medallón, no te lo había dicho antes porque quería que entendieses primero lo importante que es para mí conservar tu mirada, a ver, no te muevas mucho, he pasado muchas horas practicando con cabezas de cordero mientras tú hacías todas esas cosas que no quiero nombrar y que nos han llevado a esta situación, y soy toda una experta… quieto, a ver, quieto, quieto, no te muevas, no te muevas, a ver, quieto… ya está, maravilloso. ¿Has visto?, al final, he logrado que una vulgar piedra del camino como tú se convierta en la joya más bella del mundo.
Ahora respira, será solo un disparo…
Hasta nunca, mi bonita piedra preciosa.
Ya no tropiezo más.
Visita el perfil de @GraceKlimt