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La Montaña entre Nosotros – Nieve muy blanca y muy fría

Publicado el 13 octubre 2017 por Maresssss @cineyear

La montaña entre nosotros es correcta. Correctísima, de hecho. ¿ Kate Winslet e Idris Elba? Fantásticos, como no puede ser de otra manera. ¿La fotografía? Preciosa. Perfecta, diría. ¿El guión, basado en el best-seller de Charles Martin? Bien. Correcto. Una historia de corte clásico, tan compacta como un puzle de algún cuadro famoso. Encaja bien, sí.

Todo está bien.

Todo es lo que tiene que ser. No especialmente previsible, no especialmente aburrida, ninguna carencia acentuada, ninguna virtud acentuada. La imagen es pulcra, las interpretaciones no desvarían, aún cuando existe esa plasticidad de la perfección con la que cinematográficamente encaja todo. Tienen ese punto de relación forzada, de diálogo perfecto recién salido de la mano del escritor de academia. Pero no hay una verdadera naturalidad -llamémoslo así-, aún cuando funcionan muy bien por ser tremendos actores. No conmueve.

Montaña entre Nosotros Nieve blanca fría
La Montaña entre Nosotros – Nieve muy blanca y muy fría

Las situaciones que implican vértigo sí puede que logren el pinchazo en el estómago, pero no deposito demasiada esperanza en que el espectador medio se sienta vapuleado, entristecido, emocionado con cada salto de la historia. La montaña entre nosotros es un producto redondo y bien ejecutado que pasa a la estantería de los productos buenos y bien ejecutados.

Desde luego, nada mejor que un perro muy bien entrenado para acentuar la mecanicidad de un cine del que no se puede decir que esté mal hecho -nada más lejos- pero que deja ver el truco. Se ven las bambalinas. Se nota el celuloide. Y eso no tiene por qué ser malo, pero lo es cuando no existe alma que lo supla. Que oye, el perro lo hace bien. Pero es reflejo de lo que pasa con la película entera: por bien que lo haga, no va más allá.

Montaña entre Nosotros Nieve blanca fría
La Montaña entre Nosotros – Nieve muy blanca y muy fría

Pareciera que a Hany Abu-Assad, su director palestino, le hubiese acongojado el salto a trabajar con semejante reparto norteamericano-aún cuando ya había trabajado en The Courier- y, ante el mastodonte, ha decidido ir a lo seguro. Tan seguro y tan ortodoxo, que la corrección se nos hace gris. En cualquier caso, no puede culparle nadie. Si esta película supone una demostración de la capacidad de hacer cine redondo y sin fallos o una muestra de carencias creativas dependerá de sus próximos contratistas, tal vez. Pero para eso está la filmografía.

La montaña entre nosotros es como la nieve. Blanca y fría. Evidente y correcta. Y a veces uno necesita ver películas evidentes y correctas. De hecho, ¡qué narices! ¡la peli es mejor aún!

La montaña entre nosotros es nieve muy blanca y muy fría.


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