Los hechos son terribles: una chica de veintitrés años, llamada Juliana Gutiérrez, ha caído desde el quinto piso de un edificio del barrio de la Recoleta (Buenos Aires) y se encuentra en un hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte. Pero son los detalles los que enturbian pronto la historia: la chica estaba drogada; la chica estaba desnuda; la chica estaba en el apartamento del empresario Santiago Sánchez Pardo; la chica trabajaba como escort (acompañante vip con derecho a prestaciones sexuales). De inmediato, surgen las dudas y las hipótesis: ¿se trata de un accidente, de un suicidio o de un asesinato? Añadamos más condimentos al plato principal: Juliana compartía padre con Verónica Balda, famosa periodista radiofónica, quien pronto comienza a interesarse por el caso, sobre todo porque los rumores crecen y se enredan de una forma imparable. Se habla de prostitución de lujo, se habla de empresarios que controlan el poder de forma secreta, se habla de intervención de los servicios secretos argentinos. Añadamos un segundo plato al menú: Juliana tenía grabaciones de audio, documentos fotografiados y todo tipo de pruebas que incriminaban a su sugar daddy (Santiago Sánchez) en tramas tan oscuras como inquietantes; y quería que esas pruebas llegaran a las manos de Verónica, para que las utilizase como base de una investigación y de un proceso legal.
Esos mimbres argumentales, que podría haber servido para construir una novela sencilla, rectilínea y comercial, sirven a Claudia Piñeiro para conformar un relato poliédrico, donde varios personajes se erigen sucesiva y complementariamente en narradores: Leticia Zambrano (quien trabaja con Verónica y compartió con ella el premio Rey de España de periodismo), Pablo Ferrer (pareja de Verónica) y, por supuesto, las revelaciones parciales, pero muy significativas, de Juliana, Santiago o la propia Verónica. A ese mosaico laberíntico es invitada a sumarse la persona que está leyendo, quien tendrá que unir las piezas y restablecer, en la medida de lo posible, lo que realmente ocurrió en este “entramado de sexo, poder, política y servicios secretos” que se parece, triste y certeramente, al mundo en que vivimos. La propia narradora bonaerense lo dice: “Estamos parados sobre el juego de la oca más siniestro, dando pasos hacia atrás. Es evidente que una ola ultraconservadora se esparce por el mundo entero, no sólo por nuestro país. Lo que parecía superado, regresa. Los consensos se rompen, los derechos que parecían adquiridos para siempre se ponen en cuestión y peligran. Lo que se callaba porque era vergonzante, ahora se grita a los cuatro vientos. Muy triste”. ¿Les suena ese análisis? ¿Están conformes con él? Frente a los novelistas que se atascan en una visión férrea o que nos invitan a aceptarla sin más vacilaciones, Piñeiro nos propone la duda (“La verdad no es lo que cuenta Pablo. La verdad no es lo que cuenta Zambrano. Tampoco es lo que cuento yo”). La realidad es un territorio cenagoso, donde el poder, los traumas familiares, el dinero, la prostitución, la libertad, la mentira y el crimen campean, y donde no cabe asumir posturas ingenuas o unilaterales: con esa zozobra, casi cuántica, debemos afrontar la lectura.