Alice McDermott (Brooklyn, Nueva York, 1953) es, con justicia, una de las autoras más importantes de su generación, y no solo por la retahíla de premios y nominaciones que colecciona (mención para el National Book Award 1998 por Un hombre con encanto). Pertenece al linaje de los narradores de lo cotidiano, los que prestan atención a los problemas de la gente corriente, como sus compatriotas Elizabeth Strout y Anne Tyler. Tal como demostró en su anterior novela, Alguien (2013; Libros del Asteroide, 2015), no necesita construir una trama llena de enredos para hacer literatura; a ella le basta con lo común, las experiencias sencillas del día a día. En su título más reciente, La novena hora (2017; Libros del Asteroide, 2018), que ha recibido el Prix Femina Étranger 2018 en Francia, lo vuelve a poner de manifiesto con una historia ambientada en el Brooklyn de la primera mitad del siglo XX, tierra de inmigrantes, escasez y catolicismo.
Alice McDermott
Hacia el final, se hace esta reflexión: «Nos asombró pensar en lo mucho que pasaba silenciado en aquella época, lo mucho que, según consideraban, estaba en juego» (p. 289). En cierto modo, La novena horapuede leerse como una indagación en el ámbito privado que ha permanecido oculto, invisible, porque se consideraba poco jugoso, porque la literatura parecía destinada a narrar hazañas y pasiones desbordantes, no el cuidado a los desvalidos. Muchas obras exploran el sufrimiento por la guerra o el amor; esta, sin embargo, muestra el dolor por circunstancias ordinarias, la senectud, los trastornos, las penurias. Paradójicamente, se ha escrito menos acerca de lo básico que de lo excepcional; por fortuna, autoras como Alice McDermott enriquecen el canon de la mejor manera posible: con elegancia, pulcritud y una perspicacia psicológica extraordinaria.