La nueva agricultura será limpia

Por Karlosv9

La agricultura intensiva emite cada año entre 10 y 12 giga-toneladas equivalentes de CO2, es decir,  el 24% del total de emisiones de gas de efecto invernadero mundiales. Junto a la energía, la industria y el transporte, la agricultura industrial es responsable directa de las emisiones contaminantes derivadas de  la actividad humana.

Basándose en los datos publicados en 2014 por el GIEC (Panel de Expertos en Cambio Climático), la administración francesa analizó el papel de la agricultura en la generación de emisiones contaminantes al mismo tiempo que elaboró una serie de recomendaciones para cambiar el modelo agrícola y adaptarlo a la lucha contra el cambio climático.

Con una población mundial que no cesa de aumentar, la agricultura debe adaptarse a las urgencias medioambientales sin reducir su producción. La solución pasa por adaptar un modelo que respete el medio ambiente al mismo tiempo que asegure la alimentación de los ciudadanos. La nueva agricultura, la agro ecología,  debe combinar su capacidad económica con su capacidad medioambiental y social. En Francia, la actividad agrícola emite cada año 100 millones de toneladas de equivalente de CO2. Si se sustituyeran las energías fósiles utilizadas por energías renovables y los productos normalmente utilizados por otros ecológicos, se lograría evitar la emisión de 80 millones de toneladas de CO2  la atmósfera.

En Francia, la agricultura, la silvicultura y la pesca emiten un 20% de gas de efecto invernadero incluyendo el consumo de energías fósiles. Por otro lado, la urbanización de la superficie ha propiciado que, en treinta años, el país vecino perdiera 2 millones de hectáreas. El fenómeno de urbanización supone una grave amenaza medioambiental ya que ese terreno que se construye  deja de secuestrar CO2 además de restar superficie para la agricultura. Cada año desaparecen 70.000 hectáreas incluyendo, especialmente, grandes extensiones de prados.

La administración francesa pretende iniciar una serie de reformas para adecuar la actividad agrícola al actual escenario y a las amenazas que cada día se sienten más cercanas. Según los expertos se debe lograr una gestión más dinámica de la silvicultura y de la explotación de los bosques, se debe llevar a cabo una reforestación de 50.000 hectáreas anuales para aumentar la capacidad de almacenamiento de CO2 de los árboles y se debe luchar contra el desperdicio de alimentos en toda la cadena alimentaria (una reducción de un 20% de los desperdicios alimentarios supondría evitar la emisión de 10millones de toneladas anuales  de CO2 a la atmósfera).

Todas las medidas que se tomen tienen como objetivo lograr implantar una agricultura “climático-inteligente” que sea capaz de conciliar las necesarias adecuaciones ante el cambio climático, mantener una producción agrícola intensiva y los requisitos de la seguridad alimentaria y sanitaria. Francia está un paso por delante de los demás países respecto a la implantación progresiva de un nuevo modelo agrícola que logre producir los alimentos necesarios respetando el medio ambiente. La agroecología aún se percibe en muchos entornos políticos como una especie de utopía propia de partidarios del decrecimiento y contrarios a la globalización. Sin embargo, si se analiza desde el punto de vista medioambiental y productivo, la agroecología supone un gran paso adelante hacia una actividad más limpia y sana sin perder la capacidad de alimentar a la población. Ante la amenaza que supone rebasar la temperatura global del planeta en 2 grados, implantar una agricultura diferente y menos contaminante es algo urgente y de vital importancia para salvaguardar la seguridad alimentaria de todo el mundo, seguridad que corre peligro si tenemos en cuenta que el actual escenario nos lleva a un aumento de 4 grados de la temperatura global hasta el fin de siglo.

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