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La nueva ola del covid-19 es la de la indiferencia.

Publicado el 24 febrero 2021 por Nortiz @nor7992
LA NUEVA OLA DEL COVID-19 ES LA DE LA INDIFERENCIA.

El otro día leía en un muro de Facebook que una persona se declaraba impactada por la muerte de Pau Donés, líder de Jarabe de Palo, a los 53 años por cáncer de colon. Inevitablemente vinieron a mi mente los miles de muertos por COVID-19 y la apatía frente a la pandemia y sus terribles consecuencias, de gran parte de la sociedad. El cáncer de colon que sufría Pau es el más frecuente en nuestro país y es la segunda causa de muerte por tumores con 11.000 muertes anuales. Por Covid, ante el desastre de cifras oficiales, contabilizando los excesos que refleja el sistema MoMo, la cifra real podría superar con creces los 80.000 fallecimientos: el país con más muertes por Covid-19 de la Unión Europea. Aun así una sociedad anestesiada ve estéril, interesado o politizado un debate serio sobre la gestión de esta crisis realizada por nuestros gobiernos. Debemos de asumir con total tranquilidad de 200 a 500 muertes diarias por COVID-19, tristes, pero sin rechistar. Es una realidad que el COVID-19 preocupa cada vez menos aunque vaya a peor.

¿ESTAS MUERTES SE CONVIERTEN ES UNA SIMPLE ESTADÍSTICA?

Sinceramente tenía alguna esperanza de que la sociedad, fuera capaz de aprender algunas lecciones sobre todo lo que está pasando este último año. Esperaba que la sociedad diera un giro, aunque fuera ligero, mínimo, hacia una mayor solidaridad y empatía, hacia la importancia de la responsabilidad de cada uno, a cómo la actuación individual tiene mucha importancia en lo colectivo.

España ha sido uno de los países del mundo que ha registrado un mayor impacto del COVID-19, tanto en número de contagios como de muertes. Las causas son múltiples y complejas, pero en mi opinión han sido desalineadas de forma tendenciosa por la clase política: la alta densidad de población, una población más envejecida o hábitos culturales son explicaciones recurrentes para hacernos creer que lo que está ocurriendo era inevitable de forma que ellos quedan exonerados de cualquier responsabilidad. 

De esta forma se desvía el debate sobre fallos del sistema de salud pública, las carencias hospitalarias, la mala praxis en muchas residencias de mayores, la nefasta coordinación entre administraciones estatales y autonómicas o los retrasos y errores tanto en la adopción de medidas como en la supervisión y gestion de las mismas. 

Un dato para la reflexión: Japón, por poner un ejemplo, el país más envejecido del mundo, con una elevada densidad poblacional y bien interconectado con China (foco original de la pandemia), ha registrado muy pocas muertes. Con un población de 126.317.000 personas registra unas 7.600 muertes lo que representa en 0,0060% (frente al 0,1689% de España).

CIUDADANOS AMNÉSICOS

Es obvio que la mayoría de nosotros asumimos una sola muerte como una tragedia, y que no respondemos de la misma manera cuando se trata de la pérdida de vidas a gran escala. Pero obviar que esas 80.000 muertes son un tragedia que se desarrolla a nivel individual, con una familia que queda conmocionada y desconsolada es inaceptable. 

La gente está cansada de las noticias sobre el coronavirus cuanta más gente muere, menos importa en una sociedad con un gran número de individuos amnésicos, anestesiados, condescendientes y serviles con aquellos a quien votan (y muy críticos con los sus adversarios políticos) que han pasado de ser ciudadanos a súbditos. Piensan que los muertos son solo una cifra que se da todos los días. No le impacta, son como un daño colateral más, es inevitable como bien le he hecho creer la clase política. Ha llegado a tal grado la falta de análisis y critica del ciudadano, que la clase política ha sido hasta capaz de sacarle partido. Dos ejemplos:

  1. En el desastre sanitario inicial uno de los mayores responsables en el retraso en la adopción de medidas y en la compra de material sanitario fue salvador Salvador Illa. Ha dejado su puesto de Ministro de Sanidad y se ha presentado con candidato a Presidente de la Generalitat de Cataluña hace escasas semanas. Ha ganado en las elecciones catalanas ¡¡652.858 votos!! Una persona sobre la que se podría escribir el manual de la incompetencia en la gestión de la pandemia ha obtenido la confianza de miles de personas ganando las elecciones.
  2. Otro personaje catastrófico, Isabel Díaz Ayuso presidenta de la Comunidad de Madrid, responsable de una nefasta gestión que ha llevado a la región a tasas de mortalidad por coronavirus 16 veces mayor que en otras comunidades. Como premio a su desastrosa gestión, según todas las encuestas, ganaría de nuevos las elecciones en la Comunidad de Madrid incluso con mayoría absoluta.

LA INFANTILIZACIÓN SE IMPONE

Creo que todos deberíamos, aunque nos duela, pensar lentamente para apreciar a los individuos detrás de los números, no debemos hacer la vista gorda, hay que realizar una denuncia social constante. ¡Basta ya! Sí va desapareciendo la cultura del pensamiento, de la reflexión, de la crítica, de la exigencia de las cosas bien gestionadas ¿qué nos queda? ¿votar cuando nos digan? ¿solo eso? 

LA NUEVA OLA DEL COVID-19 ES LA DE LA INDIFERENCIA.

La infantilización se impone y con ella la manipulación con un discurso político simplificado, dogmatizado limitado a meros slogans, a confrontaciones estériles, ante la ausencia de un electorado adulto que demanda otro tipo de gestión política. 

Resulta preocupante la fuerte deriva de la sociedad hacia el puro entretenimiento. Los medios de comunicación cada vez más enfocados al cotilleo en detrimento de información y análisis rigurosos. Se fomenta la difusión de miedos inventados o exagerados donde surge la figura poderosa de un Estado paternalista que protegerá al individuo a cambio de renunciar al pensamiento crítico y de delegar en la clase política todas las decisiones, un escenario peligroso donde el populismo encaja muy bien.

Estoy convencido que necesitamos un cambio que sea una antítesis a esa maquinaria de la que vive el Estado de partidos mantenidos en el poder por votos poco reflexivos. Y ese cambio tiene que ser liderado por grupos de ciudadanos críticos, exigentes, a los que sea indiferente la ideología porque el nexo de unión de ese colectivo sea el de conseguir una democracia con representantes preparados para gestionar de forma eficaz y eficiente: especialistas en sectores productivos o de conocimiento.


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