Entre Zambia y Zimbabue, el agua se vuelve niebla y sonido.
Significa “el humo que truena”. Sólo hay unas cataratas equivalentes en el planeta: las del río Iguazú, más bajas pero más anchas.
Sin embargo, quiero hablarles de un sitio muy peculiar: la piscina del diablo.
Los que viven esta experiencia afirman que es parecido a volar. A soñar que vuelan.
Ni para la niebla que grita su verdadero nombre.
Antonio Carrillo