Hasta que un perro ladra: el tuyo, el del vecino. Hasta que una moto ruge desde alguna calle desconocida. Hasta que pasa un avión a lo lejos, y las lucecitas del micrófono te avisan que lo está captando (¿a quién se le ocurre pilotear un avión a las seis o siete de la mañana de un día domingo?, ¿tanto apuro tiene por irse o por llegar a ninguna parte?).
Hasta que un perro ladra: el tuyo, el del vecino. Hasta que una moto ruge desde alguna calle desconocida. Hasta que pasa un avión a lo lejos, y las lucecitas del micrófono te avisan que lo está captando (¿a quién se le ocurre pilotear un avión a las seis o siete de la mañana de un día domingo?, ¿tanto apuro tiene por irse o por llegar a ninguna parte?).