Revista Opinión

La ridícula aventura de un caradura en Túnez

Publicado el 03 marzo 2011 por Franky
La ridícula aventura de un caradura en Túnez El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los dirigentes políticos más cuestionados por su pueblo y desprestigiados de todo el mundo democrático, ha viajado a Túnez colocando a España como modelo y ofreciendo él su asesoría para que los tunecinos alcancen la democracia. Para colmo de ridículo y de desconexión con la realidad, ha ofrecido a Túnez 300 millones de euros para consolidar su democracia, cuando España está endeudada hasta las cejas, esquilmada y arruinada por su mal gobierno.

El espectáculo de un político fracasado y rechazado por su pueblo ofreciéndose como modelo es tan ridículo y vergonzante que demuestra, más allá de toda duda razonable, que tanto él como el partido que lo sostiene han perdido el norte y son ya una arrogante insensatez sin rumbo fijo.

Rechazado, según las encuestas, por el 80 por ciento de su pueblo, que le pide que dimita y convoque elecciones anticipadas, a lo que él, cargado de arrogancia y alienado, se niega, ha tenido la osadía de ofrecerse como asesor y modelo a unos tunecinos que han sabido rebelarse contra un tirano como Ben Alí, que dedicaba más presupuesto a la educación que él y que tenía menos desempleo juvenil que el que padece España bajo el gobierno de Zapatero.

Hay que agradecerle al gobierno provisional de Túnez la prudencia y la continencia demostradas al no haber expulsado "ipso facto" al político español por fatuo y caradura.

La España que Zapatero exhibe como modelo ni siquiera es una democracia porque no cumple ninguna de las reglas básicas de ese sistema: ha instalado la mentira en el poder y ha expulsado la transparencia; no tiene separación de poderes y sus partidos tienen la desfachatez de nombrar jueces y magistrados; no existe el imperio de la ley y la ley no es igual para todos; la corrupción tiene infectado hasta la médula al sector público; los partidos políticos son demasiados poderosos y los políticos son casi impunes, lo que contraviene una de las reglas básicas del sistema; la sociedad civil española, que debe ser libre, independiente y actuar como contrapeso del poder público, está casi en estado de coma, ocupada y asfixiada por los políticos; la gran mayoría de los medios de comunicación, comprados por el poder con publicidad, subvenciones y concesiones de todo tipo, han tomado partido y dejado de ser libres, incumpliendo así la misión que la democracia les reserva como implacables fiscalizadores de los grandes poderes; el sagrado derecho al voto no puede ser ejercido libremente por los ciudadanos españoles, ya que no son ellos los que eligen a sus representantes sino los partidos, que son los que elaboran las listas cerradas y bloqueadas ante las que el ciudadano sólo puede decir "si" o "no".

También fallan en la España de Zapatero otras reglas fundamentales de la democracia, como el imperio de los valores,en caída libre, el respeto a los derechos fundamentales, el control de los partidos políticos, la libertad de los diputados y senadores, vergonzosamente sometidos a sus partidos y sin derecho al voto de conciencia, y otros muchos que convierten a España en un país con pésima calidad democrática, mal gobernado, ejemplo de nada y líder internacional en casi todo lo sucio, desde el blanqueo de dinero al desempleo, sin olvidar el avance de la pobreza, la desigualdad, la trata de blancas, el tráfico y consumo de drogas, los privilegios de los políticos, el enriquecimiento corrupto de la "casta" política, el urbanismo delictivo, el enchufismo, el nepotismo, el amiguismo, la utilización del dinero público para comprar votos y voluntades, el despilfarro, el endeudamiento público sin control, las prohibiciones, la propaganda agobiante que acosa al ciudadano, la marginación de la ciudadanía de los procesos de toma de decisiones y un largo etcétera que debería obligar a Zapatero a tener vergüenza del gobierno que preside y a concentrarse en sus problemas internos, que son una multitud imparable, en lugar de exhibir en el exterior su arrogancia adelescente y su nulo sentido del ridículo.

Zapatero ha demostrado en Túnez que su insensatez carece de límites, pero los tunecinos, si son sensatos, optarán por otros países, antes que por España, a la hora de buscar modelos de democracia, justicia y progreso. Por ejemplo, Alemania, donde el gobierno ha sabido superar la crisis y donde acaba de dimitir su ministro de Defensa tan solo porque falsificó parte de sus tesis doctoral, cuando en España, a pesar de que la corrupción atraviesa la nación de parte a parte, nadie dimite por errores, insensateces y hasta delitos mil veces más graves.



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