La saga de Bowie

Publicado el 26 enero 2016 por Iván Rodrigo Mendizábal @ivrodrigom

Por María Susana Roa

(Colaboración especial para Ciencia ficción en Ecuador)

Cuando una celebridad muere, todos tienen diferentes formas de manejar el duelo. Puesto que aquella marcó y representó algo distinto para una persona, cada cual tiene distinta experiencia en relación a su vida.

Para muchos David Bowie fue el artista que rompía el molde y marcó su adultez. Para otros fue quien los inspiró a ser ellos mismos en su adolescencia. Para otros hoy en día pudo ser aquel artista veterano que seguía marcando tendencias y llamando la atención. En mi caso, confieso que él representa una conexión especial con mis amigos. Me recuerda a esos buenos momentos que jamás serán los mismos. Y más que nada, su música forma parte de mi lucha personal con el duelo y la muerte. Aunque todos lo veamos diferente, los que tuvimos la suerte de contar con su música, estamos de acuerdo en algo: Bowie era único en su especie. Realmente un caso digno de analizar, totalmente fuera de este mundo.

La ciencia ficción es un género literario en el que una historia de fantasía se fundamenta en campos científicos, para de ese modo reforzar sus posibilidades imaginarias respecto a la realidad. David Bowie fue un personaje de ciencia ficción sin necesidad de encontrarnos en una realidad fantasiosa. No luchó contra dinosaurios vengativos; tampoco fue un ciborg en busca de respuestas, ni viajó por el tiempo y el espacio y tampoco estuvo en una realidad opuesta donde los humanos tendrían que pelear para sobrevivir. Sin embargo, sí luchó contra los estereotipos que le rodeaban. Sí, era tan único que parecía no ser completamente humano. Sí, produjo mucho contenido que parecía estar adelantado a la época y peleó por establecer su posición en el mundo artístico y hacerlo a su manera. Incluso ahora sí está en el espacio, gracias a científicos belgas que nombraron una constelación en su honor. Así que me parece justo nombrarlo como un héroe de ciencia ficción en la realidad de los hechos. Todas sus aventuras, personajes e historias están relatadas por medio de todos sus canciones y álbumes: desde su mensaje de presentación en 1967, hasta el de su despedida en 2016.

Cada historia que nos cuenta metafóricamente es diferente. Con nuevos personajes, nuevos estilos estéticos y musicales, nuevas aventuras y nuevos mensajes. Muchas veces difíciles de comprender, pero sorprendentes igualmente. Muchas veces no es necesario enfocarse en lo que dice, sino en cómo lo dice. Tanto el lenguaje verbal como el no verbal son protagonistas en su legado. Es difícil pensar que un hombre con tantas facetas haya podido lograr un estilo tan propio e individual. Es por eso que todas esas historias y sus personajes que les dan color, forman parte de la saga de Bowie.

Pero también se puede decir que todas esas características tan particulares van más allá de sus historias. Como su voz, su apariencia y hasta sus ojos. Encontró la manera de hacer que todas esas peculiaridades que por casualidad o por eventos de su vida, como su pupila dilatada, formaran parte de su marca. De hecho existen ojos como los suyos; pero pocas personas, probablemente ninguna, podrían hacer que comuniquen tanto como los de David Bowie. Escribía música con todo el cuerpo, pero más que nada con los ojos.

En la ciencia ficción clásica siempre hay un héroe. Y él dijo alguna vez que todos podíamos ser héroes, aunque sea por un día. Así, creo que debo decir que Bowie fue uno todos los días. Es decir, un héroe en su propia misión: cambiar al mundo, comenzando desde los estereotipos que rodeaban al mundo artístico y a la sociedad de su época. Trató de siempre ser él mismo sin pedir disculpas. Cumplía su misión de forma tan desconcertante y sorprendente que muchas veces pasaba desapercibida, donde su extravagancia era sutil. Par mí, rompía estereotipos una canción a la vez, muchas de las cuales tampoco tienen absolutamente nada de parecido con la anterior; no obstante, mantienen una familiaridad impactante. Todas las historias que contó se tejen en el mismo texto: comunicar sus propias tormentas interiores. Dijo en varias ocasiones que todas las dudas que tenía inspiraban sus canciones. Mediante su música expresaba todos esos pensamientos íntimos, contados por medio de personajes que representaban esa necesidad de experimentar la vida al máximo. Probó que en la vida podemos ser héroes extraordinarios no obstante el mundo ordinario que vivamos. Hizo lo que los héroes tienen que hacer: cambiar al mundo de la forma que puedan.

Asimismo, cada historia de Bowie tuvo su firma; se podía ver que nunca dejó que escriban su historia por él. Es por eso que dos días antes de fallecer nos dejó su último mensaje, un último regalo. Con el lanzamiento de su álbum final, Blackstar, escribe su propio epílogo. Se estaba despidiendo y no nos dimos cuenta, siendo fiel a su enigmático estilo hasta el final. Su vida tenía que terminar de la misma forma en la que la vivió, con gracia y un estilo artístico único. Por esa razón los dos videos musicales –“Blackstar” y “Lazarus”– que acompañaron a su último álbum tienen un sentido profético que hacen de esta despedida un asunto mutuo, entre David y sus fans, donde se siente diferente e íntimo para cada uno de ellos.

Es menester reafirmar que muchos héroes no son reconocidos hasta su muerte, sino hasta que conmueven a todos con la última aventura y luego se despiden para siempre, dejando solo los recuerdos de aquellas historias maravillosas de las que fueron protagonistas. En los últimos días hemos podido comprobar que este caso no fue la excepción. Las canciones de Bowie en YouTube rompieron records de visita y sus canciones más populares regresaron a estar en lo más alto de las listas de éxitos. Me atrevería a decir que David Bowie nunca ha sido más popular que ahora. Y es precisamente en momentos así que un héroe deja de ser héroe y se convierte en leyenda. Y no podíamos esperar nada menos de él.


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