En primer lugar, su visión distópica del futuro (que hoy estaría tan de moda) no fue del agrado de la censura, que vetó el álbum en Francia. La segunda zancadilla se la puso él solo, al complicarse la vida con la ambientación.
Jacobs también comete algunos errores geográficos: sitúa la acción en Europa, donde podríamos encontrar al plateosaurio o la meganeura (e incluso se han descubierto williamsonias en Inglaterra), pero no a las criaturas cretácicas, propias de Norteamérica. No coincidieron ni en el lugar ni en el tiempo: este combate entre un plateosaurio y un tiranosaurio nunca sucedió.
Lógicamente, el autor debió desechar el carbonífero si quería dibujar dinosaurios, pero pudo centrarse en el triásico superior europeo, donde aparte del plateosaurio (y la williamsonia) podría haber ilustrado a sus anchas thecodontosaurus, scleromochlus o melanosáuridos, todos ellos ya descritos en la época en que escribió el guión.
Dicho lo cual, se trata de un álbum entretenido, ideal para pasar una tarde de verano y que, desde aquí, recomiendo a todos los amantes de la "línea clara" y el cómic en general.