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LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (y 3ª parte y última)

Por Zubi
LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (y 3ª parte y última)
Por El Zubi
Pocos críticos se explicaban como en la azarosa vida de “El Cordobés”, salvo leves casos, salió siempre indemne del tráfico terrestre. En los ruedos, donde practicó suertes inverosímiles y arriesgadas, apenas sufrió una docena de cogidas de las que sólo menos de la mitad pudieron calificarse como verdaderamente graves.
¿Qué es lo que lleva dentro de sus entrañas este monstruo intocable? Porque... si lo miran bien, fue respetado de manera inverosímil por la tierra y el mar, los cielos y las fieras y hasta por los inevitables enemigos personales que en aquellos años los tuvo a docenas. Sin duda, Manuel Benítez tuvo una mágica estrella a favor, lo que los terrenales entendemos como “suerte” o una “flor en el culo”. En el ámbito de su oficio estuvo dotado de una extraordinaria intuición e inteligencia natural, para discernir con toda claridad los terrenos propios y los del enemigo. Esa fue otras de las claves de su éxito. Además de la buena estrella que le permitió escapar indemne de los infinitos peligros que en cada plaza, en cada viaje y en cada esquina le acecharon. La característica personal más importante que tuvo fue su fondo, su aguante, su indomable perseverancia en la tarea que se impuso desde un principio: torear mucho y sin descanso. Su “extraterrestre” resistencia física le hizo permanecer indiferente vestido de luces, sin distraerse ante otras cosas y tentaciones que la vida ofrece a estos héroes a cada paso: me refiero a las mujeres. Nada ni nadie pudo con él. Nadie se le resistió. Pudo con todos sus compañeros, con los empresarios, apoderados, públicos difíciles... juntos y por separado, hasta vencerlos uno a uno y a todos juntos.
El diestro de Palma del Río, tuvo además la inmensa fortuna de surgir en el momento preciso, cuando los públicos estaban abúlicos del panorama que había en la Fiesta en aquellos años. Unos años en que este país era pobre y estaba triste, pues sólo unos pocos años antes había salido de una dramática guerra civil. Un país que puso en un pedestal a un hombre que era pobre de solemnidad y que con su audacia, tenacidad, perseverancia y arrolladora personalidad, se convirtió en el modelo ideal a seguir de todo un país que tras él, también deseó ser torero de buena estrella. Coincidió además con la aparición en este país de un fenómeno social nuevo: el turismo. En 1960 se registran ya en España más de seis millones de visitantes, de los que más de dos millones proceden del Midi francés, muy interesados por la Fiesta. Esto hace que proliferen en estas décadas (60 y 70) la construcción de nuevas plazas de toros en localidades de veraneo: Lloret de Mar, San Feliú de Guixols, Palamós, Benidorm, Marbella, Fuengirola, Benalmádena. Incluso la Feria de Málaga aumenta el número de espectáculos taurinos. Y todo ello ocurre por la irrupción de este hombre en la Fiesta de los Toros.
Hay otro aspecto de este maestro de la Tauromaquia que por emotivo y humano, yo no quiero obviar y que es justo reseñar. Personajes “galácticos” con menos méritos que él, se han subido a la parra de la fama, con escoltas, guardias personales, se han endiosado dentro de sus “castillos de naipes”. Nada de eso le ha ocurrido a este ser humano extraordinario que es Manuel Benítez “El Cordobés”, que siendo una de los personajes más famosos que hubo a nivel mundial, jamás olvidó su cuna humilde. Una cuna que le llevó y le lleva siempre por los caminos de la humildad, la sencillez y la bondad como ser humano. En vez de vivir en mansiones en Miami o en algún lugar del mundo reservado para los “galácticos”, Manuel Benítez optó por vivir aquí en Córdoba, en su tierra, cerca de los suyos, de sus amigos y de su gente como un ser humano normal y corriente. Este gesto vital suyo, que muchas veces no ha sido comprendido ni observado y valorado por esta ciudad, le ennoblece y lo humaniza, y desde mi punto de vista le convierte aun más en un “héroe legendario”.
¡Cuánto te echamos de menos, Manuel, los aficionados a la Fiesta! ¡Ojalá surgiera en estos años un “Cordobés” como tú! Pues falta le hace a la Fiesta en estos momentos, ya que se ha convertido en un espectáculo aburrido e irritante: toros sin fuerza, toreros acomodados en las poltronas y que no arriesgan nada a pesar de que saben torear, empresarios desaprensivos y ganaderos peseteros que sólo piensan en el dinero fácil y públicos “feriantes” que sólo quieren ver a las “figuritas” en sus carteles, dejando a un lado a los toreros valientes que arriesgan y se juegan la vida en las pocas corridas que se les ofrece.
Por eso yo quiero con mis humildes palabras, tributar un merecido y humilde homenaje a un hito del toreo. Los buenos aficionados cordobeses y del mundo no te olvidamos. Dios te guarde todavía muchos años de vida, “Califa”... y nosotros que lo veamos.

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