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Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar Plateau de Beille

Publicado el 16 julio 2011 por Toni_delgado @ToniDelgadoG
Las dudas de los favoritos, la certeza de Vanendert para coronar Plateau de Beille
Respeto y miedo suelen ser sinónimos, una relación que tienen muy clara los hermanos Schleck, preocupados más por el rival al que más temen, Alberto Contador, que por marcar el ritmo y las distancias. En la quinta parada en la historia en Plateu de Beille, coronado por campeones finales como Marco Pantani, Lance Armstrong y el propio Contador, miraron más atrás, hacia el madrileño, que sacarle ventaja con un ataque decidido. Andy lo intentó cuatro veces y Contador replicó con calma tres y con rabia sólo el siguiente, como si supiese que el luxemburgués, su gran contrincante los últimos años fuese de farol. O quizás el español no podía más de sí. La valentía la puso Iban Basso con un ataque tan feroz como estéril, la habían dispuesto las dos docenas de escapadas en el descenso del segundo puerto del jornada y Samuel Sánchez y Jelle Vanendert, protagonistas finales ya en Luz Ardiden, como sucedió en Plateau de Beille. Ante tanto mareo de perdiz el belga se fue a por la primera victoria como profesional y nadie le siguió hasta que lo intentó Sánchez, con más ilusión que piernas y con una desventaja superior al minuto y medio. Una broma en casi cualquier etapa, pero no en una cima que se sube en unos tres cuartos de horas. Vanendert se tocó el casco, miró hacia atrás y celebró con timidez una victoria sensacional, el premio al más descarado de la jornada. El Tour se despidió de los Pirineos y Thomas Voecker cruzó la línea de meta eufórico, apretando el puño como diciendo que había salido de un entuerto importante. Andy recortó dos segundos a Contador y al resto de favoritos, y Sánchez, 25 al luxemburgués y dos a los demás.
En los últimos tiempos el Tour se ha acostumbrado a funcionar según el latido de Contador, un vencedor final con márgenes estrechos, pero muy inteligente para atacar en el momento justo. El español, que ha vencido en sus seis últimas grandes vueltas, no tiene la fuerza que demostró en el Giro con sus ataques en el Etna y el glaciar Grossglöckner. O en su primera gran actuación, la ronda francesa del 2007, cuando atacó en la ascensión del propio Plateau de Beille, y sólo el entonces líder, Michael Rassmussen, apartado después de la prueba por el Rabobank.
Caídas de Voight
Fatigado por el Giro y cansado mentalmente por todo lo que ha leído sobre él en los últimos meses y días -la prensa francesa insiste en que se retirará antes de llegar a París-, Contador resiste y observa. Defiende que cada día se siente mejor y que el momento de reaccionar será la tercera semana en los Alpes. Sus rivales callan y otorgan, y casi todo el margen que le llevan se debe a la caída del primer día. Señal que el español les infunde respeto y que ellos no son lo suficientemente valientes para arrebañarle más segundos, por mucho que el Leopard torturase el ritmo del pelotón con Stuart O'Grady o con Jens Voight, que tuvo un día desafortunado y tuvo que cambiar la bici tras el primer de sus dos caídas -se encaró con la televisión francesa por enfocarle, en un acto infantil-. Aunque el accidente más espectacular fuese el de Ten Dam, que se salió de la carrera, tropezó con una piedra en la hierba y se cayó de cara. 
Por entonces el vasco Izagirre era cabeza de carrera con casi un minuto de margen sobre sus perseguidores y más de cinco sobre el grupo principal, que fue reduciendo las diferencias a marchas forzadas. Uno de los cometidos de Fabian Cancellara en el Leopard, además de ser el mejor contrarrelojista de la actualidad. El suizo puso el ritmo hasta que,a  15'8 kilómetros del final, empezó la ascensión a Plateau de Beille. Cancellara se apartó: había cumplido. Casar era en ese momento el fugado y Riblon y Zandio, los perseguidores. Una anécdota, como los continuos amagos de ataque de Andy o los gestos de Franck, jugando a despistar a Contador. Faltaba sangre y decisión y, sin nada que perder y con el recuerdo de haber cedido en los metros finales en Luz Ardiden, saltó Vanendert. Un descaro que le valió para festejar el primer triunfo de su carrera. Samuel Sánchez fue el segundo en el día del adiós de los Pirineos. El Tour conserva todas las dudas que tenía hasta ahora. Contador sigue entero y los Schleck funcionan como una pareja de observadores sociales: miran más que hacen. Y no es una prueba para estudios. Así que Cadel Evans, el ciclista-mosquito, el especialista en chupar ruedas del resto, se relame. Todo está siguiendo su guión.  

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