Revista Salud y Bienestar

Las medias verdades ocultas sobre la vacuna del papiloma (II)

Por Miguel @MiguelJaraBlog

Publicamos la segunda parte del artículo de Enrique Gavilán (@enriquegavilan), médico de familia, que lleva por título Las medias verdades ocultas de la vacuna del papiloma y cuya primera entrega dimos ayer:

Uno de los efectos adversos que se vincula con la vacuna del papiloma es la aparición de problemas autoinmunes y fenómenos inflamatorios (artritis reumatoide, lupus, diversos tipos de hepatitis, etc.). Ante la preocupación sobre la aparición de casos en mujeres vacunadas, agencias reguladoras públicas como la Agencia Europea del Medicamento y la FDA estadounidense hicieron un estudio que concluía que la vacuna no tenía relación con dichos casos.

Lucija, sin embargo, pone en duda la validez de las evaluaciones realizadas por el comité de seguridad (que se encarga de revisar la veracidad de las notificaciones de efectos adversos y que establece finalmente el juicio de si éste es atribuible o no a la vacuna). De hecho, imputa dichos efectos adversos no sólo a los adyuvantes, sino también a la propia composición de la vacuna.

Como ella misma me confesaba por correo electrónico

“se han observado partículas empleadas en la vacuna (partículas virus-like compuestas por la proteína L1 del tipo VPH-11, concretamente) en lesiones musculares de biopsias y autopsias de mujeres que sufrieron efectos adversosDichas partículas se encontraron incluso años después de la administración de la vacuna, lo cual indica que el efecto persiste a largo plazo”.

Y añade más adelante:

“Estas observaciones han sido corroboradas por otros grupos de investigación independientes y están a punto de ser publicadas en una revista científica”.

Además de los ensayos clínicos, otra fuente de información importante para conocer si una vacuna es segura a más medio o largo plazo son las bases de datos de efectos adversos. Aunque no es una fuente del todo válida (puesto que no se suele notificar más que un pequeño porcentaje de los efectos adversos y además no nos permite determinar si hay relación causa-efecto), nos aporta datos que pueden ser útiles.

Pues bien. Lucija ha computado, una por una, las notificaciones a una base de datos estadounidense de efectos adversos de vacunas (VAERS), más de 20.000 desde el comienzo de las campañas de vacunación. Y resulta que de todas las vacunas administradas a mujeres entre 6 y 29 años, la del VPH acapara más del 60% de las reacciones adversas serias notificadas.

Muchas de ellas condujeron a la invalidez o incluso a la muerte de las mujeres, previamente sanas, a las que se había puesto la vacuna. Por último, Lucija desvela en su revisión un dato inquietante de los ensayos clínicos que no había sido divulgado en las publicaciones oficiales: la vacunación contra el virus del papiloma en aquellas mujeres previamente infectadas podría estar asociada a un leve aumento de los casos de displasia moderada/grave.

Algunos datos apuntan que la vacuna podría incluso, paradójicamente, no sólo aumentar los casos de cáncer, sino acelerarlos hacia formas de cáncer muy agresivos. La propia Lucija me comunica que en la base de datos de reacciones adversas a vacunas norteamericana se han contabilizado “360 notificaciones de citologías anormales, 112 casos de displasias de cuello de útero y 11 de cáncer cervical relacionados con la vacunas del papiloma”.

Comparado con la enorme cantidad de dosis administradas desde su comercialización son casos por ahora muy aislados, de los que no sabemos si son directamente causados o no por las vacunas, pero no hay que dejarlos de lado ya que se trata de reacciones adversas muy serias.

CRITICAS A LAS CRÍTICAS DE TOMLJENOVIC

A pesar de que los argumentos de Lucija parecen en muchos casos verosímiles, cuando no fácilmente verificables, no podemos caer en el error de abrazarlos sin guardar cierta distancia que nos permita analizarlos con lupa. Algunas de las críticas esgrimidas por Lucija son débiles, como por ejemplo cuando trata de oscurecer los resultados de los comités de seguridad simplemente por considerar que la dedicación profesional de sus componentes no es la más adecuada para esclarecer la causalidad de los efectos adversos atribuidos a las vacunas.

El que haya partículas de la vacuna en los tejidos de las mujeres vacunadas que han sufrido problemas inflamatorios o autoinmunes no significa que la vacuna sea la causa de dichas lesiones. Muchos de sus razonamientos se basan en evidencias indirectas o marcadores biológicos, cuando no en meras conjeturas. Así pues, sembrar la duda es buen aliado para replantearse las hipótesis hasta ahora hegemónicas, pero lejos de probar definitivamente nada, lo que desvela es el hecho de que nos queda aún mucho por conocer.

Por otro lado, acusa a los elaboradores de los informes y publicaciones que aconsejan la vacunación contra el virus del papiloma de “silenciar” datos que cuestionan su eficacia y alertan sobre sus problemas de seguridad. Y es cierto que lo hacen. Aunque Lucija comete el mismo sesgo: no suele contraponer a sus observaciones datos y referencias que apuntan en el sentido contrario. Lo mismo podemos decir sobre la financiación.

Se declara investigadora independiente, cuando en realidad sus trabajos están financiados por fundaciones privadas como la Katlyn Fox Family Foundation, cuya finalidad es buscar los puntos débiles de las vacunas. Además, su habitual colaborador, el Dr. Shaw, es fundador de una empresa con intereses en la investigación sobre marcadores de inflamación cerebral y el desarrollo de agentes neuroprotectores.

No son sesgos que invaliden sus hallazgos y razonamientos, pero sí son a tener en cuenta. Por tanto, la discusión sobre este tema parece estar muy polarizada entre “pro” y “antivacunas”, cada uno con sus prejuicios y sesgos. El ambiente está un tanto enrarecido, con acusaciones cruzadas que a veces superan los límites del cauce por el que el debate científico debe transcurrir.

A resultas de todo ésto, a veces cuesta ver las cosas con claridad. Lógicamente, son luchas de David contra Goliat y no todas las informaciones tienen el mismo peso ni la misma credibilidad. Tratar de conservar el máximo rigor no implica que haya que mantener equidistancias calculadas. A pesar de todo, hay espacios en los que analizar con cautela todas las fuentes de información -contrarias o desfavorables, con notable carga crítica o sin casi capacidad de filtro-.

CONCLUSIÓN

Se han vertido no ya arroyos, sino ríos, gigantes como amazonas, de tinta sobre la utilidad de la vacuna del papiloma. Y más que en el futuro se vertirán. No es oro todo lo que reluce y las apariencias engañan. Ni tan buenos son unos ni tan malos los otros (bueno, los hay que sí que obran intencionadamente muy pero que muy mal…). Ni las vacunas del papiloma son la solución definitiva para erradicar el cáncer de cérvix ni éstas resultan ser tan venenosas o tóxicas. Ahora bien: es cierto que la vacuna probablemente no sea ni tan necesaria ni tan altamente efectiva ni tan inocua ni tan rentable como nos han tratado de convencer.

En la medicina no hay blancos ni negros, sino muchos grises y por tanto debemos habituarnos a distinguir las miles de tonalidades de gris que existen. No nos queda más remedio que acostumbrarnos a que hay mucha más incertidumbre de la que quisiéramos. Todo el que quiera que veamos su blanco o su negro peca de querer vender sólo su propia moto, su propia verdad. Y aquí no sólo no hay verdades, certezas, sino que además el que crea estar en posesión de ellas simple y llanamente miente. Pero no somos tan crédulos ni tan ignorantes ni tan ingenuos, ¿verdad? ;-)


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