Por último, el sorprendente Premio del Público como Mejor Banda Sonora del año fue para las composiciones de John Coda, Grant Kirkhope y Joseph Metcalfe para la película La hija del rey (Sean McNamara, 2021) y el premio a la Mejor Banda Sonora para una Producción Belga fue para la banda electro pop francesa The Penelopes, que está radicada en Londres, por sus creaciones electrónicas para la película infantil Spaceboys (Olivier Pairoux, 2021).
Otra de las frases musicales a las que Martin Phipps regresa en varias ocasiones es la introducción de un solo de violonchelo, interpretado por Nick Holland ("Annus Horribilis") para describir una serie de acontecimientos trágicos que se sucedieron alrededor de la monarquía británica como el incendio del castillo de Windsor en 1992, el mismo año que la pareja formada por Carlos y Diana se separó. Este solo de violonchelo suena también en el momento de la muerte de la princesa ya divorciada en 1997, y en el entierro, asignado a los hijos que quedaron huérfanos ("William and Harry"). El compositor holandés Rutger Hoedemaekers aporta ocho temas originales de los que se incluyen dos en la banda sonora editada, entre ellos un tema melancólico para el divorcio de la pareja ("Divorce") y un hermoso tema romántico, pero con un tono de misterio, para la relación entre Diana y Dodi Al-Fayed ("Last summer"), que recuerda al estilo de Richard Robbins, con la incorporación de la corneta que interpreta el instrumentista holandés Morris Kliphuis. La película también está subrayada por música autónoma que no se incluyen en el album, pero que tiene una especial importancia, como la composición coral "Luz Aurumque" (2000), del músico Eric Whitacre, que suena durante la visita de Diana al Taj Mahal y que refleja el carácter espiritual de este viaje en un momento decisivo de su vida. Cuando un periodista le pregunta a Diana qué le ha parecido el monumento, ella contesta con un significativo: "Ha sido una experiencia curativa". La banda sonora del documental The princess es un trabajo destacado que en cierta manera se puede considerar como una continuación de la música que Martin Phipps realizó para la última temporada de The Crown, creando una tonalidad melancólica que acompaña de forma constante a esta representación de Diana de Gales a través de la mirada de los medios de comunicación.
Hurts like hell - Chapter 2 - Bill HemstapatBPH Music 20/07/2022Hurts like hell - Chapter 3-4 - Bill HemstapatBPH Music 27/07/2022La docuficción estrenada con el título de Muay Thai: Deporte extremo(Netflix, 2022) se centra en los aspectos más oscuros el Thai boxing a través de historias basadas en hechos reales
Una de las películas más positivas del año es la comedia británica El viaje a París de la señora Harris (Anthony Fabian, 2022), un cuento hadas protagonizado por una viuda (espléndida Lesley Manville) que en plenos años 50 decide aprovechar las ganancias de una apuesta en un viaje a la capital francesa para comprar un vestido en la prestigiosa sede del diseñador Christian Dior. Pero en cierta manera se trata de una fábula que subvierte los elementos para ofrecer la trastienda de un París maloliente y sucio debido a una huelga de recogida de basuras, y de una casa de diseño que está sufriendo graves problemas económicos. Las apariencias ofrecen una visión muy distinta de la realidad, como las clientas de alto standing que sin embargo se retrasan en los pagos de sus adquisiciones. La banda sonora del compositor Rael Jones (1982, Reino Unido), al que conocemos de interesantes trabajos como la serie Harlots: Cortesanas (Cosmo, 2017-2019), se sostiene en un tema principal delicioso, un vals que se adjudica a la personalidad amable de la protagonista ("Mrs. Harris") y que tiene reminiscencias del tema de la familia compuesto por Michael Giacchino para la película Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009), pero que se sostiene en un piano solista interpretado por el propio compositor. Este será un tema recurrente que aparecerá en una forma mucho más abierta cuando Mrs. Harris llega a París ("Tour of Paris"), con predominio de cuerdas de la Budapest Art Orchestra dirigida por Peter Pejtsik, o en una espléndida versión jazzística con sonoridades a John Barry, para el baile final ("The Legion Dance") a cargo de una formación de jazz con la trompeta solista de Tom Walsh y el saxo alto interpretado por Mark Crooks. La calidez del personaje principal está descrita en la aparición de la flauta, en la secuencia en la que Mrs. Harris acude al trabajo ("Lucky day"), y la introducción del jazz cuando realiza su trabajo como asistenta para una familia rica ("In a flap") expresa su dedicación concienzuda. Pero también hay momentos nostálgicos cuando recuerda a su marido, con el piano como solista ("Footloose and fancy free"), o cuando los sueños parecen no cumplirse ("The dream fades"), un precioso tema para los instrumentos principales: el piano de Rael Jones, la flauta de Anna Wolstenholme, el clarinete de Jon Carnac y el harpa de Camilla Pay.
Otro de los temas principales de la banda sonora es el que se refiere al vestido que se convierte en una obsesión para Mrs. Harris ("Temptation"), un tema que transforma el objeto deseado en una referencia musical a un cuento de hadas, cálido y al mismo tiempo mágico. El tema regresará también en varias ocasiones, cuando la protagonista acude por primera vez a la Casa Dior, que representa su pasión por la Alta Costura. La banda sonora funciona perfectamente como un elemento que abraza al personaje principal, pero sin ser empalagosa, a pesar de que su presencia es constante a lo largo de la película. Y expresa con acierto la contraposición entre los sueños y la realidad, en composiciones con cierto aire melancólico que subrayan las escenas de un París supuestamente romántico pero absorbido por la crisis económica y las huelgas de trabajadores ("Streets paved with broken dreams", "Lovely, but not real"). Pero las apariencias se mantienen, como en el desfile de los nuevos diseños de Christian Dior, marcado por la introducción del saxo soprano interpretado por Howard McGill ("10th Anniversary Collection"). El tono romántico lo aporta un hermoso tema que funciona en dos ámbitos diferentes: una introducción al piano para la relación de la modelo Natasha (Alba Baptista) y un despliegue de cuerdas majestuoso para la escena en la que Mrs. Harris se prueba el vestido de Dior que es, para ella, su auténtica pasión ("Shut up and kiss me"). Y que concluye con el tema sobre el que reflexiona la película, la necesidad de ser visto, de ser tenido en cuenta más allá de las apariencias ("Being seen is everything"). Se trata de un trabajo hermoso e inspirado de un joven compositor que logra su mejor banda sonora hasta el momento.Aunque She will (Charlotte Colbert, 2021) no es exactamente una película de terror, utiliza la envoltura del folk horror para construir una reflexión sobre el trauma y la percepción de la vejez desde el punto de vista femenino, sometido a las imposiciones físicas. La estancia de una antigua estrella de cine en un hotel aislado en las Highlands de Escocia sirve para reencontrarse con sus propios traumas, y al mismo tiempo conectarse con una tierra que se revela como curativa debido a las cenizas humanas de las antiguas brujas quemadas en la hoguera. De esta forma el trabajo de Clint Mansell está más conectado con los elementos psicológicos que con los hechos que transcurren directamente en la pantalla, de ahí que por ejemplo no haya sonoridades que nos sitúen en el entorno escocés, sino que la música se alimenta también de los ancestros, y hace especial referencia a los elementos nigromantes. La suite de nueve minutos con la que comienza la banda sonora ("Evocation") acompaña a la llegada de
Valerie (Alice Krige) en tren, junto a su enfermera Desi (Kota Eberhardt), y ya adelanta un cierto aire de hechizo a través de la introducción del violonchelo electrónico que interpreta Peter Gregson, quien también ha compuesto algunas bandas sonoras interesantes como La decisión (Roger Michell, 2019). La estancia de la actriz no es todo lo solitaria que hubiera deseado, pero no por ello dejan de aparecer los traumas que la han acompañado desde que debutó como adolescente a las órdenes del director Eric Hathbourne (Malcolm McDowell), para el que el compositor crea un tema inquietante ("Times boundaries blurred") que relaciona la castración física (la doble mastectomía a la que se ha tenido que someter) con la castración psicológica que sufrió. Y también en este tema aparecen las voces femeninas, que Clint Mansell (1963, Gran Bretaña) utiliza desde dos formaciones diferentes: el coro London Voices y Voxaphonic, el trabajo como vocalista de estudio de Mary Carewe, que ha trabajado con compositores como Danny Elfman, Alan Menken o Hans Zimmer. De esta forma también comienza a introducirse la relación con la brujería y el espíritu nigromante que permanece en la tierra a través de las cenizas de las brujas, que se desarrolla posteriormente en una composición en forma de vals ("Incantation") que introduce totalmente el tema principal, como una especie de aquelarre. El violonchelo hace su aparición de nuevo, casi rasgando el sonido, en la composición que hace referencia a las cicatrices ("Scars"), que no son solo las que quedan en el cuerpo detrás de la operación, sino sobre todo las que permanecen en la memoria de Valerie, para dar paso a una sonoridad electrónica ("Overcoming") que nos puede hacer recordar a la música de John Carpenter, y que conecta directamente con otra de las composiciones destacadas, que introduce más claramente la guitarra, interpretada por Leo Abrahams, como un elemento de conexión con la tierra/ceniza como un proceso de renacimiento del cuerpo/alma ("Rebirth"). Es casi una canción que está interpretada por la vocalista Grace Davidson, y que está en la línea de esa sonoridad minimalista que hizo popular a Clint Mansell con Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000), aunque la banda sonora en su conjunto conecta más con otro reciente trabajo para el género folk horror, In the earth (Ben Wheatley, 2021). Los créditos finales de la película utilizan la canción "The killing moon", que el grupo Nouvelle Vague incluyó en su album Bande àpart (2006, Kwaidan records), pero la banda sonora concluye con una revisión del vals de las brujas ("Invocation").Una de las decisiones más valientes y más controvertidas que toma Sarah Schachner es la de evitar las aproximaciones referenciales a los temas originales de Alan Silvestri para Depredador (John McTiernan, 1987) y Depredador 2 (Stephen Hopkins, 1990), que habían hecho John Debney en Predators (Nimród Antal, 2010) y Henry Jackman en The Predator (Shane Black, 2018). Hay solo algunos apuntes al comienzo del tema que dedica al alienígena ("Predator instinct") con el que comienza el álbum editado pero que en la película no se escucha hasta el segundo acto, pero también encontramos cierto paralelismo en el uso de las percusiones en los temas de acción, que Alan Silvestri presentaba en Depredador (1987) con una sonoridad sudamericana relacionado con el Amazonas, mucho más desarrollado en Depredador 2 (1990) y que Sarah Schachner utiliza con percusiones y flautas indígenas ("Flesh and bone"). El leitmotiv del depredador confronta la leve referencia a la película original con la contundencia del violonchelo, interpretado por la propia compositora, que ofrece una sonoridad rotunda y brutal, lo que marca el desarrollo posterior de la banda sonora. La ambientación musical se hace más oscura conforme el alien se manifiesta, y se muestra de forma rotunda en la secuencia del oso, la mejor escena de la película ("The onslaught") con la violencia de las cuerdas. La presencia de unos comerciantes de pieles franceses solo sirve para ofrecer una visión maniquea de los blancos respecto a los nativos y para que sirvan de carnaza al depredador, pero la compositora introduce para ellos una espléndida composición para cuerdas que tiene sonoridades del clasicismo musical de la época ("The cruel delight") en la secuencia más gore de la película. Pero es durante el enfrentamiento directo entre Naru y la criatura cuando se confrontan sus dos temas ("Horseback ambush"), el de ella desprovisto del romanticismo y la épica del comienzo para adoptar una forma igual de violenta. Este desarrollo es más patente conforme Naru utiliza su instinto de supervivencia a través de la inteligencia, manifestándose en una composición que retuerce su leitmotiv para darle un carácter más rotundo y oscuro, y de alguna forma convirtiendo a la presa en otro depredador, emergiendo de forma victoriosa ("Brave girl"). Naru ha pasado de ser una joven con aspiraciones, a transformarse en una auténtica guerrera. En su carácter oscuro, el trabajo de Sarah Schachner es notable, aunque se apoye en ideas muy básicas.
Este submundo, que tiene parecidos razonables con Monstruos S.A. (Pete Docter, Lee Unkrich, David Silverman, 2001) y Del revés (Pete Docter, Ronaldo del Carmen, 2015), es donde John Debney despliega buena parte de sus capacidades como compositor, creando una gran riqueza sonora que comienza con un espléndido tema dedicado a ese mundo ("Land of Luck") que sigue tan de cerca la sonoridad de su espléndida banda sonora para Elf (Jon Favreau, 2003) que si incorporara campanillas podría ser una composición navideña. Pero se sostiene principalmente en un despliegue perfecto de cuerdas y vientos de madera que incorpora los metales en otras versiones ("Making good luck"), y se transforma en una suave versión jazzística ("Meet Rootie"). A lo largo del segundo y tercer acto, John Debney coquetea con las referencias a Lalo Schifrin en un tema de acción ("Bunny drone activation"), ofrece una divertida creación de música celta ("The penny depot") para la escena de la fabricación de las monedas de la suerte, adopta una mirada melancólica en una hermosa simbiosis de piano y orquesta ("Anything is possible") y desarrolla el tema de la suerte hasta una explosión de metales y cuerdas ("Bad luck is good/Fixing the randomizer") para la secuencia del aleatorizador. Y termina con una versión para cuerdas que es hermosa e íntima para la relación entre Bob el gato y Samantha que incorpora el tema de la protagonista para cerrar la conexión narrativa: el tema ya no es un triste piano solitario, sino que está acompañado por las cuerdas y conectado con la suerte ("A forever family"), hasta que finalmente se revela como un tema de amistad ("One year later") en una conclusión emocionante. Luck es una de esas banda sonoras que parecen sencillas pero que proporcionan una estructura narrativa perfecta, y un desarrollo muy preciso en torno a sus personajes.
El prolífico Ryan Murphy ha estrenado este año dos de sus mejores producciones: el reciente éxito de Dahmer - Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer (Netflix, 2022) y el documental Los diarios de Andy Warhol (Netflix, 2022), un excelente repaso a la compleja vida del artista neoyorquino dirigido por Andrew Rossi. Para esta serie de seis episodios que tiene una poderosa capacidad hipnótica se utilizaron fragmentos de los diarios del artista en los que expresaba sus propias contradicciones. Es un estudio incisivo sobre las diferentes formas en que un artista puede ser interpretado, y cada uno de los episodios introduce una cierta tonalidad nostálgica a través de los créditos acompañados por la versión original cantada por Nat King Cole de la canción "Nature boy" (1948), que habla sobre un "niño encantador y extraño que viaja muy lejos, por tierra y mar" para llegar a "amar y ser amado". Esta apertura no se incluye en el álbum editado de la banda sonora, que se estructura en dos partes, como si se tratara de la cara A y la cara B de un vinilo, y que está compuesta por Brad Oberhofer (1991, Tacoma, Washington), joven músico cuya familia se trasladó a Brooklyn, y que empezó a destacar después de publicar su primer EP cuando tan solo tenía diecinueve años. Fundador del grupo de indie rock Oberhofer, que interpreta parte de la banda sonora, el joven compositor transmite a través de su música la tonalidad melancólica que proporciona la serie, especialmente en la primera parte del álbum, dedicada exclusivamente a las composiciones solistas para piano, y que es la más efectiva en cuanto a la expresión de las constantes indecisiones de Andy Warhol. Desde una de las composiciones principales ("Eulogy") hasta la tristeza que desprende el tema que se publicó como sencillo ("Life has passed me by"), la música se convierte en un aliado de las palabras del artista con la voz del actor Bill Irwin. Pero la serie cuenta la historia de Warhol en conexión con sus dos parejas, Jed Johnson y Jon Gould
("Jed's mirror") y la especial amistad teñida de manipulación que mantuvo con el joven Jean-Michel Basquiat, lo que se revela a través de una cierta tonalidad romántica que está marcada por la fatalidad ("From Czechoslovakia to Orr Street"). Hay una expresión del entorno familiar que siempre rodeó a Andy warhol ("Thanksgiving"), incorporando una sonoridad de Ondes Martenot que también le otorga una cierto carácter etéreo, pero también de la aleatoriedad de sus emociones ("F# noodles"). La segunda parte del álbum, cuya duración llega a una hora y media, resulta más cercana a Oberhofer como formación musical, y está marcada por las sonoridades de sintetizador, que sin embargo no pierden el componente etéreo ("Guarded"), pero que funcionan con menos precisión en el aspecto nostálgico. A través de ella se expresan los momentos más desenfadados de sus dos relaciones ("Jed's new job", "Jon Gould's beach house"), pero también hay una vibra de los años 80 ("Portrait of society"), definida por las inquietudes de Andy Warhol, especialmente respecto a la enfermedad ("30 days at the hospital") y el SIDA ("Watching fireworks"), una representación del temor a la vulnerabilidad de su propio cuerpo, sobre todo tras el intento de asesinato en 1968. En la serie se introducen también algunas composiciones previas de Brad Oberhofer como el single "Following the clock to sleep" (2020), que ya marcaba el tono que finalmente usaría para esta banda sonora, y se aborda la compleja relación de Andy Warhol con el catolicismo que marcó su infancia y posteriormente ha provocado opiniones encontradas sobre cómo se representa en su obra ("Baptism", "Cathedral expansion"). El final de la serie habla del legado de Andy Warhol pero no desde el punto de vista del artista exclusivamente, sino de aquellos que le acompañaron en su vida, y que dejaron las señales de su influencia personal ("Smoke signals"). Pero al mismo tiempo refleja hasta qué punto el artista consiguió ocultar detrás de su obra a la persona, como el piano parece ocultarse bajo los coros femeninos ("A hidden life"). No es casual que la serie termine con la canción "Loving the alien" (1985), cuyo título inspiró la biografía que Christopher Sandford dedicó al cantante David Bowie.Muay Thai: Deporte extremo, The Sandman y Los diarios de Andy Warhol se pueden ver en Netflix. She will se puede ver en Filmin. Prey y Santa Evita se pueden ver en Disney+. Luck se puede ver en Apple tv+.Trece vidas y El Señor de los Anillos. Los anillos de poder se pueden ver en Prime Video. Westworld se puede ver en HBO Max.