El South International Series Festival (SISF) presentó esta semana su programación completa, con los títulos que formarán parte de sus secciones competitivas. En la Sección Oficial de Ficción destaca la miniserie American hostage (Movistar Plus, 2026), que se estrena el 5 de noviembre en España, el thriller danés Snake killer (Prime, 2026), que participó en Canneseries, el drama médico noruego LIS (Still breathing) (NRK, 2026-), que actualmente está emitiendo su segunda temporada, la comedia británica Stepping up (Channel 4, 2024), cuyo creador y protagonista, Josh Pugh, visitará el festival, y el thriller alemán Blindspot Berlin (NDR, 2026). Además de la ya anunciada Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (Sundance TV, 2026), creada y dirigida por Isabel Coixet, y tres producciones españolas: Infamia (HBO Max, 2026), Patagonia (Movistar Plus, 2026) y la segunda temporada de El Centro (Movistar Plus, 2025-). En la Sección de No Ficción también hay predominio de series españolas como Tuenti. sin_filtros (RTVE/Movistar Plus, 2026), Ricardi: el culpable perfecto (RTVE Play, 2026), Los años sucios ¿dónde está El Nani? (Telecinco, 2026) y Mágico (2026), una docuserie sobre el futbolista Mágico González que está producida por Womack Studios, la misma empresa que organiza el festival. En cuanto a producciones extranjeras, destacan The oligarch and the art dealer (Arte, 2026), que fue seleccionada en Canneseries, Ian Fleming and the Curse of James Bond (Sky Arts, 2026) yTrade secret: The polar bear market (2025). La clausura tendrá lugar en el Gran Teatro Falla con el estreno de la segunda temporada de Física o química: La nueva generación (Atresmedia, 2025-), un título para hacer alfombra roja, mientras que en este mismo espacio los homenajeados recibirán los Premios de Honor: los actores Álvaro Morte y Ana Duato y el guionista británico Ronan Bennett. El South International Series Festival celebra su 4ª edición entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre en la ciudad de Cádiz, antes de trasladarse a partir del próximo año a la primavera.
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.Se podría decir que esta serie tiene algunos de los defectos de la producción audiovisual actual, no solo por cierto esquematismo narrativo, sino sobre todo por su constante carácter explicativo, como diciendo al espectador lo que tiene que pensar, en vez de mostrarle una realidad para que saque sus propias conclusiones. Más que divulgativa, la historia acaba siendo aleccionadora, un mal endémico que quizás es necesario en una sociedad en la que proliferan los seguidores de fake news que son tan evidentes que resulta sorprendente que se terminen creyendo. Hay que dar a una parte de los espectadores actuales una historia masticada y regurgitada porque, si se pretende provocar alguna reflexión o dibujar personajes complejos, entonces puede acabar desembocando en el desinterés. En el último episodio, que se centra en la celebración de un juicio, las intervenciones de los testigos y de los fiscales y defensores son tan artificiales que resulta sorprendente el grado de afectación que pueden tener, mientras que la discusión entre los magistrados en torno a una sentencia es forzada y poco natural. Durante el Episodio 6 (T1E6) se enfatiza la reflexión sobre la supuesta insolidaridad femenina en los ámbitos judiciales, centrándose en el rostro de la única mujer magistrada: "¿Que lo diga yo? ¿Yo jueza, yo presidenta, yo madre, yo qué?" le responde a otro juez. Parte de estos defectos narrativos ya estaban en el libro El proxeneta (2018, Ed. Alrevés), un reflejo del trabajo de investigación realizado por Mabel Lozano, que también coproduce a través de su productora esta serie que se inspira en su novela de no ficción. En aquélla, reflejaba el mundo de la prostitución a través de El Músico, un antiguo propietario de clubes de alterne aparentemente arrepentido, que reflejaba parte de su infancia dura como una especie de justificación de su dedicación criminal. Pero también incorporaba reflexiones que claramente no provenían de las palabras del entrevistado, que de alguna manera contaminaban la honestidad del relato. Aunque Isabel Peña y Eduardo Villanueva realizaron un trabajo de investigación independiente, el personaje del Suizo (Raúl Arévalo) parece claramente inspirado en El Músico. El castillo (Movistar Plus, 2026) es un acertado título que hace referencia a la forma en que Claudia (Valentina Vidal) le describe a su hijo cómo es el lugar en el que ella se encuentra; es una joven que llega a España atraída por un captador de prostitutas pensando que alguna vez conseguirá tener suficiente dinero como para volver a Colombia. Aunque la realidad es que se trata de un club de alterne del que es propietario Suizo y algunos socios, que han encontrado una fórmula de explotación sexual convirtiendo a estas jóvenes procedentes de otros países, generalmente sin papeles, en las denominadas "mujeres de deuda", sometiéndolas a un sistema de endeudamiento permanente por los servicios que les prestan, entre ellos asesoramiento legal y análisis clínicos de enfermedades venéreas, para ir acumulando débitos impagables. El tercer foco de la historia es el de dos funcionarios de la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales), formado por Gerardo Liesa (Omar Ayuso) y Carmen Osés (Laia Marull) que terminan destapando un caso flagrante de explotación sexual. Lo que mejor hace la serie es reflejar cómo en la sociedad española ha existido un mal endémico de normalización de la prostitución, especialmente en los finales de los años noventa y principios de los 2000 en los que se desarrolla esta historia, para mostrar que hay un sistema que ampara determinadas actividades criminales estableciendo diferentes niveles de explotación sexual. De hecho, una de las primeras escenas del personaje de Gerardo Liesa es precisamente participando en una fiesta en un club de alterne, reflejando que muchos policías podían ser tan puteros como cualquier otro hombre, aunque rápidamente acaba adoptando el perfil de funcionario quijotesco que trata de desentrañar las redes de prostitución enfrentándose a los bloqueos del sistema judicial. Lo más dramático de El castillo es que, aunque se desarrolla en otra década, la realidad no ha cambiado tanto, aunque sí se ha transformado la dinámica de la prostitución. Aunque siguen existiendo macroburdeles como Paradise, en la Jonquera (Gerona) antes de llegar a Francia, que cuenta con 2.700 metros cuadrados, lo cierto es que la mayor parte del negocio se ha trasladado a pisos o a espacios digitales. Pero España sigue siendo lo que algunos expertos llaman un "Estado proxeneta", el primero en Europa en consumo y demanda de prostitución, donde cuatro de cada diez hombres confiesan abiertamente haberla utilizado. Bajo la dirección de Elena Martín Gimeno (1992, Barcelona), nominada al Goya por su película Creatura (2023), que ella dirigió y protagonizó, y Sandra Romero (1993, Écija (Sevilla)), también nominada al Goya por el film Por donde pasa el silencio (2024), la serie proviene del antiguo equipo de producción de Movistar Plus, encabezado por Domingo Corral y Fran Araujo. Y se enfoca en una cierta cotidianidad de la criminalidad, retratando a un personaje como Suizo al que Raúl Arévalo representa como un hombre normal, no especialmente violento en su comportamiento habitual, que se considera más un empresario que un criminal. Entre los datos que ofrece el final de cada episodio, se refleja cómo precisamente en el año 2000 se constituyó la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), una especie de normalización de la prostitución, que mantiene su actividad defendiendo la regularización y legalización, a pesar de que muchos de sus socios han estado vinculados a juicios con acusaciones de explotación sexual, trata de mujeres y blanqueo de capitales. Una de las principales intenciones de la serie ha sido la de no mostrar este tipo de explotación con la mirada habitual que sexualiza a las víctimas, evitando escenas sexuales que muestren los cuerpos de las mujeres. Hay tres escenas de actividad sexual que sin embargo están enfocadas en los hombres en vez de en la parte femenina, estableciendo una perspectiva que huye de la fragmentación de los cuerpos de una manera erótica para ofrecer la realidad de la violencia sexual poniendo el foco en los puteros. Mientras que la representación de los clubes de alterne a través de espacios que tuvieron una actividad en el pasado pero ya no funcionan como tal ofrece un tono algo sórdido a los locales semi oscurecidos en los que suenan baladas latinoamericanas. El castillo a veces puede resultar muy cruda, pero otras veces acaba cayendo en algunas representaciones tópicas, especialmente en torno al personaje de Claudia, la joven colombiana que se presenta como una de las víctimas de la red de prostitución. A pesar de que se trata de dar una cierta complejidad al personaje, la realidad mostrada en películas como Las elegidas (David Pablos, 2015) es mucho más dura e impactante, porque está reflejada desde la mirada de los países de origen, en vez de desde una cierta condescendencia, a través de la cual los personajes inmigrantes acaban siendo limitados a su condición de víctimas. La pretendida complejidad que se les presume resulta, sin embargo, más aparente que auténtica. El castillo puede funcionar como un recordatorio de las flaquezas de un sistema que ampara determinadas actividades de explotación sexual bajo la apariencia de una legalidad dudosa, pero desde el punto de vista narrativo fracasa en su pretensión de ofrecer una mirada realista que se aleje de muchos de los clichés que rodean al tema de la prostitución.
Hace unas semanas comentábamos que este verano se ha caracterizado por el éxito de las historias protagonizadas por mujeres maduras, reseñando la serie Cómplices hasta el final (Prime, 2026-) y el éxito de The Five Star weekend (SkyShowtime, 2026-), que se verá en España a través de la plataforma SkyShowtime, alcanzando más de mil millones de minutos vistos en su primera semana y convirtiéndose en la serie con guión de más éxito de la plataforma Peacock en toda su historia. Y eso que no hay crímenes ni grandes giros de guión, sino sobre todo un relato de amistad entre cinco mujeres que se reúnen un fin de semana en una espectacular casa en la isla de Nantucket, un refugio para multimillonarios que ha conservado sus más de 800 construcciones de los siglos XVIII y XIX y, por ejemplo, no permite la inclusión de franquicias como Starbucks o McDonald's. Es una isla conocida para los lectores de las novelas de la escritora Elin Hilderbrand (1969, Pensilvania), porque allí transcurren algunas de sus historias, como Descalzas (2007, Ed. Martínez Roca) o La pareja perfecta (2018, Ed. Suma), ésta última adaptada como serie en La pareja perfecta (Netflix, 2024). Conocida como "la reina de las lecturas de playa", libros ligeros sobre relaciones de amistad que también suelen transcurrir a orillas del océano, la autora norteamericana ha publicado una veintena de novelas, entre ellas la inédita en España The Five-Star weekend (2023), que ha adaptado Bekah Brunstetter, productora y guionista de series como los dramas This is us (Disney+, 2016-2023) y La asistenta (Netflix, 2021). Como muchas de las obras de Elin Hilderbrand, se centra en un encuentro entre amigas junto a la playa, en un entorno privilegiado y escasamente racializado, lo que Dru-Ann Jones (Regina Hall), la única afroamericana del grupo, denomina como "una isla de almejas para personas blancas". Ella es una de las cuatro amigas invitadas por Hollis Shaw (Jennifer Gardner) para pasar un fin de semana en su casa en la isla de Nantucket. A pesar de querer ocupar su tiempo dedicándose a su negocio de recetas de repostería, todavía no ha superado la muerte de su marido Matthew (Josh Hamilton), pero su estrategia de intentar olvidar apoyándose en un fin de semana despreocupado no es compartida por sus amigas, que en realidad acuden con la intención de hacerle afrontar el duelo, aunque cada una de ellas tenga sus propios problemas: Dru-Ann Jones es una agente deportiva que se enfrenta a una crisis de cancelación, Tatum McKenzie (Chloë Sevigny) espera el resultado de una biopsia que podría ser un diagnóstico de cáncer (la propia escritora Elin Hilderbrand pasó por un cáncer de mama), Brooke Kirtley (D'Arcy Carden) se debate sobre testificar, mintiendo, a favor de su marido Charlie (Rob Huebel), que ha sido acusado por una trabajadora de acoso sexual, y además ella misma tiene dudas sobre su propia sexualidad. Y finalmente la azafata de vuelo Gigi Ling (Gemma Chan) es la única que no comparte amistad con Hollis desde su infancia, sino que la apoyó tras el funeral de Matthew, sin confesar que en realidad acudió al entierro porque tuvo una aventura amorosa con él. Además, aparece en Nantucket la hija de Hollis, Caroline (Harlow Jane), que nunca ha compartido el duelo por la muerte de su padre, y está decidida a abandonar la universidad, mientras en la isla también revolotea Electra Undergrove (Judy Greer), una vecina chismosa que podría arruinar el fin de semana de las amigas. The Five Star weekend tiene todos los elementos de los dramas de sobremesa que podrían hacerla demasiado cursi o demasiado enrevesada, como Dos semanas en agosto (Movistar Plus, 2026), pero el guión está lo suficientemente bien dosificado y el conjunto de actrices funciona tan bien que los personajes son absolutamente conmovedores y sus problemáticas adecuadamente identificables. En algunos momentos, aunque tiene menos drama, recuerda a la miniserie australiana del pasado año The last anniversary (AMC/BBC, 2025), basada en la novela de Liane Moriarty (1966, Australia), otra autora habitualmente adaptada al formato de series. La agenda que propone Hollis está elaborada con la precisión de una receta de cocina, medida en sus tiempos y en sus cantidades: una fiesta de pijamas una noche, una sesión de spa otro día, una jornada de compras por el pueblo o una fiesta de pizzas con los ingredientes más absurdos. Pero esta precisión define el tipo de control que ella tiene en su vida, y que la ha separado de su hija, estableciendo una barrera por la que no traspasa el dolor que ambas podrían compartir. Es una definición muy precisa de una personalidad que, dentro de su permanente precisión, oculta en realidad una manera de no afrontar los vaivenes de la vida, como que un día la pareja de la que está enamorada acabe muriendo de forma repentina. Los personajes están lo suficientemente bien definidos como para que sean comprensibles la mayor parte de sus decisiones, aunque muchas de ellas tengan resultados equivocados, y a pesar de que pueda caer en algunos tópicos sobre la identidad sexual que parecen elementos demasiado superficiales para definir a un personaje que pretende ser complejo. También hay algo de diversidad impuesta en la serie, introduciendo algunos personajes racializados para que no parezca una historia de mujeres blancas en un ambiente predominantemente blanco, pero Bekah Brunstetter tiene la suficiente habilidad como para introducir comentarios irónicos por parte de estos caracteres que se sienten excepcionales. Aunque al parecer la descripción que hace la autora de los ambientes y las calles de Nantucket es bastante fiel a la realidad, entre otras cosas porque Elin Hilderbrand reside en la isla todo el año, al contrario de las habituales familias ricas que tienen propiedades que solo visitan en verano. En un artículo publicado en 2022, la historiadora Mary Bergman analizaba la realidad de las portadas de playa de las novelas de Elin Hilderbrand, afirmando que "el Nantucket de Hilderbrand es mayoritariamente blanco, pero no del todo. La realidad de la isla es diferente, con 11 idiomas hablados por los estudiantes en las escuelas públicas de Nantucket. La historia afroamericana de Nantucket es fundamental para la historia de la isla" (Literary Hub (7/9/2022). The Five Star weekend no es un relato con grandes profundidades temáticas, pero consigue retratar a un tipo de mujer madura, realizada profesionalmente aunque también ha tenido que afrontar sacrificios en favor del matrimonio, que debe lidiar con desafíos que ni siquiera su posición privilegiada puede evitarle. Puede ser un reflejo de problemáticas banales en algunos momentos, pero quizás el éxito está en reflejar las emociones y las incertidumbres humanas que todos compartimos. La serie funciona como una buena receta de repostería, ni demasiado dulce ni demasiado amarga, y con el punto justo de sentido del humor y elementos sentimentales. Los hombres aparecen esporádicamente a lo largo de los episodios para reflejar el egoísmo en el caso de Charlie, la complicidad en el de Kyle (David Denman), el marido de Tatum, o las segundas oportunidades en el de Jack Finnigan (Timothy Olyphant), un antiguo amor de Hollis. Timothy Olyphant y Jennifer Garner comparten treinta años de amistad y han trabajado juntos en varias ocasiones, la más conocida en la comedia romántica Las vueltas de la vida (Susannah Grant, 2006), que también podría ser un título adecuado para esta serie. Aunque la novela original ofrece un final cerrado con un epílogo abierto, en la serie Hollis propone que se reúnan el próximo año en una isla griega, ofreciendo la posibilidad de una continuación, confirmada después de que se haya anunciado una segunda temporada.
Hemos mencionado en alguna ocasión que Australia está ofreciendo muestras muy interesantes de thrillers que reflejan la capacidad de construir historias policíacas con una tonalidad y una narrativa algo diferentes a las habituales. Series como Treasure & Dirt (ABC, 2026), Scrublands (AMC+, 2023-2026) o Dustfall (ABC, 2026), que acaba de adquirir Apple tv para su estreno internacional en 2027, muestran una manera muy peculiar de abordar el género policíaco. Una de las propuestas más sorprendentes de este año ha sido el thriller mezclado con elementos de terror Los ecos de Parrish Station (SciFi, 2026), cuya tonalidad resulta perfecta para este mes de octubre de estrenos de misterio y horror, y que inevitablemente acaba recordando a Expediente X (Disney+, 2016-2018) en su planteamiento principal, aunque en este caso ofrece una narración que sigue dos líneas temporales entre 1987 y la actualidad, jugando además con los resortes del true crime a través de un pódcast titulado Crime sluts que ha investigado sobre los extraños asesinatos ocurridos en el pasado. En 1987, la detective Georgia Cooke (Mia Wasikowska) fue la principal investigadora del asesinato de cuatro científicos en un centro de investigación espacial en medio del desierto, al que solo se tiene acceso a través de helicóptero o avioneta. Junto a su compañero detective Michael Thorne (Xavier Samuel) se ve envuelta en un caso relacionado con rituales y ocultismo, convirtiéndose en una pesadilla en la que parece que existe una relación especial entre la única superviviente, la astrofísica Kate Reynolds (Alex Malone), de la que se sospecha que puede ser la responsable de las muertes, y el empresario Callum Parrish (Nic English), dueño de la estación científica. Los acontecimientos acaban de una forma dramática y llevando a Georgia Cooke hasta un psiquiátrico, en el que todavía se encuentra en 2024, cuando se desarrolla la segunda línea temporal. Justo 37 años después de los sucesos ocurridos en los años ochenta, la agente Mille Farah (Doris Younane), que participó en la investigación cuando era una joven oficial, se encuentra con un nuevo caso de asesinatos que parecen tener ecos de los ocurridos en Parrish Station, y decide sacar a una madura Georgia Cooke (Heather Mitchell) de la institución psiquiátrica para que la ayude a encontrar posibles similitudes. Regresando también algunos personajes del pasado, como su ex-compañero Michael Thorne (Robert Taylor) y el empresario Callum Parrish (Alan Dale). De entrada, Los ecos de Parrish Station tiene uno de los repartos más destacados de la televisión australiana, con los veteranos Robert Taylor y Heather Mitchell en personajes principales, pero el guión de Ben Jenkins consigue que esta historia con toques de misterio sobrenatural cósmico acabe resultando más creíble de lo que podría parecer. Destaca la forma en que el director Daniel Nettheim, especializado en aportar un tono peculiar a series como Asesina a sueldo (Stan, 2025-), que está a punto de estrenar su segunda temporada, o Boat story (SkyShowtime, 2023), logra que los elementos sobrenaturales encajen dentro de una investigación policial sin resultar demasiado forzados. Al rodear a la historia de un toque de misterio mezclado con temas relacionados con el ocultismo, la serie consigue mantener las expectativas del espectador, siempre abierta a giros narrativos que abren nuevos caminos.
Pero también permite a los responsables abordar algunos episodios con ciertas referencias tonales a películas de terror clásicas. El episodio retrospectivo SOS (T1E7), que transcurre durante los acontecimientos anteriores a la masacre, tiene una tonalidad cercana a La cosa (John Carpenter, 1982), teniendo como escenario ese centro de investigación astrológica aislado, solo habitado por un grupo de científicos que se enfrentan a amenazas psicológicas. Al contrario de lo que ocurre en otras series, la estructura de doble línea temporal funciona de una forma sólida porque entrelaza las historias para ir descubriendo aspectos de cada una de ellas que permanecían ocultos, manteniendo el suspense a pesar de no tener un ritmo trepidante, pero aportando el interés que reflejan los descubrimientos del pasado y sus reflejos en el presente. Pero también proporciona fortaleza a la historia el hecho de que la protagonista principal no sea un personaje femenino que consiga cumplir con su objetivo de resolver el caso, rodeándola de una cierta imperfección que la convierte en el centro de una historia en la que ella se ve personal y psicológicamente afectada por el caso que investiga. A lo largo de la temporada hay elementos que hacen pensar en una intervención del espacio exterior, pero en otros momentos parece una trama de terror sobrenatural, lo que al final acaba aportando un tipo de misterio que es menos convencional que en otras ocasiones. Los ecos de Parrish Station tiene esa capacidad para mantener el suspense sin recurrir a trucos fáciles, y por eso en algunos momentos puede ser algo confusa en el equilibrio entre el pasado y el presente, pero la decisión de que los personajes estén interpretados por diferentes actores en las dos épocas en las que transcurre es tan acertada como para que no necesite recordar en cada momento en qué año se desarrolla la historia. Da la impresión de que la intención de la historia no es tanto la de mantener el misterio como la de describir los efectos que la obsesión por resolver un caso pueden llegar a tener en la detective principal y en su entorno, en el que la familia acaba jugando un papel importante, especialmente su hija Frankie (Grace Owens), que desarrolla una percepción sobrenatural, y que años después es una mujer (Emma Lung) que prefiere mantenerse al margen de las elucubraciones de su madre. Si el final puede no ser del todo convincente, aunque logra encajar adecuadamente todas las piezas, Los ecos de Parrish Station termina siendo una propuesta de horror cósmico que, sin embargo, se enfoca más en las consecuencias humanas que provocan los acontecimientos inexplicables.
El canal AMC ha ido consolidando una línea de producción relacionada con el género de terror que le ha reportado grandes éxitos y amplia repercusión, entre la que se encuentra la antología The Terror (AMC+, 2018-), que ofreció dos historias diferentes con distintos resultados: la primera temporada, The Terror (AMC+, 2018), era un thriller sobrenatural de supervivencia desarrollado por David Kajganich y Soo Hugh, en torno a la fatídica expedición naval al Ártico de Sir John Franklin entre 1845 y 1848; la segunda, The Terror: Infamy (AMC+, 2019), co-creada por Alexander Woo y Max Borenstein, retrataba la devastación del internamiento de estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial, introduciendo siempre elementos sobrenaturales, aunque recibió una acogida más irregular por parte de los espectadores. Bajo la presidencia de Dan McDermott, nombrado responsable de contenidos originales de AMC en 2020, se decidió recuperar esta franquicia, ahora con una tercera temporada que toma como base la novela de Victor LaValle (1972, Nueva York) The devil in silver (2013), no publicada en España, que él mismo se ha encargado de adaptar a la pantalla, después de su primera incursión en el formato de series con la adaptación de otra de sus novelas en The changeling (Apple tv, 2023). La novela original es una historia de terror social, una incursión en los miedos internos del personaje protagonista, pero al mismo tiempo enfrentado a un sistema sanitario estadounidense que prefiere encerrar a los enfermos mentales en instituciones psiquiátricas, especialmente si pertenecen a clases sociales que no pueden permitirse tratamientos más abiertos. La novela obtuvo buenas críticas en su elaboración de un realismo social impregnado de elementos terroríficos, que han seguido estando presentes en sus otras obras, como las posteriores The ballad of Black Tom (2016) y The changeling (2017), pero hay más elementos reconocibles de historias como Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), sobre todo en la descripción de ese universo de régimen prácticamente penitenciario al que el personaje principal no reconoce pertenecer. En la serie The Terror: Devil in silver (AMC+, 2026), tras un ataque de violencia provocado por el ex-novio de su pareja, el imprevisible Pepper (Dan Stevens) acaba siendo arrestado por la policía. Pero, para evitar papeleo administrativo, deciden internarlo en el hospital psiquiátrico New Hyde, dirigido por el misterioso doctor Anand (Aasif Mandvi), quien le asigna un periodo de observación de 72 horas mientras se toma la decisión de liberarlo de la institución. Una de las salas del hospital está cerrada por una puerta infranqueable tras la que parece habitar una especie de monstruo que amenaza a los pacientes y el personal del hospital, aunque el doctor Anand hace todo lo posible para que no trascienda, tratando de evitar que el centro sea clausurado. El punto de vista de Pepper, que considera que ha sido encerrado de forma injusta y no se siente identificado con los pacientes del hospital, se toma como referencia para una narración en la que nunca está claro si los acontecimientos forman parte de la realidad o son producto de la mente del protagonista, afectada por los medicamentos que le administran, que pronto se revelan como demasiado peligrosos. Entre los pacientes se encuentran Coffee (Chinaza Uche), el compañero de habitación de Pepper, un emigrante ugandés que sufre un trastorno obsesivo-compulsivo, Loochie (b), un adolescente con trastorno bipolar y Dorry (Judith Light), una mujer esquizofrénica que lleva ingresada en el hospital desde hace décadas y es la única que conoce el pasado oculto de la institución. La descripción que hace Coffee en el episodio Noviembre en mi alma (T3E1) es bastante elocuente: "¿Pasan cosas malas en un sitio porque el sitio es perverso, o se han hecho tantas cosas malas allí que el sitio invita a lo perverso?".A pesar de los efectos psicotrópicos de la medicina que le administran a Pepper, el departamento psiquiátrico "Northwest" del hospital New Hyde es diferente a la representación psicológica que se puede ver en películas como Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). Para Victor LaValle es más interesante acercarse a las fallas de un sistema sanitario del que ya habían trascendido graves errores antes de que se publicara la novela, cuando en 2008 la neoyorquina de origen jamaicano Esmin Green murió en la sala de espera del Departamento de Urgencias Psiquiátricas del Kings County Hospital Center, sin que nadie se percatara de su muerte hasta una hora después. En la serie, el reducido personal de New Hyde, compuesto por un equipo mínimo de celadores, enfermeras y médicos, rara vez están presentes cuando ocurre un suceso grave, y en muchos casos llegan tarde. En el primer episodio se sugiere que algo en la mente de Pepper, ya sea su propio trauma anterior con el que ha vivido, o los efectos de los medicamentos, está produciendo algunos escenarios aterradores; pero como es habitual en este tipo de historias, la ambigüedad está presente entre los límites de la realidad y la imaginación. A pesar de todo, Devil in silver contiene escenas de suspense, pero es raramente sangrienta, prefiriendo el efecto psicológico antes que el efecto visual. La historia se conforma en torno a la capacidad de transformación, por un lado del protagonista y por otro lado de un sistema que ha permanecido inamovible durante décadas. Pero también es una representación más amplia, como lo era The changeling con una vocación más ambiciosa, en torno a la sociedad norteamericana, lo que está expuesto en una escena en la que el responsable del club de lectura, interpretado por Stephen Root, ganador de un Emmy por La maldición de Widow's Bay (Apple tv, 2026), se refiere a la novela de Herman Melville Moby Dick (1851, Ed. Austral): "La gente piensa que se trata de una historia sobre una ballena, pero no lo es. Es una historia sobre América. Sobre un grupo de personas que se adentran en el mar tratando de matar a una ballena, o quizás sobre una ballena que trata de matarles a ellos. ¿Quién es el verdadero enemigo?". También hay una referencia directa en esta sala de lectura a la novela Alguien voló sobre el nido del cuco (1962, Ed. Anagrama), del escritor Ken Kesey, al que Dorry se refiere diciendo: "En este libro nosotros somos los monstruos. Según él, McMurphy estaría mejor muerto que siendo como nosotros. En este libro nosotros somos los que no tenemos esperanza".Devil in silver puede ser demasiado convencional en su desarrollo, a pesar de un trasfondo social que se representa con menos claridad en la serie que en el libro. Pero su principal problema está en la incapacidad para encajar dentro de la antología de The Terror, que hasta la fecha había presentado relatos sobrenaturales en torno a la condición humana, pero anclados en acontecimientos históricos. En este caso, es la primera ocasión en la que se desarrolla en nuestra actualidad, aunque la historia tiene lugar en 2012 y el hospital parece detenido en la época en la que algunas instituciones se aferraban al uso de la lobotomía frente al desuso de esta cruel práctica provocado por el desarrollo de los psicofármacos. Pero no termina de transmitir la sensación de que se encuentre cómoda dentro de una antología que tiene en sus trasfondos históricos su principal capacidad para trascender del simple relato psicológico terrorífico.
Negocios turbios ★★★★☆ Movistar Plus, 22 de octubre Reino Unido 2026 - 3x50'Creada por Joseph BullmanDirigida por Joseph BullmanSerielizados Fest '26: Competición Internacional
El nivel de indignación que puede provocar una serie dramática basada en hechos reales es directamente proporcional al nivel de deshumanización que pueden transmitir las decisiones tomadas por los responsables de que determinadas situaciones no se produzcan. En el caso de Negocios turbios (Movistar Plus, 2026), se alinea con ese tipo de denuncias que en clave de ficción son capaces de concienciar más allá de su repercusión mediática, como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus+, 2023) y en menor medida Ciudad tóxica (Netflix, 2025), que provienen esencialmente de ese cine sobre los oprimidos que han desarrollado durante décadas directores como Ken Loach o Mike Leigh. La denuncia en este caso tiene relación con la progresiva contaminación de los ríos de Inglaterra y Gales debido a las aguas residuales y la falta de control sobre los vertidos de las industrias. Y, como ocurre en numerosas ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña, el origen está en las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher, como apunta el comienzo del primer episodio, The accidental detectives (T1E1), cuando la Primera Ministra que construyó las bases de la desestabilización de la sociedad británica, anunciaba con orgullo en 1989 que la privatización de la gestión del agua iba a ser beneficiosa para todos. De aquellos barros vienen estos lodos, nunca mejor dicho, y como ya demostró la excelente docuserie Shifty (BBC, 2025), las políticas económicas de la década de los ochenta fueron el desastre de la convulsión social que ha sufrido Gran Bretaña hasta nuestros días. Pero a pesar de este comienzo, Negocios turbios no se centra tanto en las repercusiones políticas sino en la realidad social de sus protagonistas. La historia se desarrolla principalmente a partir de 2016, cuando dos vecinos retirados, Ashley Smith (David Thewlis), un policía que investigaba a compañeros corruptos, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas en Oxford, comienzan a preocuparse por la neblina marrón que desde hace años viene cubriendo el antes transparente río Windrush. Las habilidades investigadoras de Ashley y los algoritmos creados por Peter forman parte de una investigación que desembocará en una lista de vertidos residuales incontrolados que se han ido produciendo en las últimas décadas, debido a la cada vez menor inversión por parte de la empresa de gestión de aguas South West Water, lo que contrasta con los millonarios beneficios que tiene la compañía. Minutos antes, otra trama paralela nos ha situado en un alegre día de playa de 1999, cuando el matrimonio formado por Mark Preen (Tom McKay) y Julie Preen (Posy Sterling) está de vacaciones con sus hijas en Dawlish, una playa con bandera azul. Pero una de ellas, Heather (Madison Waterworth), de tan solo ocho años, sufre un malestar que la lleva al hospital, donde muere dos días después por una intoxicación de E.coli 0157. A lo largo de los dos primeros episodios, asistimos a la lucha en los tribunales del matrimonio Preen por demostrar que la contaminación de la playa fue la causante de la muerte de su hija. Esta historia profundamente dramática contrasta con cierto sentido del humor que se desprende de la investigación que llevan a cabo Ashley y Peter varios años después, en un tono más desenfadado a pesar de la gravedad de los hechos que describe, que se refleja incluso en la propia imagen promocional de la serie, que parece más cercana a un crimen acogedor que a una historia de denuncia medioambiental. Negocios turbios apuesta por un formato casi documental, en el que los actores hablan a la cámara cuando reproducen los emails que envían a la empresa de gestión de aguas, y las contestaciones vagas y los aplazamientos de los responsables de la compañía. Y la serie de Joseph Bullman, un director especializado en documentales, quiere ser tan precisa en los datos que suministra que a veces puede resultar algo confusa para los espectadores no ingleses, con sobreimpresiones que subrayan datos que contradicen a los diálogos, o referencias a documentación externa, casi como notas a pie de página, que se superponen a las imágenes. Esto también provoca que los personajes, especialmente los dos protagonistas, estén vagamente desarrollados, sin que apenas nada de su entorno personal tenga relevancia más allá de su propia investigación. Llegados al episodio The Whistleblower (T1E3), Peter muestra signos de cansancio ("Es agotador. No puedo más"), en el largo proceso de denuncias no escuchadas y alargamientos artificiales de las respuestas que reciben, como una continua sensación de fracaso que nunca derivará en responsabilidades reales: "Ningún directivo de las empresas ha sido acusado formalmente", se queja Ashley. Este episodio presenta a la confidente Hanna Swift (Channel Cresswell), que está inspirada en el confidente real Robert Forrester, que durante años proporcionó información sobre las prácticas irregulares de la Agencia de Medio Ambiente encargada de controlar los vertidos de las industrias. Una de las denuncias más graves de la serie es precisamente la falta de control del organismo público que tiene como principal función evitar que se produzcan vertidos contaminantes a los ríos. Pero las puertas giratorias, la corrupción o la ineficacia de las multas a empresas que tienen beneficios millonarios son el reflejo de un sistema roto, que elude la gestión pública pero también el control necesario sobre la gestión privada. Sir James Bevan (Alex Jennings) surge como la figura del funcionario con claros conflictos de intereses entre la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y sus participaciones en empresas privadas como South West Water o Thames Water. Pero como resultado de un sistema que lo permite: en 2010, el gobierno conservador de David Cameron estableció lo que se denominó el "autocontrol operativo" para recortar gastos, lo que la funcionaria Sophie Harrison (Charlotte Ritchie) defiende en la serie. En vez de efectuar inspecciones, se permitió a las empresas de gestión de aguas que fueran ellas mismas las que comunicaran a la Agencia de Medio Ambiente si se había producido algún vertido de aguas residuales. Según se indica al final de la serie, desde que se privatizó esta gestión se han vertido cada vez mayores productos contaminantes, y en 2024 se calcula que se produjeron más de un millón de vertidos de aguas residuales en los ríos ingleses. Negocios turbios quizás no funciona de una manera tan emocional como otras series parecidas, pero su minuciosa descripción de los hechos y su claridad expositiva provocan la indignación necesaria en el espectador. Como afirma Ashley dirigiéndose al espectador: "Estamos tratando de acabar con el mayor sindicato del crimen organizado de Inglaterra. El dinero que han acumulado estas empresas desde la privatización de las aguas, 145 mil millones de libras, lo han conseguido porque han convertido la ilegalidad en su modelo de negocio".
Pero el intento de dar cohesión a diferentes historias y distintos personajes de los que se cuentan sus propias tramas personales, tiene dificultades para encontrar el equilibrio necesario. Aunque la serie se presenta como un relato de horror sobrenatural, en su núcleo cuestiona el sistema educativo, el control parental y la obsesión colectiva por el éxito, lo que resultan temas interesantes para abordar. Sin embargo, la serie no trata realmente de reproducir las características de la sociedad japonesa, sino de introducir dentro de los relatos los elementos tradicionales d ela sociedad taiwanesa, lo que resulta especialmente inteligente. Pero quizás las adaptaciones de las historias de Junji Itō pueden funcionar mejor como relatos independientes y autoconclusivos que como tramas alargadas que tratan de tener una cierta continuidad. En general, la historia podría sostenerse por sí misma sin incorporar los elementos sobrenaturales del universo de Junji Itō, como la creación de un universo propio que combina el aislamiento del mundo exterior con la crítica al sistema educativo asiático que se basa exclusivamente en la meritocracia, estableciendo el acceso a la escalera social a través de academias de refuerzo para repetir exámenes. Pero, puesto que la atmósfera de terror no está lo suficientemente establecida, a veces se echa mano de recursos fáciles de jumpscare para compensar la falta de una construcción sólida de los elementos sobrenaturales. A lo largo de los diez episodios hay un cierto caos en la representación de los personajes, pasando de los alumnos en la primera parte de la temporada a unos padres desquiciados en la segunda parte, estableciendo el mundo adulto como el reflejo de los traumas y las obsesiones de sus hijos. El Episodio 4 (T1E4) hace referencia a la historia de Tomie, pero sin ser una adaptación fiel del personaje, mientras que el Episodio 5 (T1E5) reproduce la historia de La chica babosa, pero integrándola en la trama general. Hay un cambio de perspectiva en el Episodio 8 (T1E8) cuando se centra más en los adultos y sus obsesiones, que se hacen más inquietantes por la forma en que aceptan como normales decisiones que afectan directamente a sus hijos. Quizás resulte menos decepcionante acercarse a Bloody smart como una reinterpretación de los relatos de Junji Itō que pensando en encontrarse con una adaptación fiel de su obra, aunque se anunció en su momento que él mismo había supervisado la historia. La serie funciona mejor como un homenaje al autor japonés desde una perspectiva diferente que como una recreación de sus mundos sobrenaturales, y encuentra una mayor solidez en las historias que protagonizan los jóvenes que en las que se desarrollan en el mundo adulto. Estrenada en Taiwán a través de Netflix, la serie llega al mercado internacional desde el grupo AMC, y en España se presenta en doble emisión a través de AMC+ y de Planet Horror. Lo más incisivo de Bloody smart es cómo traduce la ansiedad académica en escenarios concretos y aterradores. Las calificaciones y la competitividad ya resultan asfixiantes por sí solas, pero el guión añade elementos sobrenaturales para llevar la presión al extremo, convirtiendo el rendimiento académico en un juego de supervivencia real. Aunque los árboles sangrientos son un elemento visual importante, lo verdaderamente perturbador es que cada personaje puede perder el control al intentar alcanzar el éxito académico o personal. Los monstruos nunca son externos, sino el resultado de los límites a los que pueden llegar las personas.
Tender loving care se estrena en cines el 26 de febrero de 2027. _____________________________________Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):La virgen de la Tosquera y Gremlins se pueden ver en Movistar Plus.Post mortem, Por donde pasa el silencio y Alguien voló sobre el nido del cuco se pueden ver en Filmin. El conde se puede ver en Netflix.Creatura se puede ver en 3Cat, Filmin, HBO Max, Movistar Plus, Mubi, Prime y Rakuten tv.La cosa se puede ver en Movistar Plus y SkyShowtime. Arma fatal se puede ver en Movistar Plus y Shadowz. Muñeco diabólico se puede ver en Prime. El último late night se puede ver en Filmin y Netflix.