Las wishlist son una basura

Por Desmadreando @desmadreando

Amo la Navidad, el espíritu y todo lo que se refiere a ésta festividad. Me da igual si se le pone más o menos acento espiritual- que cada quién es libre de celebrarlo como mejor le plazca pues luego se me enfadan por ahí si compro un calendario de adviento para comerme los chocolates. El punto es estar en una onda zen “festiva”, donde todos somos buenos los unos con los otros sobre todo porque ¡si no los Reyes Magos no nos traerán nada! Yo por eso siempre- a lo largo del año- me acabo toda la comida del plato porque si no como bien no tengo regalos ¡Ay que mal hacen éstas advertencias!

No podemos negar que se trata de una etapa nostálgica porque te reúnes con la familia, recuerdas a los que ya no están y mal que bien se acerca el fin de año y la cuenta atrás para darte cuenta de todos los propósitos que un año más ¡no cumpliste! ¿O de verdad siguen yendo al gimnasio? ¡FALSOS! ¡Ay esas clases de zumba que lejos quedaron!

Pero hoy me percaté de una cosa importantísima que hasta ahora no había caído:  las wishlists, ese término trendy tan de moda en donde uno hace la típica carta a Santa Claus o Reyes Magos poniendo sus deseos son ¡una pérdida de tiempo! ¿Quién en su sano juicio ha regalado a alguien sus deseos? ¡Eso jamás! Me explico:

En varios intercambios de regalos que participo veo como hay un “deseo” expreso de la persona por obtener un artículo que le hace ilusión. Sin embargo, ese artículo puede que a nosotros nos cause un aburrimiento total. Por ejemplo: abro una carta y me piden un mp4. ¿Quién en su sano juicio quiere eso? ¡Bah! ¡Patrañas! Pero como tengo que cumplir porque es el requisito pues bueeeeeee le compro un mp4 pero además un libro de esos que dicen que harán que ésta Navidad no pases frío…

Otro caso es el intercambio entre amigas virtuales blogueras- uno va y ve sus tableros de Pinterest y claro las jodías piden ordenadores, teléfonos antiguos rosas o lo más de lo más ¡una me pidió un macetero de diseño que sólo lo venden en Japón! ¿Pero chatungas no se puede poner cosas más fáciles?

Y ahí voy yo y hago una listita de lo más normalita que pueden ver aquí: con libracos, con joyitas de las accesibles (pero nunca se le dice que no a las que son inaccesibles), con cámaras de fotos y boniteces ¿y qué me dicen? ¡ES´TÁS LOCA! ¡Yo jamás te regalaría un libro! ¡Que sosez!

¡Y tienen razón! ¡Que sosez! ¿Pero qué es lo que realmente queremos? Porque claro si Semenator me regala un libro no puedo decirle que no era lo que yo quería porque realmente lo quería...¿es parte intrínseca de la mujer no saber expresar claramente que quiere?

Él en cambio pidió una televisión. Da igual que tengamos tres en casa. A la tecnología hay que serle infiel si o sí pronto ¡si es al año mejor! Y el tan feliz con sus gafas en tercera dimensión aunque a mi me haya sabido a rancio regalarle una tele…¡es lo que él realmente quería!

¿Pero qué pasa con nuestros churumbeles? ¿Qué pasa con los que realmente viven la ilusión y la magia? ¡Exactamente lo mismo!

Uno va y redacta la carta por ellos. Los adoctrina. ¡Nada de pedir el barco pirata de Jake que en ésta casa somos de playmobil! Y se le mete a la cabeza que los playmobil son clásicos, detodalavida y que Jake en unos años ¡no lo recordará ni Garfio! (Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

Y eso me pasa con Critter…Desde hace meses, a sus espaldas, había hecho una alianza estratégica con Santa para decirle exactamente que lo que más deseaba mi pequeña bestia en ésta vida era una casita de tela para jugar y esconderse y pasarse ahí horas como lo hacía yo de pequeña. Esas casitas de tela, que incluso la amiga Walewska dedicó un post para que Papá Noel no tuviera duda de cuál era la mejor. ¿Y qué pasa con Critter? ¡Ella quiere un mono! ¿Un mono? ¡UN MONO! De verdad. No vale los de peluche. Ella quiere un mono de verdad que coma plátanos “yellow”.

Así que aquí la teoría y la práctica son dos cosas muy distintas: uno es lo que queramos y otra lo que recibamos… ¡Y luego nos sorprende que los niños lloren cuando se sientan en el regazo de Santa Claus!

Si el “HO HO HO” es la risa que le entra a Santa Claus y a cualquier mortal al ver las famosas listas de deseos…

Lo dicho las wishlist son una basura