Mantener la capacidad de asombro es todo un valor añadido. Viniendo de Forma Antiqva es algo que me está mal acostumbrando, y que la extremeña María Espada siga enamorándome con su voz acabará en adicción.
Con los conocimientos actuales plantear que Joaquín Lázaro fue un adelantado a su tiempo al componer una música "clásica" en pleno barroco, presagiando un Mozart aún por llegar ¡y desde Oviedo! cual antecedente vienés, creo es resulta la primera línea para un estudio musicológico serio todavía pendiente de nuestro Maestro de Capilla.
Desconozco la idea primigenia u origen de colocar a Telemann abriendo las arias de tiple (en el feliz y secular reencuentro soprano) de Lázaro en la Catedral, incluso abriendo boca con un Vivaldi que estos intérpretes ya han "nacionalizado" asturiano desde Granada como si de un bloque musical homogéneo se tratase, pero puedo asegurar que el compositor turolense sonó perfectamente conjuntado, incluso adelantado, a los considerados de primera línea, sólo por desconocimiento ya subsanado al situarlo en el mismo plano. El enfoque interpretativo de Aarón Zapico comandando una formación que le sigue plenamente, es sinónimo de frescura y seriedad en pleno siglo XXI. Las cinco arias que María Espada revivió este día histórico para la música universal, con el perfecto arrope de Forma Antiqva ad hoc en todo, han supuesto completar un vacío del que ni siquiera teníamos conciencia.
No se puede pedir más de intérpretes, dirección e investigación musicológica, recogiendo lo sembrado, sin olvidar la organización en una fecha que personalmente nunca olvidaré (dos años de la muerte de mi abuela Lucía Riesgo con 105 años que no eran -ni son- nada) para un retorno al pasado que supuso ¡apostar por el futuro!. La música siempre faro y luz para caminos oscuros, indescriptible con palabras.
Dejo reflejado programa e intérpretes, calidad a raudales para un público que supo responder a un evento local siempre universal de nuestra Vetusta casquiana llenando el templo que devolvió trescientos años en hora y media, pasado hecho presente para el futuro.
Joaquín Lázaro (1746-1786): A Eulalia dichosa, aria para tiple, trompas, cuerda y contínuo.
G. P. Telemann: Sinfonía del Concerto Polonoise TWV 51:D3: Adagio - Vivace.
Lázaro: Ven en buena hora, Dios soberano. Aria para tiple, flauta, cuerda y contínuo.
Lázaro: Reparad qué luz clara y peregrina, Recitado y Cavatina para tiple, trompas, flautas, cuerda y contínuo.
G. P. Telemann: Sinfonía del Concerto Polonoise TWV 43:G7: Adagio - Allegro - Largo - Allegro.
Lázaro: El soberano Dios. Recitado y Aria para tiple, trompas, flautas, cuerda y contínuo.
Telemann: Sinfonía del Concerto Polonoise TWV 43:B3: Polonoise - Allegro.
Lázaro: Noche preciosa, clara y divina. Aria para tiple, trompas, flautas, cuerda y contínuo.
INTÉRPRETES
María Espada, soprano.
Guillermo Peñalver, traverso.
FORMA ANTIQVA:
Javier Bonet, trompa I - Miguel Ángel Curiel, trompa II.
Guillermo Peñalver - Ana López, traversos I y II.
Jorge Jiménez, Pablo Prieto, Judith Verona, violines I.
Miren Zeberio, Cecilia Clares, Javier Gallego, violines II.
Antonio Clares, viola - Ruth Verona, chelo - Vega Montero, contrabajo.
Pablo Zapico, archilaúd - Daniel Zapico, tiorba.
Clave y dirección: Aarón Zapico.