El excelente blog Pediatría Basada en Pruebas así lo vuelve a confirmar, a partir de dos artículos recientemente publicados en Acta Pediátrica Española.
Mi hija de 5 años se sigue pasando todo el invierno, o casi todo el curso escolar, con mocos. Varias veces he tenido ganas de quitarle los lácteos por probar (aunque tomó LM hasta los 4 años y pico, a la vez tomaba lácteos) pero no me ha sido fácil. No es fácil en nuestra forma de vida vaciar la nevera familiar de quesos, yogures, helados, etc....
Pero sin duda, hay dos -o más bien tres- cosas que no son muy "naturales" o "normales" en los cachorros humanos:
1.- Consumir leche de vaca en lugar de -o además de- la leche de su propia especie
2.- Padecer mocos todo el invierno, y a veces casi todo el año. Los pediatras siempre me han dicho que es "normal" y no hay que preocuparse.
3.- Escolarización tan temprana
No es muy descabellado pensar que las tres cosas pueden estar relacionadas entre sí, y que de cierto modo, son "síntomas" de una forma de criar -en la que me incluyo- que no es todo lo beneficiosa que pudiera ser para los niños.
Si la ciencia no ha encontrado -hasta ahora- relaciones de causa/efecto entre la leche y los mocos, es posible que no la haya, pero sí que ambas sean concomitantes y síntomas a la vez de otro "malestar" mayor, un malestar en la cultura podríamos decir, en una cultura "destetada" e institucionalizada muy antes de tiempo.
Está claro que no es muy "normal" ni "natural" que toda una civilización se base en el consumo -hasta la vejez- de leche de otro animal, con todas las implicaciones biológicas, económicas, culturales, éticas y ecológicas que de ello puede derivar. Que haya gente a la que le siente bien, miles y millones de personas que tomen leche de vaca y no manifiesten esos síntomas, no significa que no tenga relación ni consecuencias (siempre está el tonto que llega y dice: pues yo tomo 3 litros al día y estoy la mar de bien).
Los mocos tan comunes entre nuestros niños también tienen que expresar un síntoma de algo. Yo no dudo, como dicen las teorías más "espirituales" que tanto moco pueda ser "lágrimas reprimidas", alergias ambientales, contagios escolares cuando aún el sistema inmunitario no está maduro, angustia de separación o reacción a la leche de vaca... o una mezcla de todas esas cosas a la vez. Pero expresan que algo, sin dudas, no anda bien.