Libros ante la guerra

Por Martikka
Se escribe en Beirut, se edita en El Cairo y se lee en Bagdad. Este es un dicho árabe que da cuenta del amor por la cultura y los libros que existe en los países de la media luna.
En mi última novela (LHDE-EldT), me detengo un tiempo en el Bagdad del siglo XI, y desde que escribía sobre ella, desde que la tengo en mi mente como lo que fue, siento como míos los desgarros de sus gentes, el polvo en sus calles, las bombas que destruyen y resquebrajan almas sin sentido. Querría volver a ver Bagdad como yo la recreé en mi historia, donde uno de mis personajes, astrónomo, acude a la Bayt al-Hikma, la Casa de la Sabiduría, la Gran Biblioteca, y pasea por sus calles repletas, por la Nueva York del siglo XI donde todo era posible y todo era moderno y todo existía sin muerte ni destrucción. Cien bibliotecas públicas surtían de cultura a las gentes, alejándolas de la incultura y la ignorancia.
Abu Taib al Mutanabbi fue un poeta iraquí del siglo X. Está considerado el mayor poeta árabe de todos los tiempos, y en su honor se dio nombre a una calle bagdadí donde se concentran numerosos puestos de venta de libros.
En el 2007, un coche bomba explotó en el barrio donde se encuentra la calle Al Mutanabbi, mató a 30 personas y destruyó numerosas librerías que aún resistían a la guerra. Tras esa masacre, muchos poetas de la ciudad comenzaron a declamar versos y poemas en medio de la sangre y la destrucción que asolaba el centro cultural de la ciudad, allí donde se reúnen las gentes para hablar de literatura, para comprar y perderse entre cientos de libros y letras e historias.
Con un canasto de madera sobre la cabeza, Jabbar Muhaibs, profesor en la Academia de Bellas Artes de Bagdad, subió al techo de un vehículo calcinado y arengó a los presentes: ¿Qué ha ocurrido con la poesía y los poemas, cubiertos de sangre y reposando con las almas dispersas y los cuerpos bajo los escombros?". Luego tomó la palabra el célebre poeta Abdel Zahra Zaki en las ruinas del café Al Shabander. En su poema ‘Palabras, palabras, palabras’ parecía describir la desolación del paisaje que le rodeaba: "No hay nada aquí, no hay más nada que palabras que queman". El poeta Tawfik Timemi dio un paso adelante y animó con sus palabras a los espectadores y participantes. "No debemos renunciar aunque los criminales ataquen nuestra cultura. No cederemos a la represión. Debemos reconstruir la calle Mutanabi para que nuestra cultura pueda florecer de nuevo", clamó.
La han reconstruido, y la calle vive de nuevo.
Tomás Alcoverro, corresponsal de La Vanguardia, nos describe ahora en su crónica una calle Al-Mutanabi recuperada, con vida y cultura que se impone sobre la desgracia y la sangre.
Revive la feria de libros de Bagdad
Agradecimientos: WebIslam.com