Cuando el privado del rey esto le oyó dezir, estrañógelo mucho, deziéndol’ muchas maneras porque lo non devía fazer. Et entre las otras, díxol’ que si esto fiziese, que faría muy grant deserviçio a Dios en dexar tantas gentes como avía en el su regno…
lo cual hízole a mío amigo abandonar la obra, pues resultábale la su lectura grandemente dificultosa et luenga.
Esto mismo le sucedió a nuestra querida MJ con El cantar de Mío Cid, que desde sus primeros intentos de lectura duerme el sueño de los justos en un anaquel, de su dueña olvidado. Como olvidado tiene también Los puentes de Madison County, de Robert James Waller. En este caso la razón del abandono es sentimental: según me ha contado MJ la película le gustó mucho, pero la vio “en un momento malo” de su vida. Y teme, claro, que el libro y su poder de evocación le traigan el recuerdo de unas ásperas circunstancias.
También tiene relegado Memorias de Adriano, a pesar de haberlo empezado tres veces. Al menos no podemos achacarle falta de perseverancia.
Por su parte, la encantadora Sara me dice que el libro que lleva más tiempo en sus estantes sin haber conseguido aún su atención es Fortunata y Jacinta, cuya lectura va aplazando una y otra vez por esa razón de peso o grosor que ya hemos referido anteriormente; y porque lo libros que lee mensualmente para el club de lectura en el que participa se pondrían muy celosos. Que todo hay que tenerlo en cuenta.
Sin embargo, estoy segura de que, al igual que me ocurrió con los espárragos en conserva, el día que me decida a probarlo descubriré que he estado años desdeñando un manjar exquisito.
¿Y ustedes? ¿Tienen también en sus estanterías libros en conserva?