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Lo de Venus me huele fatal

Publicado el 16 octubre 2020 por Jorge Maqueda @jorgemaqueda

 Ensayo

Ciencia  ― Astronomía ―AstrobiologíaVenus

Lo de Venus me huele fatal

Una imagen de Venus, hecha con datos registrados por la nave espacial japonesa Akatsuki en 2016. Tan cerca, tan similar y muy misterioso, el planeta sorprendió a los científicos con una firma química en sus nubes.Credit...PLANET-C Project Team/JAXA (Foto : New YOrk Times)

   Recientemente todos pudimos escuchar y leer, en diferentes medios de comunicación, en relación a un nuevo descubrimiento por parte de Científicos europeos y estadounidenses, asegurando, que han encontrado posibles indicios de vida en Venus “casualmente” el planeta más cercano a la Tierra. Pero, y digo casualmente, no sólo por el hecho de ser el planeta mas cercano a la tierra, sino, porque de facto no lo estaban buscando. Lo cierto es, que se encontraban ―si no recuerdo mal haber escuchado a algún experto, posiblemente a José Manuel Nieves― haciendo correcciones ópticas y o calibraciones con uno de los telescopios ―algo así como entrenando con nuestro planeta vecino, para que me entiendan― cuando registraron una anomalía, un marcador no esperado procedente de la luz reflejada por la atmosfera del planeta: la “fosfina”. Dicho en otras palabras, encontraron algo que no debería estar ahí: en la atmósfera de Venus pues, producirla es muy complejo y la composición química del planeta, en las nubes, debería destruir la molécula mucho antes de poder acumularse en las cantidades registradas, lo que les llevo a pensar, que allí están teniendo lugar procesos químicos totalmente desconocidos hasta ahora que ―según los investigadores― lo más probable, es que tengan que ver con la química de la vida en Venus. Todo ello, después tener en cuenta todos los escenarios posibles, no encontrando otra razón que explique la presencia de fosfina, por tanto siendo la única plausible el origen biológico. Y todo esto en principio debería alegrarme, pero no es así; en su lugar me  lleva a deliberar acerca de algunas cuestiones como: si están buscando donde deben o, siquiera, si saben lo que tienen que buscar; pues más parece que, ni lo uno ni lo otro. Pero vayamos primero con la fosfina en cuestión.
     Por lo que conocemos y sabemos de nuestra experiencia en planetas rocosos como el nuestro, sólo la vida —bien en vertebrados o microbianos (bacterias)— puede producir la fosfina de forma natural. Se trata, por supuesto, de la excreción de algunas especies de bacterias (anaeróbicas) que viven en entornos sin oxígeno, en vertederos, zonas pantanosas e incluso en los intestinos de los animales. A modo de aclaración: las bacterias producen diferentes tipos de desechos según el tipo de respiración que realizan; las bacterias aerobias (necesitan oxígeno para vivir) excretan dióxido de carbono y agua, mientras que las bacterias anaerobias (no necesitan oxígeno para vivir) excretan ácido acético, que sirve para producir vinagre, o ácido láctico que es la base para elaborar productos como el kumis o el yogurt. Además, algunas bacterias excretan algunas sustancias útiles para el ser humano, como insecticidas o combustibles; otros, liberan sustancias tóxicas altamente peligrosas que producen enfermedades como la disentería, el botulismo y el tétano. Añadir, que los humanos hemos aprendido a utilizar la fosfina para diferentes actividades: se utilizó como arma química durante la Primera Guerra Mundial, y aún se fabrica como fumigante agrícola; además, se utiliza en la industria de semiconductores y es un producto secundario de los laboratorios de metanfetamina. Y sabiendo esto, tratándose, además, de un compuesto químico bien conocido y con el que estamos familiarizados y,  que se encuentra en un planeta cercano, observable a simple vista, la pregunta es: ¿Por qué no estamos desde hace años investigando Venus? Lo dicho: lo de Venus me huele fatal, y me explicaré.
     Para mí, y creo que para todos: el tiempo es importante, así como el dinero de los presupuestos que se destinan a investigación, exigiendo, de algún modo resultados, digamos: no inmediatos pero sí, algo concluyente derivado de las averiguaciones, en relación a la línea de investigación que se este siguiendo. Sin embargo, cuando hablamos de astrónomos es como hablar de niños, a los que les gustan más los juguetes que el juego, y como tales, no paran de pedir juguetes nuevos a Papa Noel. 
     La tecnología, ha propiciado que a día de hoy dispongamos de un arsenal de instrumentos que permiten observar cuerpos oscuros en otras estrellas o, como se ha oído estos últimos días: incluso en otras galaxias. Estos avances tecnológicos en las últimas décadas, y la posibilidad para muchos jóvenes astrónomos de realizar algún descubrimiento extraordinario, han propiciado que los científicos miren cada vez más lejos, olvidando, aquello que tienen más cerca, en una actitud poco acertada ―como los hechos están demostrando―en ese afán tan humano de descubrir, en lugar de examinar lo ya descubierto. Lo peor, es que el padre de todos estos niños caprichosos: “Carl Sagan” de estar todavía entre nosotros, les diría algo parecido a “Ya os lo dije”. Pues Sagan, hace 50 años ya advirtió de la posibilidad de vida en la atmosfera de Venus. Concretamente en 1967 cuando publicó un artículo en Nature llamado Life on the Surface of Venus? y que él mismo resumía explicando “observaciones recientes arrojan luz sobre la atmósfera, la superficie y la posible biología del planeta más cercano”. Y  más adelante preguntándose sobre la posibilidad de vida en el planeta, nos explicaba: 
    Ningún microorganismo terrestre conocido puede sobrevivir más de unos minutos a la exposición a 600 K; las proteínas se desnaturalizan, el ácido desoxirribonucleico se despolimeriza e incluso pequeñas moléculas orgánicas se disocian en breve períodos de tiempo. Las temperaturas en los polos de Venus probablemente no sean más de 100 K más frías que la temperatura planetaria media, y parece bastante seguro que los organismos terrestres depositados en la superficie del planeta morirían rápidamente. En consecuencia, parece que hay poco peligro de contaminación de la superficie de Venus.      Sin embargo, las condiciones son mucho más favorables en altitudes más altas, especialmente justo debajo de la capa de nubes, y existe la clara posibilidad de contaminación biológica de la atmósfera superior de Cytherean. A temperaturas tan altas y en ausencia de agua líquida, parece muy poco probable que existan organismos superficiales autóctonos en la actualidad. Si la vida basada en la química del carbono-hidrógeno-oxígeno-nitrógeno alguna vez se desarrolló en la historia temprana de Venus, debe haber evolucionado posteriormente a nichos ecológicos subterráneos o atmosféricos. 
     Pero, y por si fueran pocas las razones para prestar atención a venus, éste (y por alguna razón) ya era de interés científico en el pasado para la Unión Soviética (URSS), quienes desarrollaron un programa de sondas espaciales llamado Venera entre los años 1961 y 1984, siendo éstas las primeras naves en llegar a Venus, completando así por primera vez los viajes interplanetarios con éxito. Diez de las sondas de la serie Venera lograron aterrizar con éxito en la superficie de Venus y transmitir datos de su geología, incluyendo las misiones Vega 1 y 2. Además, la sonda del Venera 13 logro transmitir con éxito datos de la atmósfera de Venus. Sin embargo, la disolución de la URSS principalmente, y posteriormente el interés en explorar nuevos planetas: Marte primero y el resto del planetas del sistema solar después, avocó al olvido a Venus, en mor de un bien, no sé si mayor, pero sí más lejano, costoso y sin consecuencias favorables hasta el momento. De lo que concluyo, que si hay algo que define a nuestra especie, por encima del hecho indiscutiblemente humano de equivocarse, es el de no hacer caso anteponiendo lo que queremos hacer, por encima de lo que deberíamos hacer.
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