Todo un clásico, «Lonesome Town» de Ricky Nelson, y también un éxito (alcanzó el top 7 del Billboard Hot 100) en los Estados Unidos cuando fue publicada en 1958, aunque fue Quentin Tarantino el responsable de darle una segunda vida (la banda sonora de Pulp Fiction fue la que en gran medida dio a conocer esta desgarradora balada a las nuevas generaciones), y quien de alguna forma parte dio el pistoletazo de salida a una suerte de reconocimiento en la cultura popular mediante su inclusión -no podía ser de otra manera, son los tiempos que nos ha tocado vivir- en incontable capítulos de incontables temporadas de incontables series de televisión.
Echemos la vista atrás: Ricky Nelson era un joven cantante, quizás más guapo que Elvis y como aquel, un ídolo para las/los adolescentes de la época, siendo como era una estrella ¡desde los ocho años! en radio y televisión gracias a su participación en la sitcom «The Adventures of Ozzie and Harriet» que protagonizaba la familia Nelson al completo; en cualquier caso sin una pelvis tan potente como la del de Memphis. En definitiva, la clase de chico con cara de bueno que las madres querrían para sus buenas hijas americanas, una apreciación que probablemente no jugaría, con el paso del tiempo, a favor de la consideración de su valor como intérprete, cuando lo cierto es que Nelson cantaba notablemente bien.
El caso es que la precoz estrella televisiva lanza en 1957 su primer sencillo, «I’m Walkin«, al que seguirá de forma casi inmediata (business is business) un largo de título «Ricky«, y a partir de ese momento, es un no parar en el que se encadenan éxitos radiofónicos como «Poor Little Fool» (su primer número uno en las listas de éxitos estadounidenses), con nominaciones en los Globos de Oro, merced a su interpretación, junto a John Wayne, Dean Martin y otros estrellones, en la película de Howard Hawks «Río Bravo». El brillo de su estrella se apagaría ligeramente durante la década de los sesenta, relegándole al incómodo papel de invitado estelar en horas bajas, pero en los setenta su carrera tuvo un inesperado resurgir en la escena country cuando «Garden Party«, canción firmada por Rick (con la madurez no sólo se alejó del público teen, también perdió la «-y», y ganó una banda) Nelson and the Stone Canyon Band, alcanzó el top 6 de los charts. Finalmente, y en un siniestro paralelismo con su predecesor Buddy Holly, falleció en un accidente aéreo en 1985, a bordo de una avioneta que en su día había pertenecido a Jerry Lee Lewis. Estrellas del rock’n’roll: alejaos de los aviones, en serio.
Vamos con la canción, tan conocida en realidad (y tan versionada: The Ventures, Paul McCartney, The Cramps, Jason Donovan… ¡hasta Françoise Hardy la hizo suya!) que poca presentación necesita: un dramón tan pasado de rosca cuya letra da hoy hasta un poco de risa, pero que en su día fue capaz de convertir los lacrimales de millones de adolescentes en inagotables manantiales.
«There’s a place where lovers go
To cry their troubles away
And they call it ‘Lonesome Town’
Where the broken hearts stay
You can buy a dream or two
To last you all through the years
And the only price you pay
Is a heart full of tears«
¿No es tremendo? La composición, original de Baker Knight, le saca punta a aquello de «cuanto peor, mejor», y nos muestra el corazón despedazado de un hombre incapaz de olvidar. Su adiós al amor es un adiós al rock’n’roll, a la misma vida y un hola terrible a la más desesperante soledad. Sólo quedan Ricky y su guitarra, y hasta los coros de The Jordainaires se oyen como el eco lejano de algo que ya no volverá.
«Goin’ down to Lonesome Town
Where the broken hearts stay
Goin’ down to Lonesome Town
To cry my troubles away
In the town of broken dreams
The streets are filled with regret
Maybe down in Lonesome Town
I can learn to forget
Maybe down in Lonesome Town
I can learn to forget
(Lonesome Town)»
Efectos colaterales de una educación cinéfila un tanto particular: cada vez que la escucho esta arrebatadora oda a la soledad me viene a la cabeza el Nick Rivers que tan bien compuso Val Kilmer en la película «Top Secret!», interpretando la también muy dramática «Spend This Night With Me (Baby Please)» y amagando con suicidarse sobre el escenario, en su extática actuación, para desesperación de sus desconsoladas fans.