Es por ello que nos alegramos de que el diario El País conmemore el 40º aniversario de su aparición en los quioscos, compartiendo estantería junto a otros que tienen mucha más antigüedad, caso de La Vanguardia o ABC, o son más jóvenes, como El Mundo y La Razón, por citar algunos ejemplos. En su conjunto, e independientemente de la línea editorial de cada uno de ellos, posibilitan una variada oferta informativa de “gente que cuenta a la gente lo que le pasa a la gente”, como definiera Eugenio Scalfari, director de La Reppublica, prestigioso diario italiano. El País ha venido contándonos, desde que nació un mes de mayo de 1976, nuestras ilusiones democráticas, los anhelos de libertad y las esperanzas de bienestar y progreso que de manera colectiva sentíamos tras la muerte de Franco, el dictador que, tras promover una guerra civil, impuso un régimen dictatorial durante más de cuarenta años en este país. El periódico surgió en un momento crucial para España, el de la Transición, un proceso de transformación política que iba restaurar una democracia que nos equipararía a las demás naciones de nuestro entorno. En ese contexto, El País supuso una bocanada de aire fresco en el panorama mediático y respondía a las exigencias y expectativas de la sociedad española, abocada ya a disfrutar de libertades y exigir derechos como ciudadanos de un Estado moderno y democrático. Tal vez por ello el periódico no ha tenido empacho en declararse “pionero en la defensa de la libertad en España”, un calificativo que procede de su actitud en defensa de la Constitución cuando la intentona de golpe de Estado de Tejero tenía secuestrados al Gobierno y los dirigentes políticos en el Congreso de los Diputados. Aquella portada marcó una época y cubrió de prestigio al diario.
Pero ser líder y ser poderoso le ha acarreado riesgos y problemas al periódico y a su matriz, el Grupo Prisa. Ha tenido que afrontar dificultades económicas a causa de su desmesurado endeudamiento por expandirse y abarcar otros sectores y otros países, especialmente en América Latina y Portugal, lo que le ha forzado tener que abandonar proyectos, para reducir deuda y gastos, como Canal+, Digital+, el canal de noticias CNN, etc., y aplicar ERES y despedir parte de su plantel de trabajadores, cerrando delegaciones territoriales en Andalucía, Valencia, Galicia y País Vasco, entre otras medidas traumáticas para el personal y el prestigio.
No es de extrañar, por tanto, que aquel El País, que nació como “diario independiente de la mañana”, prefiera ser reconocido como “diario global en español”, lema que se ajusta más a sus objetivos y propósitos. Tampoco extraña que del voluminoso ejemplar que podía adquirirse cada mañana, en sus primeros años, generoso en páginas y noticias, se haya pasado a la escuálida oferta que, salvo excepciones, se recoge hoy en los quioscos, más parecida a una hoja parroquial por su volumen y, casi, su temática. Es signo de una decadencia que, seguro, no se reflejará en los fastos conmemorativos de su 40º aniversario, pero que también forma parte de la historia del periódico.