La sesión está diseñada para ir “de menos a más”, comenzando con algún ejercicio sobre cómo nos comportamos siendo clientes. Es fácil entrar en el mundo omnicanal y ver sus ventajas (poder comparar ofertas a través de internet, poder comprar on line y recoger el producto en una tienda física, etc.).
En algunas ocasiones hemos utilizado algún vídeo para ilustrar hacia dónde se dirige el comercio minorista omnicanal …
A partir de aquí se produce un salto cualitativo muy relevante: si la compañía está implementando actuaciones estratégicas muy importantes para convertirse realmente en una empresa ominicanal es porque los clientes son omnicanal … y el siguiente paso será que los profesionales de las tiendas tendrán que ser “profesionales omnicanal”.
A esta conclusión suelen llegar los propios profesionales, en este momento de la sesión, aunque inmediatamente se les dibuja en su rostro una inquietud: “¿en qué consiste ser un profesional Omnicanal?”.
Al principio parece difícil responder a esta cuestión, si bien de nuevo la sesión (y los ejercicios y dinámicas que empleamos) les ayuda a que “visualicen” algunos comportamientos que pueden servirles de guía en este “nuevo mundo”.
En primer lugar destacamos que ese “nuevo” profesional ha de ser proactivo … aunque no a la “vieja” usanza. La proactividad ahora, por ejemplo, hay que entroncarla con las nuevas tecnologías (internet y las redes sociales son entornos por los que nuestros clientes transitan habitualmente … luego hemos de ser proactivos también ahí).
En segundo lugar, hemos de transmitirle al cliente (especialmente cuando acude a nuestras tiendas físicas) que amamos nuestro negocio, que le ponemos pasión, intensidad, cariño, mimo, … a nuestro quehacer diario.
Un tercer elemento importante es que el hecho de ser omnicanal implica tener una oferta de valor mucho más amplia para el cliente. El portfolio de productos/servicios ha crecido exponencialmente en muy poco tiempo. Como profesionales, por tanto, hemos de encontrar soluciones que van mucho más allá de lo que se encuentra en la tienda física. Uno de las “derivadas” de este elemento es que tenemos que estar permanentemente al día de las novedades que se van publicando (y que el cliente puede conocer de manera inmediata).
El cuarto pilar es muy sencillo de formular pero más difícil de interiorizar: el cliente pertenece a la compañía en un sentido amplio. Esto implica que en cualquier punto de la red (física o virtual) tenemos que trabajar para que el cliente tenga la experiencia más positiva (idealmente “más allá de sus expectativas”). De esta forma conseguiremos su “lealtad”. Esto implica, por tanto, tener una visión mucho más amplia, cambiar “territorio” por “escenario”, no estar centrado en mi sino en el cliente y sus necesidades y expectativas. Una frase muy descriptiva a este respecto es que en términos de cliente “donde quiera, cuando quiera, cómo quiera”.
Por último, pero no menos importante, podemos concluir con otra máxima del entorno Omnicanal: el cambio ha venido para quedarse, “el viaje a la transformación” ha de ser una evolución constante, sin marcha atrás, exigiéndonos una actualización permanente, una innovación permanente, una apertura permanente, …
Esperemos, pues, que podamos aprovechar todo la fuerza, el empuje y las posibilidades que el mundo Omnicanal en el que (ya) vivimos nos ofrece.