Los ases bajo la manga de las guerrillas

Publicado el 09 junio 2016 por Juan Juan Pérez Ventura @ElOrdenMundial

Si queremos situar un punto inicial para el combate de guerrilla, podemos fácilmente situarlo desde el primer conflicto entre tribus prehistóricas. Desde hace miles de años, el hombre ha ido evolucionando la manera de combatir, los diferentes caminos de hacer la guerra. El conflicto, el combate que se producía entre estas tribus primitivas también podrían ser un ejemplo de guerra de guerrillas: no contaban con una estructura militar jerarquizada, no hacían uso de un uniforme oficial, y tampoco concurría un combate en un campo de batalla con dos frentes claramente diferenciados. Trataban de emboscar, saquear y arrasar aldeas enemigas en el menor tiempo posible. Al contrario que la guerra de guerrilla, la guerra convencional es un concepto mucho más moderno. Teóricamente, no se puede configurar un ejército convencional hasta que no se haya creado un estado, pues el mantenimiento de sus tropas depende de una comandancia militar estructurada, un programa logístico, burocracia… Con la creación de los primeros imperios nacerían los primeros ejércitos profesionales, que encontraban resistencia armada dispersa en forma de rebeldes y guerreros nómadas. Guerrillas.

La metodología, las tácticas de ejércitos irregulares quizás no hayan cambiado tanto con el paso del tiempo. Pero sí han ido adaptándose gracias a nuevas tecnologías, que han proporcionado nuevos medios para realizar ataques más precisos y letales, mayor información para preparar emboscadas y hacerse con el control del armamento enemigo. Grupos insurgentes con mayor capacidad para cortar líneas de suministro, conocer mejor los puntos débiles y atacar donde más duele. Se ha definido como una forma de hacer la guerra “irregular”, “No convencional”, pero no por ello menos efectivo.

La importancia de la opinión pública. El apoyo de la población

Por parecida que sea la estructura y la manera de ejecutar sus acciones, las guerrillas se han visto influenciadas a lo largo del tiempo por factores como la política a través de la insurgencia, aprovechar el conocimiento del terreno o la opinión pública manifiesta, junto con el producto mediático que los medios informativos lanzan a los consumidores. Este último factor no pasaría de largo a uno de los mayores estrategas en cuanto a guerra de guerrillas se refiere, Mao Tse Tung, en su escrito “Sobre la guerra prolongada”, en el que hace constar la importancia para los soldados de mezclarse con la gente del lugar, aprender de sus costumbres, conocer su día a día. Mientras que la población se asemejaría al mar, al agua, el ejército conformaría los peces que viven en ella. Cuanto mayor y más estrecha sea su relación, mayor aceptación tendría un ejército insurgente, simpatizando con la causa. Una visión un tanto alejada a la relación que podría tener Atila y los hunos con las aldeas y pueblos conquistados. En los tiempos modernos, la relación con la población puede brindar una ventaja fundamental como la que tuvo la Resistencia francesa ante la invasión nazi: proporcionando suministros, inteligencia sobre el enemigo, ocultando miembros en zonas urbanas ocupadas, asistiendo a la defensa de ciertos distritos, etc.

Miembros de la resistencia francesa durante la liberación de París en 1944. Fotografía de Robert Doisneau

El desarrollo de nuevas formas de comunicación supuso un componente ideal para influir en la opinión pública. Insurgentes y grupos revolucionarios han dependido en gran parte de ésta para continuar con sus luchas particulares, las cuales sin el apoyo de la población no tendría ningún sentido estricto. No cuentan con la misma capacidad armamentística ni efectiva para hacer frente a un ejército convencional, al contrario que Mao Tse Tung contra el Kuomintang. A finales del siglo XIX y principios del XX, grupos anarquistas se labraron la reputación de grupo revolucionario antisistema al atacar figuras políticas y miembros de familia real, como los intentos de atentar contra la vida de Alfonso XII en España, o el asesinato del primer ministro español José Canalejas a manos de Manuel Pardiñas. Se acuñó el término “Propaganda por el hecho”, transmitiendo el mensaje a través de acciones, no palabras. Osama bin Laden llegaría a afirmar en una carta a Mullah Omar, líder talibán, que “más de la mitad de las batallas se están librando en el campo de los medios de comunicación. La guerra con estos representa el 90% de la preparación para la batalla”.

A muchos le llegará la imagen del Che Guevara si mencionamos la palabra “revolución”. Nadie puede negar el carisma y la popularidad que tuvo el Comandante Guevara entre la población cubana, y la que póstumamente obtendría su causa allende fronteras. Lejos de la icónica imagen que representa, los hechos plasman la victoria sobre la dictadura impuesta por el general Batista tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, previo a las elecciones en Cuba. La situación en su capital, La Habana, reflejaba un panorama de corrupción, violación de derechos humanos y un trato de favor a empresarios y mafiosos que viajaban desde Estados Unidos para instalarse en casinos y hoteles. El que fuera asesor del Presidente Kennedy, Arthur M. Schlesinger Jr., describiría La Habana como “una encantadora ciudad convertida en un burdel y un casino para hombres de negocios norteamericanos”. Batista se erigiría como un hombre más cercano a los intereses de EEUU que a los de su propio pueblo. Explotando comercialmente a Cuba con un gobierno represivo y corrupto, comenzó a germinar la semilla de la resistencia y de la revolución. En este sentido, Batista perdería claramente la guerra en el campo mediático, algo que cobró una importancia notable a la hora de ser derrocado finalmente en 1959.

El Viet-Cong y el factor cancha. El as bajo la manga norvietnamita

Una de las características más típicas de las guerrillas es su familiaridad con del terreno. Ya sea zona rural, urbana, en medio de la jungla o entre montañas, la guerrilla destaca por conocer hasta el mínimo rincón de la zona donde se encuentran. Esto proporciona una ventaja vital a la hora de equilibrar la balanza a tu favor. Si no, que se lo pregunten a Estados Unidos y los problemas para localizar a grupos talibanes entre las montañas de Afganistán. O la derrota sufrida entre junglas de bambú a manos del ejército norvietnamita y el Frente de Liberación Nacional, más conocido como el Viet Cong.

Esta última puso sobre la mesa la efectividad de las tácticas de guerrilla frente a un ejército todopoderoso como el estadounidense. Un enfrentamiento en plena guerra fría tras la expulsión de los franceses en 1954, buscando la unificación que trataría de desbaratar las fuerzas de Vietnam del Sur y Estados Unidos. Liderados por Ho Chi Minh, los efectivos militares de Vietnam del Norte ocupaban la primera línea de batalla, mientras que el Viet Cong hostigaba con ataques relámpago en la jungla, trampas hechas de estacas de bambú, pinchos y emboscadas aprovechando puntos clave del terreno. Si bien es cierto que tanto la Unión Soviética y China proporcionaron armamento y suministros al ejército norvietnamita, Vietnam del Sur contaba con el apoyo americano: mayor número de efectivos: infantería, artillería, y una superioridad aérea que permitía realizar bombardeos estratégicos. Ante la amenaza que presentó el Viet Cong, se introdujo la estrategia militar de “buscar y destruir” (Seek and Destroy), en la que pelotones de infantería se infiltraban en territorio hostil para localizar al enemigo, destruirlo y retirarse inmediatamente con apoyo aéreo, lo cual no resultó finalmente eficaz.

Enfatizando la importancia de conocer el terreno, una de las claves de la estrategia del Viet Cong residía en el uso de túneles. Bien escondidos y perfectamente camuflados, resultaban perfectos para ataques relámpago y emboscadas, donde varios soldados podían atacar repentinamente y desaparecer sin dejar rastro. En el distrito de Cu Chi, al noroeste de Saigón, se extiende un extenso sistema de túneles interconectados entre sí, rutas subterráneas que servían para dar cobijo a las tropas, transporte de suministros, como zonas de entrenamiento y bases operativas… Una cobertura perfecta contra los ataques aéreos norteamericanos.

El entramado subterráneo del Vietcong fue una gran ventaja a la hora de combatir a las tropas norteamericanas

A todo ello le sumamos el ingenio y la capacidad inventiva del Viet Cong a la hora de crear trampas. El terreno de combate estaba formado por densas junglas, humedales, zonas empantanadas donde la visibilidad era muy reducida. Un escenario perfecto para colocar trampas con estacas de bambú impregnadas de heces, minas enterradas en el suelo imposibles de localizar, incluso lianas que al ser apartadas del camino activaban granadas de mano que caían cerca del pelotón enemigo.

Estos dispositivos, aparte de causar un gran número de bajas (un 11% del total de bajas de EEUU) y heridos (alrededor de un 17%), suponen un golpe para la moral del enemigo. El estrés producido por un este campo de batalla era algo para lo que los americanos nunca estuvieron preparados. Las imágenes que llegaban del desarrollo de la contienda no eran alentadoras, provocando entre la sociedad estadounidense un profundo rechazo a la guerra y al alistamiento militar. El desenlace lo definiría perfectamente Henry Kissinger, por aquel entonces miembro Consejero de Seguridad Nacional para el gobierno de Nixon: “Nosotros buscamos su debilitamiento físico; nuestros oponentes, el agotamiento psicológico. En el camino, olvidamos una de las máximas de la guerra de guerrillas: ellos vencen si no pierden. En cambio, un ejército convencional pierde si no gana”.

La pesadilla de Napoleón: la guerrilla española

En el plano político, la oposición de la sociedad civil, de la población que sufría una invasión por parte de un ejército foráneo se traducía en una resistencia frente a la nueva autoridad. Llevada a cabo por grupos insurgentes, la resistencia armada tuvo uno de sus mayores exponentes en la Guerra de la Independencia española frente a la Francia Napoleónica. Sería la primera vez que se concentrara un grupo de guerrilleros numeroso y disperso en un campo de batalla amplio. La ocupación de las tropas napoleónicas se originó gracias al Tratado de Fontainebleau, por el cual se permitía el paso por España para invadir Portugal. Una ocasión ideal para ocupar la península sin recibir resistencia. Tras las abdicaciones de Bayona, Napoleón aprovechó la renuncia al trono de Carlos IV y su hijo Fernando VII, y decidió mandar al exilio a la familia real. Figuras políticas, burócratas y aristócratas españoles juraron fidelidad a José I, el hermano de Napoleón. Este gesto se vería como una traición en sí, tachando de colaboracionistas a todo aquel que deseara apoyar la ocupación francesa por afinidad política, ideológica o interés personal. El levantamiento del 2 de mayo en Madrid, y las represalias tomadas por el Mariscal Murat encenderían la mecha final para el llamamiento a todos los españoles a empuñar las armas en contra del invasor. Hay que recordar que el ejército español inicialmente no apoyó el levantamiento.

Las principales zonas de actuación de la guerrilla española, claves en la derrota de Napoleón.

Las guerrillas comenzaron a surgir en todas las regiones españolas. Se derrocaron autoridades impuestas por franceses, y se formaron las llamadas juntas. Reclutando ciudadanos de a pie, tomaron mosquetes y cañones de armerías locales que utilizaron en campamentos militares para aprender a disparar. Aprendieron que al ejército francés no se le podía vencer en pleno campo de batalla, así que llevaron el combate a la lucha callejera. Golpear y huir, atacar en pequeños grupos de paisanos a las patrullas francesas, causando inseguridad y desconfianza. Bandidos asaltaban caminos y rutas por las que pasaban convoyes de suministros. Al ser la península un territorio donde la población se encuentra tan dispersa, los franceses no podían seguir el rastro de estos guerrilleros. Se formaron partidas, pequeños grupos formados por amigos y vecinos, los cuales repartían el botín requisado entre ellos. Poco a poco, haciéndose con el control de aduanas francesas y puestos avanzados, se pudo pagar un salario regular a los combatientes. Esto, junto con el apoyo que el ejército británico brindaba a tropas y guerrilleros españoles, comenzó a decantar la guerra a favor de España, causando un gran desgaste con el paso del tiempo a las tropas francesas.

El primer ministro británico, William Pitt, hizo referencia al sentido del honor de la gente de España, su sobriedad y sobre todo, odio a los franceses. Napoleón descartó claramente a este grupo de guerrilleros, tildados como simples rateros y bandidos sin mayor fin que el pillaje y la villanía. Como él mismo reconocería más tarde preso en la isla de Santa Elena, “esa desgraciada guerra me destruyó”.

Curiosamente, la guerra de guerrillas ha sido la forma predominante de combatir del ser humano. Con el paso del tiempo, las guerras convencionales son las que en su mayor parte escriben la historia, pero la fuerza dominante hoy en día son ataques puntuales por fuerzas militares que no representan a un país concreto. Una disciplina que tiene sus raíces bien enterradas en la sociedad, con unas convicciones individuales que varían de una lucha a otra, pero cuyo entendimiento resulta relevante para comprender por qué están combatiendo. En la Guerra de la Independencia española, el sentimiento de odio hacia los franceses bastó para que más de 25.000 españoles repartidos en toda la península plantaran cara al ejército de Napoleón. Qué problemas sufre la sociedad, la injusticia y el maltrato que sufrieron los cubanos durante la dictadura de Batista, que poco más actuó como un camarero al servicio de mafiosos y empresarios, provocó una revolución que definiría la política tanto interior como exterior de Cuba hasta el día de hoy.

Muy recomendables son “La ciudad perdida” y “Platoon”. Por una parte, la situación vivida en La Habana en el momento de transición de la dictadura de Batista al gobierno de Fidel, las reivindicaciones del grupo revolucionario y los negocios que ejecutaban empresarios norteamericanos en la zona. En Platoon, a pesar de ser rodadas en las junglas filipinas, ofrece una visión completa e impactante sobre el cansancio físico y mental que supuso combatir en aquella guerra.