De esta manera, se explica cómo los dinosaurios habían sobrevivido a la extinción confinados en el interior de la tierra —concepto reminiscente de Burroughs y sus mundos soterrados— y ahora emergían al exterior para destruir la humanidad, liderados por un maléfico tiranosaurio que respondía al nombre de Ururu. Los animales prehistóricos además habían desarrollado capacidades telepáticas, y algunos, como el villano, la capacidad de hablar. Eran, a todas luces, una suerte de supermonstruos.
Los argumentos ahondaban, entre combate y combate, aventuras por tierra, mar y aire, en los problemas de ego de los integrantes del equipo, o incluso con el propio ejército, con los que siempre estaban en rivalidad hasta que consiguen enterrar sus diferencias. Por tanto, pasando los más formulaicos episodios iniciales pasábamos a historias de lo más variopinto, incluyendo un flashback donde se contaba el accidente que había sufrido la familia Tachibana y que había terminado por convertir en ciborgs a Ai y Zen.
Igualmente, a mitad de serie aparecía un nuevo villano Gottes —y su mujer Zobina—, ambos unos gigantes con máscaras y dotados con capa procedentes del espacio, y ante los cuales los dinosaurios rendían sumisión. Pero también en ese punto, Ai y Zen desarrollaban una nueva habilidad, y se transmutaban también en un enorme luchador con una espada gigantesca, luchando cuerpo a cuerpo contra las bestias. Hasta los propios dinosaurios dejaban de lado su morfología auténtica, y pasaban a ser extraños conglomerados de partes cibernéticas, miembros reptilianos y en algunos casos, segmentos y pelos propios de los mamíferos. Sin olvidar que durante el transcurso de la serie se estrenó La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977), por lo que el Super Izen, el enorme luchador, llegado el momento su espada tiene un haz de luz muy similar a los sable laser de los jedis de la odisea galáctica de Lucas. En opinión del que suscribe, esta segunda parte perdía gran parte del potencial de la serie, al convertirse en un sucedáneo más de las aventuras de Ultraman —no olvidemos que pertenecía a la misma productora— y se transformaba en algo más genérico y propio de las series Sentai.
En lo referente a las maquetas y trajes de dinosaurios, se realizaron siguiendo el sistema suitmation. Es decir, el clásico recurso de introducir personas en el interior de trajes. Se dejaba de lado el stop-motion de la serie previa [2], y se apostaba con todas las consecuencias por el recurso del hombre disfrazado, perdiendo ese intento de verosimilitud científico en favor de la fisicidad del suitmation. Llama la atención en ese sentido que para dar vida al Tyrannosaurus que domina al resto de dinosaurios, se empleó el mismo traje que el terópodo que había protagonizado The Last Dinosaur (Tsugunobu Kotani y Alex Grasshoff, 1977), una coproducción japo-americana entre Tsuburaya Productions y Rankin/Bass Productions.
-----
[1] El recurso de emplear animación tradicional sobre imagen real no fue exclusiva de Japón. En Australia, el artista Yoram Gross realizó varios proyectos de esta índole, como las aventuras protagonizadas por la pelirroja Dot, o Epic y el nuevo mundo (Epic, Days of Dinosaurs, 1984).
[2] Si bien se reciclaron algunos modelos en miniatura de Dinosaur Expedition Born Free para forjar ese pequeño fragmento en stop-motion donde se ven dinosaurios pastando en el interior de la Tierra, que luego quedan a expensas de los tiránicos gritos de Ururu.
OCTAVIO LÓPEZ SANJUÁN