Los ecos de un ángel eléctrico

Publicado el 22 mayo 2026 por Apgrafic
Difusión

Escrito por Jorge Castillo Peña

En su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Walter Benjamin definió el aura como la presencia única y singular que envuelve a una obra de arte en su contexto espacio-temporal, aquella “aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse”. El aura está ligada al “aquí y ahora” de la experiencia artística, a esa conexión auténtica entre la obra, el creador y el público.

Sin embargo, la reproducción técnica masiva —como la fotografía, el cine o las grabaciones digitales— destruye esa unicidad al permitir que la obra sea replicada y consumida en contextos múltiples y distantes. Así, Benjamin advierte que la reproducción erosiona la autenticidad y transforma la experiencia estética en un espectáculo que, si bien democratiza el acceso, pierde su carácter ritual y transformador. Algo de esa tensión sigue vivo en la música popular: cada interpretación en vivo tiene su propio “aquí y ahora”, su vibración irrepetible.

En ese encuentro entre artista y público —entre voz, sonido y emoción— habita lo que Benjamin llamaba el aura. En Soda Stereo, Cerati encarnaba muy nítidamente esa energía. No era solo un músico brillante, era un frontman carismático y, por su magnetismo, el centro neurálgico de una experiencia colectiva. Su voz, su elegancia, su forma espontánea de habitar el escenario convertían cada concierto en un acontecimiento irrepetible.

Había en él una mezcla de control y abandono, de distancia y cercanía: esa fascinación del artista que no se agota en la técnica ni en la canción, sino en la intensidad de su presencia. Un verdadero ángel eléctrico. Por eso, el regreso de Soda Stereo con el espectáculo Ecos, donde Cerati está “presente” gracias a la tecnología más avanzada, está despertando sentimientos encontrados en los distintos países donde se ha presentado.

Por un lado, emerge la emoción de volver a escuchar esas canciones que marcaron generaciones. Por otro, la sensación inevitable de que algo falta, de que lo que vemos ya no es Soda Stereo, sino su eco. Un ritual tecnológico que busca recordarlos. Resulta paradójico que, hace cuarenta años, la banda describiera con tanta lucidez la frialdad de una relación mediada por la tecnología: “Comunicación sin emoción, ¡¡una voz en off con expresión deforme!!… busco algo que me saque este mareo, busco calor en esa imagen de video, y no encuentro nada...” (Nada personal, 1985).

Palabras que dan cuenta del desvanecimiento de lo mediatizado, de esa distancia emocional de la proyección de una imagen. Lo que evocaban esas palabras como crítica, hoy es parte del show. El concierto fascina, sí, a algunos, pero también incomoda. Hay en esa experiencia un brillo frío, una belleza sin alma. La tecnología nos devuelve el rostro y la voz de Cerati, pero no su esencia, su aura.

Como anticipó Benjamin, la reproducción técnica multiplica el acceso (y gracias a ella hoy nuevas generaciones están viendo un espectáculo de soda), pero disuelve la unicidad de la experiencia. Ecos es en parte el reencuentro con Soda Stereo (con algunos de sus miembros), pero más bien suena a su proyección digital, a un espejo que en su búsqueda de perfección intenta reflejar aquella esencia y calor de la banda original.

Es impresionante como la tecnología nos deslumbra día a día. La inteligencia artificial puede recrear gestos, tonos e incluso silencios, pero hay algo que no puede hacer: producir esos instantes imprevisibles y espontáneos que solo la presencia humana puede generar. Como aquel “¡Gracias totales!” improvisado en el último concierto de Soda Stereo, que transformó una despedida en eternidad, generando una nueva jerga que transcendió el espacio musical.

Esa chispa, espontánea y única, no se programa ni se repite. Finalmente, no es la técnica la que los trae de vuelta, sino la emoción compartida y el deseo de muchos seguidores de verlos nuevamente. Quizás ahí esté la paradoja de esta época: la nostalgia también se programa. La inteligencia artificial —la misma que ahora hace hablar y cantar a Cerati— también me ayudó con los retoques de esta columna. Después de todo siempre “recordarte es un hermoso lugar”.