Los maravillosos grupos de WhatsApp #IroniaON

Por Enrique Roldán @enrique_roldan

Hace ya unos años que WhatsApp llegó a muestras vidas. Y lo hizo para quedarse, acomodarse y convertirse en la aplicación de smartphones que más usamos al cabo del día. Lo que empezó como un servicio de mensajería cómodo y gratuito ha derivado en un arma que carga el diablo en no pocas ocasiones.

Seguro que muchos de nosotros, por no decir todos, pertenecemos, de manera más o menos voluntaria, a algún grupo de WhatsApp. Los tenemos de todos los tipos y colores: familia, amigos, compañeros de trabajo, de gimnasio, de quedadas con amigos, de cumpleaños de hijos,… Toda actividad grupal que se precie tiene adosada el consabido grupo para intercambiar todo lo habido y por haber: para quedar, para avisar de los retrasos, para comentar los menús de las cenas o para colgar las fotos de la despedida a la que nos ha tocado asistir.

Y quién no ha metido la pata y se ha equivocado en más de una ocasión al mandar mensajes e imágenes a grupos a los que no correspondía, teniendo unos efectos más o menos devastadores dependiendo de lo enviado.  Críticas a alguien que pertenece al mismo grupo y que quedan abiertas a la lectura de todos sus componentes, imágenes subidas de tono que ibas a mandar a los amigos de la peña y al final reenvías a todos los miembros de tu familia lejana a los que sólo ves en los entierros o fotos de la fiesta del finde pasado que, por razones obvias, no querías que estuviesen al alcance de tu novia.

Otra circunstancia común que se da en los grupos es la de ignorar a la persona que hace una propuesta, por ejemplo, de quedar para tomar unas cañas, que o bien tiene la callada por respuesta (se hizo el silencio) o bien se va quedando atrás en las conversaciones tras poner otro miembro del grupo un tema más interesante.

Muchos entrenadores de deporte base me han comentado estos años que los grupos son una forma muy cómoda de poder comunicarse con sus jugadores y con sus padres. Nos permite recordar horarios de entrenamientos y partidos, recordar determinado material que hay que llevar o quedar para después del partido a tomar una hamburguesa. Desde luego tiene una parte muy positiva: el entrenador no tiene que hacer 20 llamadas con sus respectivas repeticiones y contar una y otra vez la misma historia. Cómodo.

Ahora bien, el control de lo que se dice en el grupo recae en el propio entrenador, que es quien lo creó. Los comentarios de unos jugadores sobre otros tras determinados errores en los partidos, o las puyas que puedan lanzar determinados padres del equipo defendiendo a su retoño o bien criticando los aspectos tácticos del entrenador del partido de prebenjamines del pasado jueves, deben ser controlados por el mister, dejando claro que ese grupo es para notificaciones y no para una tertulia deportiva de El Chiringuito.

Una vez que el entrenador cree tenerlo controlado surgen grupos alternativos donde sí se puede criticar a compañeros, al entrenador, árbitros,…, y ahí poco puede hacer el mister que no sea educar en valores a sus jugadores informándoles de lo hiriente de sus comentarios. Muchos conflictos que surgen en los equipos de deporte base vienen a raíz  de determinados comentarios que se publican en los grupos de WhatsApp. Es más, a través de estos grupos y otras redes sociales se dan, cada día más, numerosos casos de bullyng.