La fuerza, como es obvio, no radica únicamente en la trama, sino en la naturaleza de los propios crímenes, en los que siempre están presentes tanto una extrema violencia como un elevado componente sexual, algo que ya parece casi marca de la casa, crímenes que se ven salpimentados también con la reaparición de algunos inquietantes personajes, ya presentes en entregas anteriores, cuya sombra permanece indeleble y muy alargada, tanto como para continuar amenazando la existencia de una inspectora Negro cuya vida personal sigue dando unos tumbos en los que acaso no pueda estar siempre presente el criminólogo Javier Sanjuán, tan dubitativo en lo sentimental como certero en lo profesional.
Esta vez el escenario principal queda mucho más reducido al terreno de Valentina Negro, A Coruña, y se extiende durante casi toda la novela, con su certamen noir en primera plana, conformando así un espacio en el que se nos van a presentar inquietantes damas de la novela negra, ex presidiarios que han encontrado un nuevo camino en la literatura, jóvenes autores musculosos pero sin demasiado talento, críticos adictos sólo al colmillo retorcido, e incluso jovencitas aspirantes capaces de vender su virtud por un buen apadrinamiento en el mundillo. En ese caldo de cultivo se moverá el Fantasma, quien se dedica a ajustar cuentas con autores que han hecho del fraude un modo de vida, y cuyos desmanes tendrán que ser desentrañados por la pareja Negro-Sanjuán.
Los muertos viajan deprisa. Vicente Garrido, Nieves Abarca.Ediciones B. Barcelona 2016. 448 págs. 21 euros.(LA VERDAD, "ABABOL", 28/5/2016)