Según nos cuentan sus hijas [1], también era aficionado a la fotografía y tenía una extensa biblioteca gráfica con la que se documentaba concienzudamente, además de utilizar modelos del natural cuando lo estimaba necesario (una de sus hijas posó para reproducir movimientos de Fideo de Mileto, el inseparable amigo de El Jabato). Curiosamente, al contrario de lo que haría cualquier dibujante, comenzaba reproduciendo los fondos y, finalmente, retrataba a los personajes.
Admirador –como tantos otros artistas de su generación– de Alex Raymond, no sólo comienza intentando imitar su estilo sino también sus fantásticas historietas, por lo que no faltan dinosauroides en sus primeras obras, como los que Flash Gordon encuentra en Mongo, comenzando por Tom, el dominador del universo (1935), con arcaicos textos a pie de viñeta, aparecida en La risa y protagonizada por un estudiante al que unos extraterrestres abducen y se llevan a su planeta, cuya fauna incluye algún monstruo reptiliano al que el autor presenta como “una especie de dragón”.
Publicada en P.B.T. con guión de José María Canellas Casals, En busca de un mundo perdido (1935) narra, como la novela de Conan Doyle, la llegada de una expedición a una tierra desconocida habitada por dinosaurios. Volvería a colaborar con Canellas en el cuadernillo de Marco «El monte de los diamantes» (Colección gráfica de biblioteca de «La risa»/Gran colección de aventuras gráficas #10, 1940), donde Triceratops nos sorprende mezclándose con el resto de la fauna africana.
Además, Darnís volvió a introducir dinosauroides de inspiración raymondiana en otras series que publicó en P.B.T. durante 1936, Sunga, el rey de los caimanes y En el mundo de las fieras, que quedará inconclusa por el estallido de la Guerra.
No hemos conseguido averiguar si dibujó alguno de los dinosaurios que aparecen en la colección Mundo futuro (1955-59) de “Boixcar”, en la que parece que pudo colaborar, junto a otros dibujantes como Iranzo, Huéscar o Rumeu. También Darnís será ayudado a su vez por otros artistas (Luis Ramos, Luis Coch, Juan Escandell, Juan Martínez Osete, Marco, Manuel Carregal, Víctor Arriazu y, muy especialmente, Jaime Juez, su entintador desde 1960) al desatarse el furor por la serie por la que será siempre recordado: el peplum El Jabato (1958), con guión del ínclito Víctor Mora.
En “¡Horrible pesadilla!” (El Jabato #212, 1962), el adalid íbero sueña que se encuentra con un nido de pterosaurios en el momento en que los huevos eclosionan. Pero el 8 de marzo de 1966, poco después de entregar al editor el material para el último cuadernillo de El Jabato, Darnís fallecía a causa de una embolia.
-----
[1] "Francisco Darnís, generación Jabato" en la web de J.R. Mora.[2] El nombre recuerda fonéticamente al críptido africano conocido como Mokèlé-Mbèmbé.