Virgilio, Víctor Hugo, Lope de Vega, Petrarca, Blasco Ibáñez o Calderón de la Barca comparten el honor de haber derramado sangre real o metafórica por sus escritos. Pushkin murió en un duelo, Pessoa tuvo dificultades enormes para encontrar editor y la Divina Comedia estuvo a punto de no publicarse.
La escritora inglesa Charlotte Brontë padeció un sufrimiento de un amor no correspondido que dio como resultado una de sus obras maestras, Jane Eyre. Séneca murió por su propia mano tras ser condenado a muerte hasta tres veces por tres emperadores diferentes.
Junto a autores clásicos renombrados, Posteguillo deja hueco para otros más populares como Salgari, que se quitó la vida con un haraquiri o Agatha Christie y su desaparición sin aclarar. Y hay muchos más misterios, como la extraña muerte de Edgar Allan Poe o la posible reencarnación de Shakespeare. Para desvelarlos hay que atreverse a seguir a Posteguillo y mancharse las manos de sangre pasando las páginas.
Publicado en La Voz de Galicia.