Del recuerdo, señor, de aquel verdenace el suspiro de amor y amarillo,que en la distancia es cálido y sencillo tal rostro que de antaño vino a verme.
Aquel prado, ya conmigo por siempre
con sus miles de flores, con su trigo,sus perros rabiosos en el cortijo,el padre bueno, y mi miedo imberbe.En la lejanía, nubes bajas, y perros rabiosos que las muerdenbebiendo el dulce agua que de ellas mana.Aullando tras las espigas altasperros negros se acercan como gente,esos perros que en mis sueños duermen.¡Corre, corre,
corre a casa, corre lejos!Pero el campo verde se nubla y es inmenso, y los alientos caninos ya mojan mis sienes.Y atrás miro sin respiración,
ahí están, corren, vuelan, pierdo el equilibrio yahora se ven tan altos...Acercan sus muecas delgadas, siempre en manadas negras y densas...Me levanto con la esperanza extinguida y erguida los veo llegar y cobardes como gente se agazapan presas del miedo...Temen los demonios al cordero, ahora temen si los miro, temen si los nombro y uno por uno mastica el depredador el miedo manso del cordero...