'Los Prisioneros de la Torre' de Elsa Drucaroff, un texto necesario

Publicado el 26 noviembre 2011 por Poli @FIPoli27

Foto: Alejandra Golán


No la conozco a Drucaroff ni la había leído, pero en alguna oportunidad me permití intervenir, desde este blog, no compartiendo su posición, en una polémica que entabló con Patricio Pron sobre la joven guardia en la literatura argentina. 
Este libro de más de 500 páginas sobre Política, Relatos y Jóvenes en la Postdictadura empieza a poner algunas cuestiones del estado de la crítica y la literatura argentina en su justo lugar. 
El ensayo de Drucaroff constituye un trabajo de investigación exhaustivo sobre las corrientes más relevantes en la literatura argentina de jóvenes narradores (aquellos nacidos a partir de 1960) luego de la recuperación democrática. 
Es bien interesante el analisis sobre la construcción de estrategias de posicionamiento en el campo cultural de determinados grupos de escritores que se valieron del apoyo de cierto sector establecido de la crítica, en particular trata el caso del autodenominado "Grupo Shangai" de la Revista Babel (Alan Pauls, Daniel Guebel, Sergio Bizzio, Luis Chitarroni, Sergio Chejfec, Martín Caparros). 
Con el apadrinamiento de la crítica Beatriz Sarlo y a la sombra de César Aira, estos jóvenes escritores, a fines de los ´80, establecen los principios que, según su parecer, deben preceder a la buena literatura.  Se hacen un lugar a partir de desacreditar la literatura más clásica, narrativista, realista y popular. El planteo es "cerca de la academia, lejos de los lectores". Estos jóvenes escriben bajo el calor de las teorías de sus académicos de referencia (estructuralismo francés). No hay vida, parece que no hubiera experiencia detrás de los relatos escritos por estos jóvenes, que hubieran sido escritos por máquinas.
Drucaroff desmonta los discursos y las brechas entre estos y la praxis. Alguna vez señalamos a propósito de Carrera y Fracassi, la espectacular novela de Guebel, lo mismo que Drucaroff dice sobre otras obras de estos escritores. "La propuesta estética Shangai es traicionada por Rabia (Sergio Bizzio) o Derrumbe (Daniel Guebel)". Y nunca explican porque ahora reniegan de aquellas opciones estéticas y optan por otras más clásicas que siempre denostaron y que les permite dar lo mejor de su producción. Trasluce cierta frivolidad/liviandad en sus posturas: hoy digo esto, me río, mañana digo aquello, y también me río.
"Beatriz Sarlo cuenta (en Babel) que lo que tiene en su mesa de luz es la última novela del Shangai Alan Pauls, a la que elogia con énfasis por experimental, "carente de función" e "inconsumible", reforzando con semejantes adjetivos no sólo el pacto de ese cenáculo de escritores con la academia, en nombre de una ideología exclusivista y el lugar de la autorreferencialidad como una virtud en sí misma, sino fortaleciendo el divorcio de la literatura con los lectores, justo cuando más urgente era evitarlo". (Pag. 81).
Desnuda a Beatriz Sarlo, tachádola de "crítica patovica", ya que cumpliría, en el sistema de la crítica literaria argentina, igual función que estos en la entrada de los boliches elitistas, seleccionando en nombre del buen gusto quien entra y quien no a ese mundo exclusivo de la alta literatura.  
"Poner antes que nada el rol de guardián de un "buen gusto" cuya validez es, en última instancia, imposible de demostrar no es lo mejor para la literatura, si pensamos que buena parte de las obras más importantes de la historia del arte no fueron comprendidas por la crítica que les fue contemporánea". (Pag. 98).
"Una academia que, ni aquí ni en ninguna parte, perdona a los artistas que venden bien, al menos cuando es contemporánea a ellos".
Pero lo peor que Drucarof le endilga a Sarlo es deshonestidad intelectual. Así, Drucaroff nos recuerda cuando Sarlo para desacreditar la excelente novela de Alejandro López, Kerés cojer?=Guan tu fak, la contrapone y celebra a un consagrado como Puig, cuya narrativa, por cierto, ella siempre había descalificado. "Aunque, claro, el aplauso es parte de una operación patovica: lo celebra solamente para mostrar cómo el consagrado autor ya fallecido hace muy bien lo que López, novel y aún vivo, hace insalvablemente mal".( Pag. 221).
Vale la pena detenerse también en el ataque que Drucaroff realiza a la crítica de Sarlo a la novela de Claudia Piñeiro, Elena sabe, en realidad a la destrucción que Sarlo lleva adelante de esa obra contrastándola contra Bernhard y Saer. 
Recordemos que Piñeiro es best seller y que "entre los métodos para leer de Sarlo estaba su proclamado desprecio a toda literatura que tuviera aceptación y consumo. (Pag. 84).
En este blog hemos alertado sobre lo engañoso de la crítica que hace Sarlo utilizando un lenguaje ambiguo cuando no se anima a desacreditar a un escritor afirmando que escriba mal pero, por algún motivo, quiere "ajustar cuentas". Ver la crítica, que hicimos oportunamente en este blog, a la crítica que hace Sarlo a Cine, la primera novela de la trilogía de Juan Martini, en Perfil.
Después de Sarlo, Drucaroff arremete contra la literatura y la elección estética de César Aira con contundencia. "Encuentro la obra de César Aira reiterativa y trivial. La novedad de sus primeros libros marca evidentemente un quiebre pero hace más de treinta años que su obra da la misma discusión estética y hace veinte que ésta ya no es ni siquiera  una discusión, ni significa riesgo alguno. Al contrario, se corresponde con la estética oficial de la crítica académica, que sigue execrando la ingenuidad del realismo y de los verosímiles consistentes, como si esto fuera aún una novedad (y no una rutina en la industria televisiva), se burla del compromiso político, las certezas teleológicas, la causalidad, y hasta desprecia la profundidad psicológica en la construcción de personajes, considerándola otra ingenuidad de quien olvida que, en definitiva, todo es artificio lingüístico y los personajes no son personas". (Pag. 243).
Y sigue "lo que discuto de Aira no es el abandono de la trama ni el registro sin aparente interpretación, sino la orientación celebratoria y voluntariamente tonta de su escritura, donde leemos que no es glamoroso poner mala cara ahora que podemos tomar champagne sin que el compromiso social nos moleste, mientras el Titanic continúa su descenso al fondo de 2001, y a lo mejor más abajo todavía".  (Pag. 247)

Foto: Alejandra Golán


Después reivindica la literatura de los jóvenes mediáticos o planetarios, aquello que publicaron por primera vez en la Colección Biblioteca del Sur (Ed. Planeta), dirigida a principios de los '90 por el jóven Juan Forn. Cómo no coincidir en la ponderación de Nadar de noche, del propio Forn, o Historia Argentina, la primera novela de Rodrigo Fresán. La relectura que hace hoy Drucaroff, a veinte año de la publicación de estos libros, es inteligente y valiente porque se retrae de su mirada de aquel entonces. 
"Volvamos a Historia argentina: sin duda fue su obsesionada insolencia política (no su apoliticismo) una razón calve de su éxito entre los jóvenes. El desarmado y castigado campo intelectual argentino no concibió entonces que algo se estuviera inaugurando. Los más jóvenes de la academia carcíamos de una mirada demasiado propia; después de todo nos dirigían nuestros admirados, y entrados en años, compañeros de generación, y para entender Historia argentina, además de leer el libro (cosa que pocos hicimos), hubieramos debido admitir lo que de ningún modo queríamos: que era posible otra forma de ser sensible a nuestra realidad histórica y social." (Pag. 109). 
"Hijos de alfonsinismo, hijos del escepticismo: el otro bestseller de Biblioteca del Sur fue Nadar de noche, de Juan Forn. Salvo uno, "Memorandum Almazán", que se refiere a Malvinas, los cuentos de ese libro no tratan de hecos políticos, pero tampoco azuzan la mirada hasta la China. Al contrario, Forn no desdeña su contexto, cuenta historias urbanas de jóvenes y treintañeros de clase media comodada o alta, en la Argentina de los años 90...Más que atribuir el escepticismo (como a menudo hicieron los mayores "progresistas") a la falta de interés por la realidad social, convendría leer los cuentos de Forn. Se descubriría entonces que el escepticismo surge como directa consecuencia de observarla, y no de la indiferencia ante el contexto social o de la comodidad light". (Pag. 113).
Comparto la celebración que plantea Drucaroff a estos libros que trajeron aire fresco a la literatura argentina y la volvieron a concectar con el público masivo (y joven). También, por cierto, su desprecio por aquellos que intentan que la literatura sea una experiencia para unos pocos, cuya única preocupación a la hora de escribir se reduce a evidenciar lo alternativos y vanguardistas que son.  Lo hemos dicho en muchos posts (por ej., Una conversación sobre literatura argentina en el Gijón)
Y el libro de Drucaroff sigue hablándonos de crítica y de literatura argentina, pero para saber más lo deben comprar y leerlo de a trocitos, si pueden, o de un tirón porque no se aguantarán. Blog del autor del libro de cuentos "Historias fugaces de hombres y mujeres".