Esta pequeña crónica no tiene mil años. Es la desgracia que ha de vivir este país, abocado a pasar todas sus leyes por el tamiz del Tribunal Constitucional mientras los miembros del concordato de la gaviota no se aprendan las reglas de la democracia, las asuman como suyas y dejen de intentar cambiar la voluntad política (es decir, la de los ciudadanos) a golpe de martillazo jurídico. Para ellos, lo de las mayorías y lo de la expresión de la representación popular son cosas menores. ¿Qué importa el progreso de los derechos de las mujeres frente al subidón que debe inyectarles el voto más clerical y reaccionario?
Esta pequeña crónica no tiene mil años. Es la desgracia que ha de vivir este país, abocado a pasar todas sus leyes por el tamiz del Tribunal Constitucional mientras los miembros del concordato de la gaviota no se aprendan las reglas de la democracia, las asuman como suyas y dejen de intentar cambiar la voluntad política (es decir, la de los ciudadanos) a golpe de martillazo jurídico. Para ellos, lo de las mayorías y lo de la expresión de la representación popular son cosas menores. ¿Qué importa el progreso de los derechos de las mujeres frente al subidón que debe inyectarles el voto más clerical y reaccionario?