Los segundos usos de los juguetes y las cosas

Por Y, Además, Mamá @yademasmama

Me gusta ver cómo mi hijo no juega con sus juguetes como se indica en la caja. A todo le busca un segundo uso, un segundo camino con rodeo. No le gusta apilar piezas para hacer torres, ni meter las anillas de colores en el palo que las sujeta, eso no le hace la más mínima gracia. Lo que le gusta es darles con su rechoncho dedo en una esquinita para que vuelquen en el suelo y, con un poco de suerte, lleguen a girar. Hace bailar a las piezas, las persigue y las para. Y vuelta a empezar. Los coches no sirven para correr por la carretera, les examina las ruedas, los vuelca… Tampoco aprieta los botones con canciones del caparazón de su tortuga, ni la arrastra de la cuerda, simplemente la mira, da vueltas y se entretiene con ella.

No le pasa sólo con sus jueguetes, también con las cosas de casa. Desde hace muchos meses, todo tiene un segundo uso. Le pasó con el mando de la televisión, que le atraía salvajemente aunque no supiera ni para que servía (eso sí lo usó como coche) pero le ha pasado con más cosas.

Con un año, mi peque se divertía en la cocina metiendo y sacando mandarinas de la malla. En aquel momento no era capaz de concentrarse tanto tiempo como ahora, con 19 meses, cuando ya es capaz de estar largos ratos jugando solo con sus cosas, a su modo. Otro objeto que jamás pensé que pudiera darle tan buenos momentos ha sido la caja de cartón en la que van los tampax. Meterlos y sacarlos de la caja, tirarlos a la bañera, estrujar el papel de plástico de colores… Al menos me aseguraba un rato de tranquilidad en el baño, con el peque vigilado de cerca.

Pero el rey de los juguetes en esta casa han sido los tuppers y recipientes de plástico, los grandes precursores de los cubos de colores que todo bebé debe tener. La acción de meter y sacar cosas de ellos son el mayor entretenimiento de un bebé y de un niño, en todas las edades. La afición por meter y sacar comienza en cuanto ganan destreza con las manos, pero continúa hasta los 3 o 4 años como mínimo, aunque el juego se vaya sofisticando: las clásicas comiditas (con hierba o aire dentro) o meter cosas bonitas y esconderlas.

Si sumara las horas que se ha entretenido mi hijo con el juego de pasar piedritas o agua de un cubito a otro sin duda me sorprendería. Y más aún me sorprende ver que siempre que llevamos el cubo y la regadera de juguete a la piscina, mi hijo se convierte en el rey y le salen amigos de hasta debajo de las piedras para ayudarle en la difícil tarea de trasvasar agua de un recipiente a otro. Ya pueden tener medio año menos que dos años más. Nos queda cuerda para rato.