El humo cegaba sus ojos, la ceniza impregnaba los girones de su túnica, que si antes era de color púrpura brillante, ahora se había vuelto gris. En su retina aún guardaba las imágenes de los horrores vividos el día anterior.El pequeño grupo que comandaba le rodeaba, hombres, mujeres y niños le imploraban sin palabras. Habían conseguido huir de la destrucción; agotados y desesperanzados habían salido de sus casas, sin equipaje, dejando atrás toda su vida, luchando hasta el final. Tuvieron que desistir; ellos eran buenos guerreros, los mejores, pero la astucia de los enemigos había sido superior. Quien iba a imaginar que lo que ellos suponían un regalo, aquel bonito y grandioso caballo, estuviese envenenado.
* Metragirta, más conocida en otras civilizaciones y por los madrileños como "La Cibeles".