Es en ese escenario, en ese viejo edificio modernista, donde confluyen las historias. Donde todo empieza a terminarse. Son acordes lentos y limpios, las dos L del rockero venido a menos. Allí dentro se consumen los minutos de la basura. Afuera el Real Madrid gana la Liga como los equipos grandes y las letras blancas sobre el fondo oscurecido de la pantalla comienzan a salir, desde una opacidad muy baja hasta protagonizar el centro de las miradas. Son los títulos de crédito y son unas de las partes indispensables de cualquier película, la parte que anuncia el final y puede que las segundas partes o terceras o... Todos sabemos que las segundas partes nunca fueron buenas, aunque eso no se ha podido demostrar con suficiente claridad. Uno de los mitos a destronar definitivamente es que los títulos de crédito sólo sirvan para terminar, para proclamar el final de las cosas, porque ese final, tal vez no exista.
Es en ese escenario, en ese viejo edificio modernista, donde confluyen las historias. Donde todo empieza a terminarse. Son acordes lentos y limpios, las dos L del rockero venido a menos. Allí dentro se consumen los minutos de la basura. Afuera el Real Madrid gana la Liga como los equipos grandes y las letras blancas sobre el fondo oscurecido de la pantalla comienzan a salir, desde una opacidad muy baja hasta protagonizar el centro de las miradas. Son los títulos de crédito y son unas de las partes indispensables de cualquier película, la parte que anuncia el final y puede que las segundas partes o terceras o... Todos sabemos que las segundas partes nunca fueron buenas, aunque eso no se ha podido demostrar con suficiente claridad. Uno de los mitos a destronar definitivamente es que los títulos de crédito sólo sirvan para terminar, para proclamar el final de las cosas, porque ese final, tal vez no exista.