LOS TRES CERDITOS - Cuento corto

Por Dashira

En las llanuras de un lejano bosque vivían tres cerditos. Les encantaba jugar con la pelota y correr libremente por el bosque.

Pero muchas veces se sentían amenazados por un lobo que rondaba por la zona. Por eso un día para sentirse protegidos del temido lobo decidieron construir cada uno su propia casita.


 

El cerdito pequeño que era un poco perezoso construyó su casita de paja y luego se fue a jugar.

El cerdito mediano que tampoco le gustaba esforzarse construyó su casita de madera. Y luego también se fue a jugar.

El cerdito mayor de los hermanos que era muy trabajador con mucho esfuerzo tardó varios días construyendo su casita de ladrillos mientras sus hermanos se lo pasaban jugando y saltando.

Una mañana el malvado lobo se levantó con mucha hambre y le apetecía comer cerdito asado. Caminando silenciosamente por el bosque vio al cerdito pequeño jugando solo y comenzó a correr tras él. El cerdito corrió rápidamente refugiándose en su casa de paja y desde ahí con mucho miedo escuchaba al lobo que gritaba:

_ ¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!

El lobo sopló tan fuerte que la casita de paja se vino abajo y el cerdito pequeño corrió rápidamente a la casa de su hermano mediano.

Y desde ahí escuchaban al temido lobo que gritaba:

_ ¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!

El lobo sopló tan fuerte que la casita de madera se destruyó. Rápidamente los dos cerditos corrieron a la casa de su hermano mayor y desde ahí escuchaban al lobo que gritaba:

_ ¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!

El lobo cansado de soplar al ver que la casa de ladrillos no se derrumbaba se subió por el techo y brincó hasta la chimenea para entrar a la casa, pero calló de cabeza sobre una gran olla de cocido que estaba haciendo al fuego.

El malvado lobo pegó un aullido tan fuerte del dolor que salió disparado nuevamente por el techo de la casa. Y se alejó de los tres cerditos para nunca más volver.

Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca (Mateo 7:24-27)