Mafalda

Por Siempreenmedio @Siempreblog

Los que nacimos entre los 60 y los 70 (y aún en los 80 en algunos casos) tuvimos una infancia marcada por los cómics, tebeos o, como decíamos por estos lares, colorines. La televisión se limitaba a una cadena al principio, a dos mucho después, y a horarios vespertinos. Durante esas pocas horas teníamos que compartir contenidos con los adultos, lo que nos dejaba mucho tiempo para otras actividades que no requerían pantallas (los nostálgicos pueden echarle un vistazo a Yo fui a EGB). La calle y la lectura eran dos de esas actividades privilegiadas que, desafortunadamente, se han perdido en gran medida.

Supongo que muchos dirán que su niñez está asociada a Superman, Batman, Tintín, Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe  o Zipi y Zape (pasaron todos por mis manos) pero la mía, sin duda, tiene a Mafalda como protagonista.

El pasado 29 de septiembre el personaje del argentino Quino cumplió 50 años y, sin embargo, nunca ha sido tan actual. No lo digo ya porque casi cualquiera de sus contenidos puede adaptarse a la situación que vivimos (política, económica, social…) sino porque observo con satisfacción como mi hijo, con 13 años, pasa los mismos buenos ratos que pasaba yo con su edad leyéndolos.

Mafalda ha sido un referente para muchos de los integrantes de mi generación, que nos identificamos con su crítica visión de la sociedad en todos sus ámbitos. Mafalda nos suscitaba la suficiente curiosidad como para informarnos en otras fuentes de lo que no entendíamos. Susanita nos repelía por cursi, sexista y clasista. Felipe, su visión racional de la realidad y su odio al colegio nos parecía familiar. Manolito representaba al necesario ambicioso con pocas luces tan abundante y exitoso en todos lados. Miguelito era ese cándido lúcido al que todos queríamos y Libertad…, Libertad era la que decía lo que debía, lo que no debía y lo que hacía falta decir. Hasta Guille y sus primeros vistazos infantiles eran imprescindibles.

Sin duda Quino me hizo pasar muchos de los mejores momentos de mi niñez y juventud y me ayudó a formarme como persona. Una deuda impagable que sigo agradeciendo.