Manifestaciones juveniles 'la primavera valenciana'

Por Losanca @lolasancho

Mucho se ha criticado por parte de la población, medios de comunicación y partidos políticos más conservadores sobre los acontecimientos ocurridos el pasado febrero en Valencia, en los que una serie de personas, mayoritariamente jóvenes y adolescentes, protestaban por los recortes, sobre todo en educación, y posteriormente también por las cargas policiales, todo ello conocido internacionalmente como la primavera valenciana.

Primavera valenciana en Plaza Ayuntamiento de Valencia (Melderomer)


Las distintas informaciones que han llegado a la opinión pública, algunas de ellas se han manipulado intencionadamente o han tergiversado los hechos hasta el punto de llegar en muchos casos muy distorsionados.
Según los propios manifestantes las protestas no se iniciaron por la falta de calefacción en las aulas del Centro Lluís Vives, como informaron varios medios en los que se apostillaba que no era cierto.
Efectivamente este centro en concreto no carece de calefacción, como es el caso en otros. Las manifestaciones tuvieron lugar, primeramente, para apoyar a sus docentes y en contra de los recortes, sobre todo en educación, posteriormente se añadieron las protestas por las cargas policiales ocasionadas, como hemos mencionado al principio.
Puede ser que la realidad absoluta no esté en ninguna de las partes, y que en cada una de ellas haya un poco de verdad y otra de mentira, pero lo que como espectadora, y ajena a posiciones partidistas o ideológicas concretas, opino que los poderes públicos, grandes empresarios y banqueros poseen una serie de privilegios que el resto de ciudadanos no podemos ni siquiera imaginar.

Estudiante en manifestación Valencia (Melderomer)


Ante todo ello y sumergidos de lleno en una tremenda crisis económica en la que se pide sacrificio y austeridad a la población, se realizan drásticos recortes en servicios sociales, se congelan sueldos que han sido rebajados en anteriores ejercicios, mientras el precio de todos los productos sigue subiendo, incluidos y sobre todo, los de primera necesidad como es la alimentación, y todo el resto de medidas vigentes y previstas; el que los más jóvenes se subleven y pidan justicia es un acto que encuentro totalmente justificado.
La juventud ha estado dormida durante muchos años en que el famoso mayo del 68 quedaba muy lejos. Ahora, y ante las injusticias de los poderes públicos, comienzan a resurgir con todo su derecho, aunque haya gente que no le guste.
En España, el primer movimiento importante de revelación tras el letargo, ocurrió con el famoso 15M, ocurrido en el transcurso del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. En él miles de jóvenes (y menos jóvenes) acampaban en las plazas más importantes de las ciudades españolas para reivindicar sus derechos y denunciar los abusos y excesivos privilegios de sus políticos y banqueros. A los que se unieron muchos ciudadanos en otras ciudades de Europa y resto del mundo.
Ahora bien, tanto el 15 M como la primavera valenciana, ¿han servido o van a servir para algo?, ¿van a tener alguna repercusión a nivel político o social?
En respuesta a las preguntas yo diría que siempre es útil conocer el malestar de la gente y sobre todo de la juventud, ya que el futuro es de ellos, y, por lo tanto, ellos tienen el derecho, más que nadie, a defenderlo.

Primavera en Plaza Ayuntamiento de Valencia (Melderomer)


Que acaten lo que piden, tanto el 15 M como la primavera valenciana, eso parece muy difícil, pero puede servir para que estén alertas y sean conocedores del malestar de la gente y las consecuencias que pueden acarrear algunos actos políticos. Y ¿quién sabe? Igual se pueden ir logrando algunas de las reivindicaciones, desde luego más que sin protestas y quejas, eso seguro.
Además, en los dos casos, y exceptuando algunos casos aislados de individuos descontrolados, las manifestaciones y reivindicaciones siempre han sido pacificas. Por lo tanto, no parece a priori que haya nada negativo dentro de un estado social y democrático de derecho.
Artículo de Lola Sancho publicado en la revista La Tribuna de Opinión