Revista Solidaridad

Manoli Fernández: cuando la villavesa es inaccesible

Por Aparcamientodiscapacitados

Manoli Fernández Hervás no puede subir a la villavesa cada día por si sola, y lleva 3 años pidiendo una solución que no llega. Si solo fuera por su silla de ruedas, compañera de esta pamplonesa de 49 años desde que ahí le relegó su enfermedad, sería cosa fácil de solucionar, porque Manoli se maneja como nadie con la palanca de su silla eléctrica, que dirige con maestría admirable.
Es otro su problema:
la escasísima anchura de la acera de su parada, en la primera fase de Mendillorri, le impide acceder a la rampa de la villavesa de la línea 12 sin tener que pedir ayuda. O la silla se le mete en la tierra, lo que le hace difícil rodar, o se queda torcida y no acierta a empinar la cuesta... Cada día es una odisea y tiene que recurrir a un vecino o al mismo chófer de la villavesa para que le suban la rampa. "¡Me da mucha vergüenza! ¿Por qué tengo que pasar por esto?".
Manoli Fernández Hervás intenta, sin éxito, subir por la rampa de la villavesa. El desnivel se lo impide y no puede ponerse detrás porque se mete en el jardín.
Para los ciudadanos que no tiene problemas de movilidad, las barreras arquitectónicas en las calles pasan casi siempre desapercibidas. Pero para las personas con discapacidad física son auténticos muros infranqueables, que tienen que sortear a diario con grandes dosis de paciencia, sin que la mayoría de las veces la Administración les haga caso.
Manoli Fernández se encuentra cada día con un muro en la calle Señorío de Amocáin, 1. La acera, de baldosa, y en algunos puntos ya afectada por el uso, apenas supera los 1,20 metros de anchura. La rampa de la villavesa, cuando baja para que una silla de ruedas o una silleta infantil puedan acceder al autobús, la tapa casi por completo. Subir por un lado es imposible para Manoli, y verle maniobrar para intentar enfilarla quita la paciencia a cualquiera. "¿Qué solución veo yo a esto? Que se haga la acera más ancha, o que se coloque una plataforma de hormigón en la parada, como hay arriba", dice.
Enferma de Ataxia de Friedreich desde que a los 15 años "me la diagnosticaron", Manoli Fernández estudió Puericultura, y aún recuerda con nostalgia las primeras prácticas como educadora infantil "en una guardería de Burlada". Fue poco tiempo, porque a los 24 ya no podía andar. "Mi hermano falleció en un accidente, tuve un brote muy agresivo de mi enfermedad y perdí la movilidad".
AL DEFENSOR EN 2011-2012 
Perdió la movilidad pero no las ganas de luchar. Manoli Fernández lleva desde el año 2011 acudiendo a distintas instituciones para que solucionen su problemática, pero ni caso. Y eso que si alguien le acompañara a la parada de la villavesa de Señorío de Amocáin, como la que suscribe, comprobaría que lo que dice es cierto, y que, como se puede ver en la fotografía de este reportaje, la silla, por mucho que se empeñe quien se empeñe, no cabe. "Ya estoy harta de pelear. Muchas veces tengo que escuchar los chillidos de los chóferes, porque voy lenta con la silla y no llego. O incluso el otro día se fue la villavesa de largo. Iba medio vacía de gente y ni paró para cogerme". ¿Es esto justo?
Esta vecina de Mendillorri recuerda que su reivindicación comenzó en 2011. Entonces "empecé a moverme y fui al Defensor del Pueblo, pero cerraron mi queja. El Defensor pidió explicaciones al Ayuntamiento y fotos, pero la respondieron que no hay obstáculos en esta calle", recuerda. Aún acudió "de nuevo" al Defensor, pero tampoco ha conseguido nada. Después recurrió al Ayuntamiento de Pamplona y se encuentra a la espera de que "el responsable de Conservación Urbana, Oscar Esquíroz, me dé una explicación", afirma ya enfadada. Este periódico intentó ayer, sin éxito, que dicho responsable ofreciera una respuesta a Manoli, una llamada que esta mujer de 49 años todavía espera.
Manoli Fernández coge unas 4 villavesas al día (2 para subir y 2 para bajar del centro). En Mendillorri, cuando se cansa de pasar por el apuro de pedir ayuda a alguien, se sube hasta la parada de Señorío de Egulbati, 12, "donde la acera es más ancha". Para bajar, en Conde Oliveto, "no tengo problemas", reconoce.
La única alternativa que le queda a Manoli "los días de lluvia, sobre todo" es recurrir al bonotaxi, que se facilita a personas con discapacidad. Sin embargo, "se me queda corto", afirma. Le corresponden unos 103 euros al mes "y si no los gastas un mes, los pierdes para el siguiente. Ayer, por ejemplo, fui a la CUN y me costó 12,30 euros el viaje, así que muchos no puedo hacer".
Llega la villavesa 12 a la parada de Señorío de Amocáin, 1, y tengo que ayudar a Manoli a subir. Y así tiene que hacer todos los días.
www.noticiasdenavarra.com/2014/05/24/vecinos/pamplona/manoli-fernandez-cuando-la-villavesa-es-inaccesibleLicencia Creative Commons
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