Colorao de pura cepa, Manuel Sanz salió del pueblo para cablear media España con Telefónica. De paso por La Almunia de Doña Godina conoció a Ofelia y formaron familia, viviendo más de 40 años en Barcelona y Madrid. Ya jubilados, volvieron a Puebla de Valles para restaurar su molino y ser alcalde (el mayor honor de un vecino, según dice) durante 10 años.
Desde entonces Manolo ha derrochado energías y tiempo en divulgar la imagen de Puebla, sus lugares y sus costumbres. Su labor como alcalde y su buen hacer le han otorgado el reconocimiento y el respeto de todos. Es citado en diferentes textos como ejemplo de “bonhomía y amor a su tierra, luchando por ella con denuedo y pasión” (Pedro Aguilar en el libro “La letra de los ríos”).
Cuando dejó las tareas municipales, dedicó el tiempo a su gran pasión: recuperar aperos y muebles antiguos, restaurarlos y contemplarlos en el molino del Rulo, auténtico museo etnológico de Puebla de Valles y su comarca. Pero sobre todo Manolo y Ofelia son buenas personas. Su presencia engrandece Puebla de Valles.
Su dedicación a lo realmente importante es el contrapunto que nos obliga a reflexionar sobre el uso del tiempo en la sociedad actual. Al atardecer es fácil encontrarlos de charla con los vecinos bajo el olivo ó buscando el sol, al socaire de la Iglesia. Su imagen bajo el emparrado del molino es la estampas más hermosa de Puebla de Valles. Sea este nuestro pequeño homenaje.
Lar-ami, gerente de CR La Vereda de Puebla, entre cárcavas y olivos milenarios. Todo sobre Actualidad, Costumbres, Fiestas, Mundo Rural y Paisajes y Lugares de la Sierra Norte de Guadalajara.