CRISIS DEL SIGLO III (235 al 284)
Emperadores Llirios
Aunque no se sabe con exactitud su año de nacimiento, debió de ser entre el 223 y el 224; según diversos historiadores debió ser en Narbona, capital de la Galia Narbonense, aunque voces discrepantes que por el nombre de su segundo hijo, Numerio, debió ser en Narona (Dalmacia) que además afirmaban que el nombre completo del emperador sería Marco Aurelio Numerio Caro. Se educó en Roma, desarrollando en ella su cursus honorum. Entre los cargos que ejerció, se sabe que fue procónsul en Cilicia, en fecha desconocida, y probablemente senador; recibiendo formación militar por el emperador Probo, quién en el año 282, le nombró prefecto de la Guardia Pretoriana, aunque, al contrario que sus predecesores en el cargo, nunca alcanzó el consulado. Ser elegido para dirigir a los siempre problemáticos pretorianos, muestra la confianza que el emperador debía de tener en él. Hay quienes mantienen que siempre fue leal a Probo, mientras que otros le atribuyen la autoría intelectual de su asesinato. Según estos últimos, los historiadores latinos (incluyendo la Historia Augusta), Caro acompañaba a Probo durante su estancia en la ciudad de Sirmio, cuando las legiones de Recia y Nórico se amotinaron en su nombre, matando al emperador y proclamándolo en su lugar. Pero, según los bizantinos Juan Zonaras y Juan Antioqueno, esas tropas se rebelaron en Recia y Caro intentó apaciguarlas sin éxito, encontrándose con que le entregaban el poder tras acabar con la vida de su superior; él, en muestra de fidelidad, rechazó la oferta en un principio, pero terminó aceptando. El Imperio Romano volvía a cambiar, en el otoño del año 282, de titular tras seis años, Caro informó de esta situación al Senado, pero no se presentó en Roma para someterse a su aprobación, desafiando la tradición y dejando patente que aquella cámara carecía de poder real a esas alturas. De hecho, el nuevo emperador nunca volvió a pisar la capital y una de sus primeras medidas fue acabar definitivamente con las competencias senatoriales, ya que tenía dos hijos con los que podía repartirse las labores ejecutivas: Marco Aurelio Carino y Marco Aurelio Numerio Numeriano. Razón por la que asumió el consulado y concedió a su primogénito la dignidad de Nobilissimus Caesar, posiblemente pensando en fundar su propia dinastía. Marcaba así distancias con Tácito y Probo, quienes devolvieron al Senado su fuerza, y abría la puerta a la autocracia del ejército que posteriormente eclosionaría con Diocleciano, quien separaría la educación civil de la militar, por lo que Caro fue el último en mantener vigente esa tradición. Es posible que los senadores entrevieron lo que se venía cuando recibieron el escueto y frío mensaje con el que el emperador novel les informó de la sucesión y que les apartaba de cualquier capacidad de decisión al respecto, a pesar de cual, Caro aparentó una relación de respeto hacia ellos. Entre sus primeras medidas se cuentan la persecución de los asesinos de Probo (¿una eliminación de testigos?) y la propuesta de divinización de éste. Pero al año siguiente de subir al trono ascendió a su hijo Carino, al que antes había nombrado cónsul y que pasó a ser augusto, compartiendo así el imperium entre los dos. Se trataba de una decisión estratégica motivada por dos factores: el alzamiento de los bagaudas en la Galia y la invasión de Panonia por parte de sármatas y cuados, que amenazaban Tracia y la propia Roma. Carino se ocuparía de los galos mientras su padre marchaba hacia el Danubio; ambos solucionaron los problemas.
Apro fue procesado por asesinato y por ocultar el cuerpo para hacerse con el mando. El juicio, fue presidido por el comandante de la guardia imperial montada, Diocles, que lo consideró culpable y lo mató con sus propias manos porque, según una profecía, subiría al trono el día que matase con ellas a un jabalí (que en latín se dice aper o apro). Con esa historia, tan del gusto romano, el usurpador se autoproclamó emperador, cambiando su nombre por el de Diocleciano, emprendiendo la marcha a Roma para enfrentarse a Carino. A éste se le acumulaban las dificultades, pues tuvo que afrontar una campaña en Britania, una sublevación del prefecto pretoriano Sabino Juliano y un motín del gobernador ilirio Marco Aurelio Juliano, superándolas todas. Pero, al final, no pudo contener aquella sucesión de adversidades; salió al encuentro de Diocleciano, al que se enfrentó en la Batalla del río Margus, en Mesia; y, pese a que su ejército se mostró superior y parecía que estaba imponiéndose, la cosa terminó mal y perdió. La leyenda dice que la derrota se debió a que Carino fue apuñalado por un amante celoso a cuya esposa había seducido, pues al parecer era aficionado a las mujeres ajenas; la realidad es que sus tropas se pasaron masivamente al otro bando porque era impopular. Acabó siendo ejecutado.
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Ramón Martín